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27/04/2017
El cultivo sustentable de trucha arcoíris comienza a tomar fuerza en el norte de Chile
Durante nuestra gira por el norte del país, nos llamaron especialmente la atención tres proyectos que buscan cultivar la trucha arcoíris Oncorhynchusmykiss.
25/07/2016


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El cultivo sustentable de trucha arcoíris comienza a tomar fuerza en el norte de Chile

Como muchos se habrán enterado,por nuestra página web y redes sociales, desde fines del mes de junio y hasta mediados de julio de este año, Mundo Acuícola realizó una extensa gira por el norte de Chile. El objetivo principal era observar, en terreno, los avances de los distintos proyectos relacionados con la acuicultura que hoy se llevan a cabo en el Norte Grande y el Norte Chico de nuestro país.

Y después de recorrer las cinco regiones de esa macrozona, podemos afirmar que, desde Arica y Parinacota, hasta la Región de Coquimbo, actualmente existe una nueva corriente a nivel experimental, que pretende hacer acuicultura sustentable y sostenible, aprovechando al máximo los recursos naturales, pero al mismo tiempo, resguardando el uso del agua y la energía.

En ese sentido, nos llamaron especialmente la atención tres proyectos que buscan cultivar una especie que, en el sur del país, se produce a escala industrial, pero de una forma bastante diferente a como se realiza en las regiones más australes del país: la trucha arcoíris Oncorhynchusmykiss.

El primero de ellos se ubica en Copaquilla, comuna de Putre, Región de Arica y Parinacota. Se trata de una iniciativa desarrollada por la Universidad Arturo Prat y que se levantó con aportes del Gobierno Regional, a través del Fondo de Innovación a la Competitividad (FIC) por $180 millones. En ese lugar, hace casi dos años, se levantó un cultivo de trucha arcoíris en sistemas de recirculación, como alternativa sustentable y de desarrollo productivo para comunidades precordilleranas. El proyecto hoy demuestra que la actividad acuícola, en dichas zonas, es factible, por lo que se busca continuar con la iniciativa a través de una segunda etapa.

Una semana después, nos trasladamos hasta la comuna de Chañaral, lugar donde conocimos elProyecto FIC 1405 – Falda Verde “Desarrollo de un sistema de cultivo mixto sustentable de peces y hortalizas utilizando agua de atrapaniebla y energías limpias en sector Falda Verde, comuna de Chañaral – Región de Atacama”.

Finalmente, el sábado 9 de julio llegamos hasta la comuna de Vicuña, en el Valle del Elqui.Allí recorrimos las instalaciones de la Granja Agro-Acuícola Diaguitas, emplazamiento de un cultivo acuapónico, donde truchas crecen sin necesidad de medicamentos y se comercializan de manera directa a los visitantes de la zona quienes, ademá, tienen la posibilidad de adquirir otros productos, como miel y hortalizas.

Un aspecto relevante radica en el hecho que los alevines de trucha, para estos tres proyectos, son originarios de la piscicultura Río Blanco Federico Albert Taupp, que es administrada por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y que no utiliza antibióticos ni otros fármacos para producir estos peces. De ahí que, actualmente, quienes dirigen estos proyectos, en el norte de Chile, estén impulsando el establecimiento de una barrera sanitaria que impida la llegada de truchas del sur de Chile o de países vecinos, como Perú. Esto, para evitar el arribo de enfermedades o de ejemplares tratados con medicamentos.

Copaquilla, el cultivo de truchas ubicado a mayor altitud en Chile

La primera visita de Mundo Acuícola a un cultivo de truchas en el norte se efectuó el jueves 30 de junio.Ese día, junto a Renzo Pepe Victoriano, investigador de la Universidad Arturo Prat y director del proyecto "Cultivo de trucha arcoíris en sistemas de recirculación como alternativa sustentable y de desarrollo productivo para comunidades precordilleranas de la Región de Arica y Parinacota", nos trasladamos hasta la quebrada de Copaquilla, localidad ubicada a 85 kilómetros de la capital de dicha región, sector geográfico que es parte de unos de los principales puntos turísticos de la comuna de Putre. Como director de la iniciativa, Pepe subraya la principal conclusión de los dos años que duró el proyecto: es que la trucha arcoíris se puede cultivar con éxito en la precordillera de la región. "Pasamos por distintos pasos, incluso con resultados que no esperábamos, pero hay que destacar lo positivo. La idea es en unos dos o tres años tener una producción constante de truchas cultivadas en la región", asevera el investigador, quien agrega que "esto nos da el puntapié inicial para poder decir que puede haber cultivo de trucha en la zona. No me cabe la menor duda que esta especie puede liderar el cultivo de especies acuícolas continentales".

