Sábado
29/04/2017
Una industria que se debate entre vacas flacas, lomos de toro y patas de vaca
No nos confundamos: la pérdida de competitividad de la industria salmonera obedece mayoritariamente a variables de responsabilidad interna y no externa, como se nos quiere presentar.
15/09/2016


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Una industria que se debate entre vacas flacas, lomos de toro y patas de vaca

En medio de una muy lenta recuperación de la crisis sistémica que experimenta la industria del salmón, existe pesimismo y desesperanza por la ausencia de caminos claros para superarla y hacer el aprendizaje necesario que evite se repita, poder mitigar al máximo su impacto e iniciar una industria renovada y sustentable, un relato que hemos visto replicado en el tiempo, una y otra vez. Todo indica, que deberemos esperar… sentados, pues no se visualiza un cambio verdadero sin la necesaria catarsis intra industria, que hemos postergado en cada oportunidad que ameritamos implementarla.

 

Seguimos tan preocupados de justificar, a través de factores exógenos, la abismante diferencia entre nuestros costos de producción con los del principal país competidor, Noruega, que no hemos tenido la claridad ni la modestia suficiente para aceptar que buena parte de la génesis de tales diferencias, parece originarse en el propio seno de nuestra actividad y en el modelo productivo que hemos establecido como apropiado para Chile, así como en las estrategias de marketing y ventas de nuestros productos en el exterior. En esta área aparecen los primeros “patas de vaca” de la industria.

Hemos desarrollado una creatividad extraordinaria para culpar a otros de nuestros ripios e ineficiencias, para invisibilizarlas y así auto-convencernos que los culpables están siempre en la vereda de enfrente: la sobre regulación sanitaria, los noruegos, la fluctuación del dólar, los noruegos, el precio del salmón (hoy muy bueno), los sindicatos, los noruegos, la comunidad que nos da la espalda, las enfermedades, los noruegos, el mercado, el clima, los desastres naturales, la Copa América Bicentenario, los noruegos, el Caso Jubilación Millonaria en Gendarmería, los noruegos, las coimas pesqueras, en fin, la lista podría ser increíble e interminable, por supuesto sin olvidar a los noruegos.

 

No nos confundamos: la pérdida de competitividad de la industria salmonera obedece mayoritariamente a variables de responsabilidad interna y no externa, como se nos quiere presentar, lo cual, si se analiza con altura de miras, es una excelente noticia pues la solución también vendrá desde la propia industria y sólo dependerá de nosotros, no de los noruegos.

 

Resulta que ahora son los “lomos de toro” los que tienen a la industria en época de “vacas flacas”, cuando de verdad son los “patas de vaca” los que la han empujado a tal condición.La respuesta para fortalecer la industria cae por simple lógica : Mantengamos algunos de los “lomos de toro” en su lugar y saquemos a los “patas de vaca” de la salmonicultura chilena. Tarea nada de fácil debido a su creciente número, amplia distribución y alto poder de decisión dentro de ella.

 

Convengamos que sí es verdad que muchos de esos “lomos de toro” deben estudiarse y modificarse para destrabar el estancamiento de la industria. Pero no podemos olvidar que otros tantos fueron levantados entusiastamente, en conjunto, entre la autoridad y los propios privados, sin embargo, cuando afectaron la operación y el bolsillo de algunos, deben ser eliminados para que la industria vuelva a ser próspera.  Tampoco nos acordamos que otros “lomos de toro” se hicieron regulando en base a excepciones de empresas/personas por sobre las generalidades de la industria en su conjunto o el bien común. La competitividad de la salmonicultura no puede basarse en acomodar las reglas del juego cuando la aplicación de éstas incomoda y/o impacta las finanzas de algunos; normalmente de los más influyentes, sector donde coincidentemente, se concentra la mayor parte de los “patas de vaca”.

 

Los ejemplos son abundantes, reiterados y conocidos, pero rara vez ventilados. Un ejemplo clásico fueron las restricciones a las ovas importadas por la presencia del ISA-HPR0, hasta que tal condición se instaló en la piscicultura nacional. Entonces, convenientemente, ya no revestía el riesgo sanitario previamente pregonado de manera holocáustica.

 

Para nadie es un misterio que periódicamente la regulación debe revisarse y readecuarse a los nuevos tiempos y al bien común … al bien de todos, pero dentro de los límites de la prudencia y la decencia, para evitar la pérdida de credibilidad que hemos ido incubando, cultivando,  y que se ha enraizado de manera amplia en nuestra idiosincrasia nacional.

 

Sigamos: el cambio de emplazamientos marinos de cultivo no generará un fortalecimiento sustentable de la condición sanitaria en la industria per sé, sino que solamente un pequeño y efímero paréntesis productivo, un veranito de San Juan como el vivido con la expansión de la actividad salmonera hacia el sur austral en años pasados. Se debe modificar tanto la forma como la cantidadde peces a producir, pero principalmente la forma de hacerlo, nuestro sui generis modelo productivo chilensis.

¿Cuánto más sabemos hoy respecto de la dinámica de corrientes oceánicas en las zonas definidas como aptas para el cultivo de peces que nos permitan establecer una nueva y mejorada administración para relocalizar las concesiones? Muy poco.

