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24/11/2017
Tras crisis sanitaria empresas consolidan producción de ovas a través de I+D
Los países que quieren enviar ovas a Chile tienen que pedir autorización a Sernapesca, donde se realiza un análisis de riesgo y, si el país de origen da las garantías, se autoriza la importación (Mundo Acuícola).
27/06/2017


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Tras crisis sanitaria empresas consolidan producción de ovas a través de I+D

   La producción nacional de ovas se ha ido ajustando y, a raíz de la crisis del virus ISA, se disminuyó considerablemente la importación de ovas. Es por ello que las empresas nacionales han desarrollado programas genéticos para la producción de ovas que puedan hacer frente a los desafíos sanitarios, con la opción de importar siempre presente, pero en menor medida.

   De hecho, años más tarde, y en específico el 13 de noviembre de 2013 se publicó en la Resolución Exenta N° 2557 del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) que reabrió la importación de ovas de salmón Atlántico desde Islandia, luego de los favorables resultados que entregó el análisis de riesgo realizado.

   Con esta medida se revirtió en aquella oportunidad el cierre de importaciones de manera temporal a partir de agosto de aquel año, esto tras la incorporación de la infección por Totivirus como enfermedad exótica en el Listado de Enfermedades de Alto Riesgo.

   Desde entonces, se llevó a cabo un ajuste entre la industria y el Estado donde el sector productivo manifestó la necesidad de producir sus propias ovas y el Estado de Chile se enfocó en controlar la calidad sanitaria de las ovas que ingresan. Así donde surge el Decreto Supremo Nº 72.

   “Esto porque, según las normas de comercio mundial, Chile no puede cerrar las fronteras a la importación de ovas, pero sí, Chile lo que hace a través de esto es poner barreras para poder decir: ‘yo soy libre de estas enfermedades, entonces, las ovas que quieran ingresar al país me tienen que demostrar o dar garantías de que las ovas que ingresan son libres de estas enfermedades’. Básicamente son las enfermedades de alto riesgo, que provienen de zonas exóticas, más las mismas enfermedades que controlamos nosotros en el Programa de Reproducción”, detalla Osvaldo Sandoval, médico veterinario encargado de la Unidad de Salud Animal de Sernapesca Los Lagos.

   Y, en base a esa resolución, los países que quieren enviar ovas a Chile tienen que pedir autorización a Sernapesca, donde se realiza un análisis de riesgo y, si el país de origen da las garantías, se autoriza la importación.

Producción nacional

   Frente a este escenario, desde la empresa salmonicultora AquaChile destacaron que el país tiene buenos planteles de reproductores para las tres especies principales: salmón Atlántico, salmón del Pacífico (coho) y trucha arcoíris, donde se mezclan programas de reproducción internos de las empresas con otros externos para distintas líneas genéticas.

   Hasta hace un tiempo la oferta de ovas solo existía para la temporada marzo-junio, hoy han entrado nuevos actores y es posible encontrar ovas de contra ciclo. En este escenario, Salmones Chaicas produce ovas de salmón del Atlántico que son usadas por AquaChile en la producción propia y que también vende a otros productores. Al respecto, Juan Carlos López, gerente de Producción de AquaChile afirma que, “aun así, todavía hay espacios de crecimiento, entendiendo que, dada las particularidades de cada especie y línea genética, se pueden combinar ciertas características de crecimiento, maduración, sobrevivencia y consistencia de las cepas y líneas genéticas”.

   “Es importante, como industria, que potenciemos los cultivos locales para evitar la llegada de enfermedades de otros países, porque la transmisión de agentes patógenos a través de las ovas existe. Aun cuando tengamos controles por parte de las autoridades sanitarias de los países exportadores e importadores, sigue habiendo riesgos potenciales en la portación de agentes infecciosos que se transmiten por la ova. Resguardar sanitariamente el país es tarea de todos”, manifiesta Juan Carlos López.

   Del mismo modo, el gerente general de Marine Harvest Chile, Fernando Villarroel, coincide en potenciar el desarrollo de ovas nacionales. “El objetivo de Marine Harvest es poder producir el 100% de nuestras ovas de manera interna en Chile. Para eso tenemos un programa genético y un programa de reproductores, y la idea es desarrollar esos programas aún más”.

   El ejecutivo añade que existe un potencial para poder desarrollar un programa genético más avanzado, lo cual les permitiría poder mejorar la productividad y la performance en el largo plazo. “Para Marine Harvest, la estrategia es insistir en desarrollar un programa genético, y esto es a nivel global. Marine Harvest lleva un programa genético desde hace varios años; hoy en día lo que tenemos que hacer es adicionar más recursos; importar más tecnología para poder acelerar ese programa genético”.