En el marco de la iniciativa se obtuvieron parámetros y variables críticas de cultivo, tales como porcentajes de sobrevivencia e índices de crecimiento, información que será muy relevante para el desarrollo exitoso de la acuicultura de trucha arcoíris en la precordillera.Tal como pudimos observar en terreno,las instalaciones constan de una sala de incubación y alevinaje para la mantención de 40 mil ovas y la producción de 20 mil alevines. Además, cuentan con una unidad de recirculación para producir 5 mil truchas de 500 gramos.

Cultivo en lugar extremo

Uno de los aspectos que llaman la atención de esta iniciativa es la altitud en la que está ubicada, a casi tres mil metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en la piscicultura de recirculación,a pequeña escala, a mayor altura en Chile. Todo un hito para un proyecto que busca dar el puntapié inicial para desarrollar tecnológicamente el cultivo comercial de trucha arcoíris en el extremo norte de nuestro país.

Además, el traslado de los alevines desde la Región de Valparaíso, lugar donde se ubica la piscicultura Río Blanco (a 50 kilómetros al interior de Los Andes), hasta Copaquilla fue toda una odisea, en la que las 5 mil truchas tuvieron que soportar un viaje,por tierra,de más de 42 horas.

Un trayectobastante duropara los peces y se efectuó en el mes de octubre de 2015,en un camión con control de temperatura, para así mantenerla lo más estable posible. En las primeras cuatro horas se controlaban los parámetros (temperatura y oxígeno) cada una hora, posteriormente cada 3 y las últimas doce horas cada 4, manteniendo los niveles de temperatura entre los 9,7ºC (con las que salieron de la piscicultura de Río Blanco) y los 13ºC (con las cuales llegaron, que era similar a los estanques del Centro de Cultivo de Copaquilla).  De la misma forma, semantuvo el oxígeno alto durante todo el transporte (por sobre los 15 mg/l).

En el marco del mismo proyecto, se elaboraron protocolos de cultivo de trucha (incubación, alevinaje y engorda) en precordillera, se capacitó a agricultores en el cultivo, se diseñó un plan de negocios y modelo productivo. La idea es desarrollar un nuevo polo económico para los productores de la zona, ya que la agricultura otorga dividendos por seis meses, mientras los otros meses deben bajar a Arica para poder crear nuevos ingresos.

Otra de las actividades planificadas, en el marco del proyecto, erala de realizar una prueba de productos en el mercado regional. Fue así como la trucha cosechada en Copaquilla tuvo una excelente aceptación entre los clientes y chefs de destacados restaurantes de la región.Durante nuestra estadía en Arica, conversamos con Javiera Valencia, chef del restaurant Varo's, de esa ciudad, cuya especialidad son los pescados y mariscos. La profesional indicó que es novedoso contar con pescado proveniente de acuicultura en la misma región de Arica y Parinacota. "Cuando llegó el producto fue una idea bastante atractiva, ya que no es común en la zona. Y, cuando empezamos a probar esta trucha nos dimos cuenta que es un pescado muy versátil, que soporta altas temperaturas, como cocciones nulas en el caso del cebiche o un sashimi en caso del sushi. Además, la suavidad del pescado es un atributo atractivo para quienes gustan de comer pescado, pero no tan intenso. Por otra parte, es un pescado azul que no tiene tanta intensidad en el sabor, como el atún o la albacora, que a veces son muy fuertes para algunas personas", señaló la chef a Mundo Acuícola.