Tampoco parece ser razonable que los reproductores vuelvan o permanezcan en el mar, pues irremediablemente aumentará el riesgo sanitario en la producción de ovas, punto de partida del ciclo de cultivo donde deben extremarse medidas de resguardo. Así, toda la responsabilidad de la detección de enfermedades se traspasará otra vez a la instancia final del screening, un retroceso en el aseguramiento del riesgo que debilitará la sustentabilidad sanitaria, donde el éxito/fracaso recaerá, ineludiblemente, en la capacidad analítica y de pesquisa (o de fortuna) que tengan los laboratorios de ictiopatología; ciertamente una apuesta arriesgada donde la pérdida de credibilidad nacional vuelve a aflorar.

Aquí debemos hacer un obligado paréntesis a la luz de los hechos que conocimos hace unos meses atrás y que pasaron inadvertidos debido a otros avatares de la industria. En ése entonces, la autoridad sanitaria investigó y sancionó a un conocido laboratorio de ictiopatología, por incurrir en gravísimas faltas a la ética, a lo legal y moral, que afectaron la condición sanitaria de la industria, poniéndola en jaque en su conjunto, por un mezquino beneficio propio y de sus coludidos y contratantes:

¡Ellos son otros de los “patas de vaca” que queremos fuera de nuestra actividad para que ésta pueda avanzar en la salida de esta crisis y de las que vendrán!

 

Otra sombra permanente que se cierne sobre nuestra actividad es el desmedido uso de antibióticos, que año tras año va en un desenfrenado aumento y que se transforma en el argumento perfecto para que nuestra competencia nos anule con un mínimo de esfuerzo. Basta de seguir esgrimiendo los desgastados argumentos que el salmón exportado sale cumpliendo todas las normas de tolerancia máxima de presencia de antibióticos y otros compuestos nocivos para el consumo humano … es una perogrullada el sólo decirlo; o que aquí tenemos SRS y en Noruega no … otra mirada básica y pusilánime del problema.

 

A cambio de ello, mejoremos la eficiencia de las vacunas y dejemos de lado el escepticismo de los avances de la genómica aplicada disponible a través de ovas más resistentes.  Sigamos la senda de aquellas empresas que sí han sido capaces de bajar sistemáticamente el uso de antibióticos, como Nova Austral, Camanchaca, Los Fiordos y otras. Aplaudamos la nueva actitud de mostrar las cifras de uso de fármacos de la manera más transparente posible, pues para mejorar hay que primero reconocerse enfermo y no ocultar nuestros vicios o males.

 

Para finalizar este recuento, faltaba el “bonus track 2015/16 de los patas de vaca”, al pulverizar todos los récores nacionales de infracciones a la SMA por parte de empresas productoras de salmón. Triste galardón que no nos puede dejar indiferentes si queremos que esta industria avance, sea un ejemplo, respetada y defendida por su comunidad. No tratemos de neutralizar hechos tan graves como los mencionados, con acciones aisladas de limpieza de playas, si las playas siempre han estado limpias, hasta que la acuicultura (salmones y choritos) las ensuciaron.

¿No será mejor hacer campañas internas para no ensuciar las playas?

 

Tratemos de terminar esta columna con algo esperanzador, como una  luz destellando al final del túnel. A comienzos de julio, la gremial que aglutina a los salmoneros organizó un seminario, asesorado por la empresa Tironi y Asociados, para hacer una catarsis interna destinada a reconocer qué hemos hecho mal, resultando en el divorcio de la industria con la comunidad donde nos desempeñamos. Ciertamente un avance, aún cuando tres décadas tardío, pero avance si nos lo tomamos con seriedad y humildad, como una oportunidad para hacer las rectificaciones que nos alineen con la comunidad.

 

Otro dato positivo antes de terminar: “Felipe el Bueno”, de la mencionada asociación, reconoció e hizo un público mea culpa, en una sesión editorial de un conocido medio de comunicación acuícola, respecto de toda la responsabilidad histórica de la industria y del conglomerado que los agrupa en el actual divorcio con la comunidad. También se comprometió a trabajar duro para revertir esta situación, lo cual es digno de aplaudir, tanto por su valentía como por su ánimo de resarcir el daño ocasionado para la sana y necesaria convivencia entre la industria y el entorno donde ésta se desarrolla: ¡Bien Felipe!

 

Entonces, si hacemos un resumen, no es de extrañarse que buena parte de las variables que han gatillado la actual crisis en la industria del salmón tengan muchos componentes endógenos, lo cual es una excelente noticia pues las soluciones para su superación también las encontraremos al mejorar nuestras prácticas internas. Trabajemos duro sin lamentarnos para dejar atrás las “vacas flacas”, no nos justifiquemos con los “lomos de toro” y desenmascaremos a los “patas de vaca” para devolver a nuestra industria del salmón el sitial de honor que se merece como motor de la economía sur austral. Los noruegos nada tienen que ver con nuestra incompetencia.

 

Por Rodolfo Infante Espiñeira,

MSc en Acuicultura, Universidad de Stirling, Escocia

infante.espineira@gmail.com

 

Revista Mundo Acuícola

Edición 108



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