   Desde Sernapesca destacan que la principal ventaja de la ova nacional es la sanitaria. “Hay que ser muy estrictos en eso y, ojalá Chile pueda ser autosustentable en su producción. Pero eso va de la mano con las proyecciones de crecimiento y de la capacidad de la misma industria de poder generar sus propias ovas para las producciones futuras de engorda. Esa es la gran ventaja que Sernapesca ve; la calidad sanitaria de las ovas”, comenta Osvaldo Sandoval.

   Consultado sobre el desempeño de las diversas especies de salmónidos frente a las enfermedades, el especialista de Sernapesca agrega que, “los focos son netamente productivos y de los resultados que quieran lograr las empresas. El salmón coho, por ejemplo, tiene una estacionalidad y ha tenido resultados muy buenos en estos momentos y por eso, probablemente, parte de la industria se quiera ir reforzando”.

Innovación y desarrollo local

   Pero el desarrollo de programas genéticos implica un trabajo en genética. En este aspecto, Patric Dempster, gerente general de AquaGen Chile S.A., afirma que es mejor preguntarse de qué manera la producción, la genética y los genes que están dentro de una ova son de la mejor calidad para tener una industria que sea capaz de competir con otras a nivel global. “Esa es la pregunta de fondo, ¿somos competitivos en genética respecto de los demás países del mundo?”, afirma.

   Y la respuesta, sostiene Dempster, es que “en Chile, sin duda, en los últimos años se ha avanzado muy fuertemente en eso y por muchas razones. Por una parte, se restringió en forma muy significativa la importación de ovas y solo se dejaron abiertos orígenes que provienen de programas genéticos serios y bioseguros”.

   El ejecutivo añade que tanto o más relevante aún, es que la restricción de la importación de ovas generó, en un lapso muy corto de tiempo, el que se establecieran programas genéticos o que se reforzaran y estimularan los programas existentes en Chile. “Y eso, para mí, es fundamental. Porque en el fondo, hoy en día, en ese programa genético hay un avance que se hace en Chile, bajo las condiciones de Chile y para Chile. Por lo tanto, uno esperaría o es razonable suponer que cuando hacemos una selección genética para el país, seamos más efectivos y precisos a la hora de seleccionar la mejor genética que se adapta en mejores condiciones a los desafíos que tenemos”, asevera.

“Por ejemplo, si haces selección genética sobre cáligus y SRS que son dos problemas propios de Chile vas a poder abordarlos de mejor manera a que si traes material genético que nunca ha sido expuesto a esos problemas sanitarios. Entonces, desde esa perspectiva, en los últimos años las regulaciones estimularon a que los programas genéticos y de producción de ovas en Chile mejoraran muchísimo respecto de las condiciones que existían antes”, comenta.

   No obstante, junto con valorar estos avances, Patric Dempster también agrega que en algunos aspectos se cometieron errores. Esto, “porque se limitaron significativamente las posibilidades de hacer selección genética y reproducción en el ambiente marino y, por lo tanto, se forzó una buena parte del programa genético a los sistemas de cultivo en tierra donde, efectivamente, los peces no están sometidos a los problemas sanitarios que se encuentran en el mar. Por lo tanto, de una manera creo que se provoca que el proceso genético en Chile sea más lento o más caro. Desde esa perspectiva, a lo mejor, las regulaciones podrían mejorarse para hacernos más competitivos”.

   “A nosotros nos enorgullece decir que la política de esta empresa es hacer una gran inversión en I+D. Hoy día la compañía tiene cuatro proyectos de investigación financiados por Corfo; uno de ello es un consorcio tecnológico, del cual AquaGen es socio que se llama Blue Genomics, que básicamente concentra una buena parte de I+D en lo que hacemos en genética y genómica en Chile”, añade el gerente de AquaGen Chile.

   “Entonces, ¿cómo consolidar?, diría que mucho más interesante es la consolidación a través de I+D. Y si hay algo que nos distingue como empresa es la firme creencia de que, en genética, y a la hora de entregar buenos productos, es mediante el I+D donde hemos obtenido productos tangibles y testeados en el mercado como marcadores genéticos de resistencia al SRS en salmón del Atlántico; resistencia a IPN y flavobcateriosis en trucha; marcadores de madures; marcadores de pigmentación”, comenta Dempster.

   Sumado a ello, en AquaGen trabajan en otra línea, relacionada a la selección genómica para resistencia a cáligus y SRS en trucha y salmón del Atlántico. “Estamos haciendo mucha investigación y desarrollo, y creemos que esa es la herramienta que va a consolidar a esta empresa en particular, como una marca diferenciadora de las demás productoras de ovas”, añadió.