En cuanto a la aceptación del público, Javiera Valencia indicó que hay preparaciones que han sido muy elogiadas, como es el caso de la moqueca. "La trucha hace mucho más suave a preparaciones con crema y con eso se destaca mucho más el pescado. Y yo, como cocinera, que lo tiene que aceptar antes que llegue al público, quedé encantada con el producto".

Cabe señalar que el proyecto para cultivar truchas en la zona precordillerana de Copaquilla se enmarca dentro de la "Estrategia para el desarrollo de la acuicultura en la Región de Arica-Parinacota 2015-2024", zona donde la acuicultura ha sido reconocida como una actividad con potencial económico, dicha zona puede tener protagonismo en esa diversificación. Porque si bien, hasta la fecha, los cultivos acuícolas regionales solo han alcanzado niveles exploratorios, existen excelentes condiciones ambientales en el norte para impulsar cultivos de moluscos, peces y algas.

El proyecto "Estrategia para el desarrollo de la acuicultura en la Región de Arica-Parinacota 2015-2024" se desarrolla con aportes del Fondo de Innovación para la Competitividad, FIC.

Falda Verde, el cultivo de truchas con agua de atrapanieblas

Luego de un extenso trayecto por los alrededores de Chañaral, el miércoles 6 de julio logramos observar el desarrollo de un sistema de cultivo mixto sustentable de peces y hortalizas, utilizando agua de atrapaniebla y energías limpias. Se trata de una iniciativa financiada con recursos del Fondo de Innovación para la Competitividad FIC 2014-2015 del Gobierno Regional de Atacama y aportes de Minera Mantos Copper. El proyecto,que se denomina“Falda Verde, desarrollo de un sistema de cultivo mixto sustentable de peces y hortalizas, utilizando agua de atrapaniebla y energías limpias”, es ejecutado por los profesionales del Centro Regional de Investigación y Desarrollo Sustentable de Atacama, CRIDESAT y se ubica en el sector del cerro del mismo nombre, en la comuna de Chañaral, Región de Atacama.

Durante la visita, en primera instancia, llegamos hasta las cercanías de la playa Pan de Azúcar, para enfilar hacia los faldeos del Cerro Falda Verde, sitio donde se ubica el cultivo acuapónico de peces y vegetales como lechugas, berros, Aloevera, acelgas y orégano. Allí se encuentran los mil ejemplares de trucha de la especie arcoíris, también provenientes de la piscicultura de Río Blanco de Los Andes, de unos 250 a 300 gramos de peso, las cuales están en seis estanques con sistema de recirculación. Guiados por Pablo Ávalos, jefe del centro de cultivo acuapónico; Hugo Streeter, presidente de la Agrupación de Atrapanieblas de Chañaral y gestor de la iniciativa, además de profesionales del Cridesat UDA, logramos ver los, hasta ahora, promisorios avances del proyecto.

Posteriormente, y tras serpentear senderos y ascender escarpadas pendientes, logramos llegar a la cima del Cerro Falda Verde, lugar donde se ubican los atrapanieblas, desde donde desciende gran parte del agua utilizada en el cultivo acuapónico, ubicado varios cientos de metros más abajo. "Todos nuestros estanques, tuberías y filtros los llenamos con 50 metros cúbicos de agua, la cual hacemos recircular, pero el agua con fecas, proveniente de los peces, se va refrescando con agua de atrapaniebla. Así, se genera un nivel de recirculación de aproximadamente un 60% y un 40% de agua de refresco, aunque el objetivo es llegar a un 80% de agua de recirculación y un 20% de agua de refresco", nos explica Pablo Ávalos, de Cridesat.

En decir, se trata de un proyecto que le da un valor agregado al agua que produce la Agrupación de Atrapanieblas de Chañaral. "Se ha registrado una producción de hasta 10 mil litros de agua al mes desde que iniciamos las pruebas, que fue el mes de junio de este año. La idea del proyecto es cuantificar esa producción de agua durante los 15 meses de duración de la iniciativa, en su primera etapa (que finalizó el mes pasado), para en una segunda etapa instalar otros 20 atrapanieblas, para tener mayor producción de agua y validar la tecnología de recirculación", complementa el jefe del centro de cultivo, quien agrega que el objetivo de la iniciativa es fomentar una cultura de Innovación y emprendimiento en el sector acuícola y agrario de la comuna de Chañaral, Región de Atacama, mediante la implementación de este sistema de cultivo mixto sustentable de peces y hortalizas, utilizando agua de alta pureza proveniente de atrapanieblas, además de energías limpias.

“Queremos producir trucha con agua de excelente calidad, conectada directamente con el cielo. Es una zona geográfica donde el tema hídrico es un problema importante y por eso el foco de este proyecto es en el agua. Creemos que es un cultivo único a nivel mundial y es una presión técnica para nosotros. La idea es que el proyecto no se pierda en el tiempo y genere un impacto en la zona”, comenta Pablo Ávalos, jefe del centro que ya ha recibido varias visitas de la prensa nacional y extranjera, por lo novedoso del sistema.

En cuanto a la segunda parte del proyecto, ésta considera la instalación de más atrapanieblas, paneles fotovoltaicos, además de la capacitación delos beneficiarios del proyecto, quienes ya han sido instruidos en técnicas de desove, incubación, manejo, bioseguridad y traslado de truchas, por profesionales de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. “No queremos competir con otros productores de trucha. Queremos que nuestro producto se diferencie del resto por su proceso”, finaliza Ávalos.

Diaguitas, la granja biointegradaque cultiva truchas y hortalizas de forma sustentable

En la última escala de nuestra gira por el norte, llegamos hasta el valle del Elqui para observar un cultivo acuapónico que se logró levantar de los temporales que azotaron al norte de nuestro país el año pasado.Allí pudimos ver cómo truchas de la especie arcoíris pueden crecer sanas, sin medicamentos ni enfermedades, en un entorno que llama la atención para cualquier visitante. Se trata de la granja Agro-Acuícola Diaguitas, ubicada en la localidad del mismo nombre, en la comuna de Vicuña, Región de Coquimbo.

En ese lugar conversamos con Germán Merino y Elizabeth von Brandt, un matrimonio de investigadores de la Universidad Católica del Norte que, el año 2012, decidió dar un giro en sus vidas. En esa fecha comenzaron a concretar lo que hoy es el cultivo acuipónico más exitoso de nuestro país. Y lo mejor de todo, lo han realizado de manera amigable con el entorno.Porque según la pareja de investigadores y emprendedores, un aspecto relevante es que no se han visto en la necesidad de medicar a los peces a lo largo de cada ciclo productivo.De esa forma, este emprendimiento familiar, que en sus comienzos fue cofinanciado por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), hoy desarrolla un sistema de cultivo biointegrado, con tecnologías eficientes en el uso del agua y energía. 

Todo comenzó con un cultivo lo más artesanal posible, como nos comenta don Germán, quien recalca que “la idea era que cualquier profesional relacionado con la acuicultura pueda observar el sistema y diga que también lo puede hacer. Es decir, algo no muy complejo ni muy lejano, con producciones manejables, donde los animales gozan de una mejor salud. Hasta ahora, no nos hemos visto en la necesidad de medicar a las truchas”, dice Merino, quien postula que desde un comienzo se propusieron implementar “un cultivo bioecológico, donde lo que uno conoce como contaminación, se convierte en un nutriente”.Un sistema que llama la atención del visitante, ya que mientras visitamos la granja, pudimos observar el interés del público por conocer el cultivo, mientras aprovechaban de adquirir algunos de los productos de la granja.

Pero no ha sido fácil el camino. El año pasado, con motivo de los temporales que afectaron a la zona norte de Chile, la granja se vio seriamente afectada, perdiendo el 100% de la producción de camarón de río que tenían en ese entonces y el 80% de la producción de truchas.“Eso nos generó un retroceso en lo que habíamos logrado hacer. Pensamos incluso cerrar el centro, pero vino la gente de FIA, con la cual partimos el proyecto y ellos nos estimularon a continuar, apoyándonos con recursos”, comenta el matrimonio. Así, con mucho esfuerzo, Germán y Elisabeth lograron levantarse nuevamente y repuntar en su producción acuipónica. De hecho, en agosto deberían ingresar unos siete mil juveniles de camarones de unos dos centímetros.