   En tanto, Rodrigo Torrijo, gerente de Hendrix Genetics, comenta que la oferta de ovas en Chile suple con comodidad la demanda actual. “Se ha avanzando en forma importante en la producción nacional ‘fuera de temporada’ (noviembre a abril aproximadamente), lo que fue varios años un desafío pendiente. Las empresas que producimos ovas para el mercado nacional, y los productores integrados hemos trabajado en optimizar nuestros modelos de producción. Una muestra de ello es la inversión hecha por Hendrix Genetics en el Centro de Mejoramiento Genético (CMG) Catripulli. Y con las nuevas regulaciones, esperamos un crecimiento moderado en los próximos años, por lo que más que enfocarnos en crecer en volumen, el foco será la agregación de valor y eficiencia”.

   Sobre las ventajas y desventajas de la importación de ovas, versus la producción en Chile, desde Hendrix Genetics, sostienen que, “dada la realidad actual, creemos que Chile tiene todas las capacidades productivas y profesionales para auto-abastecerse de ovas durante todo el año; se cuenta con Programas Genéticos bien manejados y capacidad instalada para innovación y desarrollo (I+D). Este auto-abastecimiento tiene la importante ventaja de evitar el riesgo de importar enfermedades que no están presentes en Chile”.

   “El negocio de la genética animal se ha ido transformando en una actividad ‘high-tech’ por lo que la única forma de ser competitivo es invertir fuertemente en I+D. El ser parte de un especialista en genética animal multi-especies nos da la ventaja de usar mucha tecnología que es transversal a más de una especie animal. Creemos que nuestros programas de I+D en SRS, cáligus, flavobacteria, amebial gill disease (AGD) y BKD, sumado a una óptima calidad sanitaria de nuestras ovas, nos permitirán consolidar la posición de Hendrix Genetics en Chile. Ya tenemos planteles nuestros en ocho empresas distintas, en diversas fases de producción, a las que hacemos un cercano seguimiento para ir validando su desempeño, lo que a su vez nos permite ir afinando los objetivos de nuestro programa genético”, destaca Rodrigo Torrijo.

   El ejecutivo destaca que Hendrix Genetics es una empresa que tiene a la cooperación en su ADN. Eso le ha permitido crecer en forma exponencial desde su creación como holding en 2005. “Por lo mismo, siempre estamos evaluando opciones de colaborar con productores locales en aquellas áreas donde podamos agregar valor. Estoy seguro que se concretarán iniciativas de diversa naturaleza en los próximos años”.

   “Ya tenemos un acuerdo para evaluar nuestro material en la Región de Magallanes, trabajamos actualmente en un acuerdo para usar centros de I+D de productores locales y nuestro material genético está siendo evaluado productivamente en ocho empresas distintas. A futuro, no descarto otros acuerdos de cooperación más profundos que nos permitan consolidar las actividades de Hendrix Genetics en Chile, dado el compromiso de largo plazo que los controladores del grupo han demostrado con creces con nuestra industria”, afirma el representante de Hendrix Genetics.

Importación

   No obstante, a pesar de las iniciativas en desarrollar la producción nacional, la importación continúa siendo requerida en la industria. Es así que Rodolfo Infante, gerente de StofnFiskur Chile Ltda.—empresa que importa ovas desde Islandia— asegura que, “si nos referimos solo a la cantidad está más que claro que Chile es capaz de producir el número de ovas de salmón del Atlántico que la industria necesita y que es cercano a los 250 millones de unidades embrionadas, o ‘con ojo’. Pero, desde el prisma de la calidad, nos sumergimos en un tema relativo; muy subjetivo, pues aspectos que pueden aportar calidad para unos, no necesariamente lo harán para otros”.

   “Aun así, y si consideramos el bajo aporte que hacen en general los privados y en particular el gobierno a la I+D en la acuicultura, el lento avance en calidad es solo fruto del esfuerzo de unas pocas empresas y no responde a una política planificada para el desarrollo de la actividad. Aquí estamos al debe, y muy retrasados, si nos comparamos a los proveedores extranjeros, quienes entienden el I+D como la herramienta fundamental para la competitividad y el desarrollo. Por ejemplo, las empresas de nuestro holding Benchmark, invierten más de US$2 millones anuales en I+D; cifra que se incrementa temporada tras temporada”, agrega Infante.