A pesar de las dificultades, la granja hoy produce truchas, lechugas, berros, menta, apio, naranjas, tomates, además de productos apícolas. Todo eso con el mínimo uso de agua y energía eléctrica. Y es que los propietarios de este centro acuipónico se han preocupado del más mínimo detalle, con tal de realizar una actividad sustentable y sostenible.  Así, la granja cuenta con paneles solares, mientras que el riego de los frutales se realiza con el agua proveniente de los estanques de las truchas.Cabe señalar quelas excreciones de los peces contienen 13 de los 16 elementos esenciales que requieren los vegetales, por lo que a las plantas solo deben suplementar potasio, fierro y calcio. Además, cuentan con una unidad apícola para la producción de miel, propóleo y polen, donde las abejas beben del agua que circula por las hortalizas y polinizan los frutales de la misma granja.

Esto porque desde octubre 2014 Agro-Acuícola Diaguitas ha estado desarrollando, junto con el reconocido Laboratorio Vicente Ferrer de La Serena, la incorporación de la actividad apícola a su sistema de acuiponía.Los resultados se pueden observar hoy con abejas que se han biointegrado al sistema a través del aporte continuo y permanente de agua que requieren para la adecuada operación de sus panales. Y, como la granja Diaguitas posee varios árboles frutales como limones, naranjos, manzanos, ciruelos, damascos, duraznos, guayabas, además de alfalfa, se favorecen la producción de miel floral.Es decir, todo un círculo virtuoso de producción agro-acuícola.

La granja agro-acuícola Diaguitas tiene una capacidad máxima para producir 16 mil truchas de 500 gramos. Sin embargo, justo cuando estaban alcanzando ese peak el 2015, el temporal del año pasado disminuyó considerablemente la biomasa de sus estanques. Es así como, hoy en día, mantienen 6 mil ejemplares, mientras dentro de este año esperan ingresar otras 5 mil truchas más al sistema. “Nuestro sistema tiene ocho estanques, de los cuales tres de ellos tenemos con reproductores (de entre uno a tres kilos) y los restantes cinco están con animales en distintas tallas, distribuidos en forma escalonada. Los más pequeños tienen entre 200 a 300 gramos, mientras los más grandes están pesando entre los 500 y 600 gramos”, puntualiza Merino.

Con respecto a lo que viene para más adelante, don Germán indica que ya se adjudicaron un proyecto Corfo para producir ovas en la misma granja, de una manera sencilla, con la idea de abastecer al mismo centro o a otros cultivos similares en el norte de Chile.

Modelo integrado

Para Germán Olivares, encargado de la piscicultura Río Blanco, Federico Albert Taupp e investigador de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, resulta interesante desarrollar en Chile un modelo de cultivo acuícola, a pequeña escala, como elemento ancla para otras actividades y subproductos, ya sean agrícolas, de turismo u otros. Es decir, un sistema que integre a agricultores y pescadores, dependiendo de la zona donde se proyecte el cultivo. "Uno de los grandes costos de la acuicultura es el alimento de los peces, pero para eso es importante formar cooperativas, de tal manera de bajar los precios por un mayor volumen de compra, o bien, elaborar alimento orgánico entre varias regiones o macrozonas", explica Olivares. Para el investigador, uno de los grandes desafíos para el futuro de la acuicultura a pequeña escala es que todos los actores, ya sean Subpesca, instituciones de educación superior, seremis y productores, se sienten a la mesa y aborden las diferentes problemáticas de la actividad en conjunto.

Lo anterior, porque uno de los problemas que pudimos constatar, durante nuestra gira por el norte, es la aplicabilidad de una normativa que se implementó post crisis del virus ISA, a pequeños productores, como es el caso de los centros que visitamos durante el viaje, o la misma piscicultura Río Blanco, desde donde provienen los peces que allí se cultivan. “Como piscicultura de investigación, por cada movimiento que realicemos debemos generar un análisis de virus ISA, que tiene un costo y debe ser realizado por un veterinario certificado, que hay que traerlo desde el sur, lo cual sale carísimo, para vender 50 mil ó 100 mil peces”, sostiene Olivares.

Por Pedro Barra Léniz

Revista Mundo Acuícola

Edición 108

Junio-julio de 2016



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