   El representante de la empresa islandesa afirma que también hay que considerar el aspecto de la oportunidad de la producción de ovas en Chile. La estacionalidad que marca el desarrollo reproductivo natural de los peces, sumado en general a la falta de conocimiento científico aplicado en la industria del salmón, hacen que se produzca un desbalance en la oferta de ovas nacionales a lo largo del año.

   “Tanto es así que solo ha sido posible producir en Chile la mitad de las ovas fuera de temporada que se necesitan, lo que perpetua la dependencia con las ovas importadas, pues éstas están disponibles en cantidades comerciales durante todo el año”, señala Infante.

   En este aspecto, el gerente de StofnFiskur Chile se refiere a las ventajas y desventajas de la importación de ovas versus la producción nacional. “Las ovas importadas tienen ventajas por sobre las nacionales en su calidad y oportunidad. StofnFiskur puede producir 200 millones de ovas por año, distribuidas uniformemente en las cuatro estaciones o los doce meses del año, es decir, están siempre disponibles, lo que le da vida a nuestro slogan: ‘ovas cada martes’. Su precio de venta es igual o menor al valor de las ovas nacionales. Nuestras ovas son un paquete tecnológico con excepcional potencial productivo más que una simple ova”.

   Sobre cómo esperan consolidar su participación en la industria nacional o internacional en un futuro, el representante de StofnFiskur Chile afirma que, “el secreto para consolidarse en cualquier parte del mundo es generar y ofrecer un producto de alta calidad sanitaria, tecnológica y productiva, a un precio razonable y con una oferta constante. StofnFiskur sabe de todo eso pues, ha sido nuestra política de empresa; nuestra forma de producir desde siempre”.

   Rodolfo Infante sostiene que “el secreto para consolidarse en cualquier parte del mundo es generar y ofrecer un producto de alta calidad sanitaria, tecnológica y productiva, a un precio razonable y con una oferta constante. Chile representa un mercado muy interesante para StofnFiskur y seguiremos creando valor en nuestros productos para permanecer en este mercado y ser actores importantes como lo hemos sido hasta ahora. La calidad sanitaria y productiva de nuestras ovas son la llave para consolidarnos localmente e internacionalmente. Por otro lado, nuestra consolidación internacional en los mayores países que cultivan salmón, como Noruega, Islas Faroe, Escocia, Canadá, Islandia, ya es un hecho y nuestra marca es reconocida mundialmente. Nuestras ventas anuales mundiales son del orden de los 120 millones de ovas, cifra que habla por sí sola en lo que a consolidación respecta”, remarca Infante.

Zona austral

   Consultados sobre las proyecciones hacia la zona austral del país, en particular la Región de Magallanes, los ejecutivos concuerdan en que aún no es necesario centros de producción de ovas en dichas áreas. El gerente de producción de AquaChile aclara que la compañía, “directamente o a través de Salmones Chaicas abastece, desde instalaciones con estrictas condiciones de bioseguridad, ovas a productores que están situados en la X, XI y XII regiones, sin ser necesario trasladar la producción a esas zonas”.

   “El traslado de las ovas es un costo marginal dentro del proceso, por lo que la ubicación no tiene tanta importancia. Lo que sí es clave es que los planteles de peces en esa región enfrentan condiciones oceanográficas y sanitarias distintas a las regiones de Los Lagos y Aysén, por lo que no descartamos que debamos desarrollar líneas específicas orientadas a un óptimo desempeño en la Región de Magallanes. Nosotros ya hemos dado pasos concretos en ese sentido, testeando todas nuestras familias en colaboración con un productor muy importante de la región. La información que obtendremos de allí será clave para decidir los siguientes pasos en nuestro plan estratégico para Magallanes”, añade Rodrigo Torrijo de Hendrix Genetics.

   El avance en genética es una apuesta cada vez más fuerte por parte de las empresas que producen ovas en el país lo que ha permitido contar con ovas de contra ciclo. “Esa producción de ovas continuas en el tiempo se ha logrado a través de la inversión de sistemas muy sofisticados que permiten dar a los peces las señales de madures en épocas donde habitualmente no maduran. Creo que si estos centros de producción de ovas, particularmente fuera de estación, son tan grandes y sofisticados que va a ser difícil pensar que tendríamos que replicar estos centros de producción para cada región del país”, sostiene Patric Dempster de AquaGen Spa.

   “Creo que desde el punto de vista de la bioseguridad con las regulaciones que tenemos, las que podrían ser el argumento del porqué tener un centro en cada región, hoy aseguran que las ovas provenientes de los sistemas actuales son suficientemente bioseguras”, concluye Dempster.

Por Cristian Alvial

Revista Mundo Acuícola

Edición 112



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