Martes
12/12/2017
Las consecuencias del bloom algal que diezmó centros salmoneros en el sur de Chile
Pseudochatonella cf verruculosa es el nombre de la microalga que causó el episodio algal nocivo más grande que se tenga registro en la salmonicultura chilena.
02/05/2016


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Las consecuencias del bloom algal que diezmó centros salmoneros en el sur de Chile

Este verano, una vez más la industria salmonera chilena se vio enfrentada a una dura prueba de parte de la naturaleza. Si el año pasado fue el volcán Calbuco el que causó estragos en la primera fase de la producción con la destrucción de varias pisciculturas aledañas al macizo, el 2016 comenzó con la mortal Floración de Algas Nocivas (FAN) de Pseudochatonella cf verruculosa, la especie de microalga que provocó millonarias pérdidas a cerca de 50 centros de cultivo ubicados en el mar interior de la Región de Los Lagos.

Según cifras oficiales, el bloom algal tuvo como consecuencia la muerte de poco más de 26 millones de peces, equivalente a 39.942 toneladas de biomasa muerta. Ese fue el saldo final de la emergencia provocada por el bloom de algas en 45 centros de cultivo de la región de Los Lagos, específicamente en el Seno de Reloncaví y la zona norte de Chiloé. SalmonChile, en tanto, informó que “las pérdidas asociadas al fenómeno se pueden cuantificar en un 12% de la producción anual de salmones, lo que equivale alrededor de 106 mil toneladas, de las cuales 95 mil corresponde a salmón del Atlántico y representan del 17% de lo que se proyectaba en esta especie aproximadamente”.

De acuerdo con datos del Instituto Tecnológico del Salmón, Intesal, de SalmonChile, durante el florecimiento de principios de este año, las concentraciones de algas superaron en hasta 3.000 veces los niveles umbrales que son considerados nocivos para los peces. El alero técnico de la entidad gremial indicó que el bloom algal de una magnitud y extensión extraordinaria, y fue “propiciado de manera fundamental por anomalías meteorológicas importantes que ha registrado el sur de Chile durante el verano del 2016”, causadas, a su vez, por el fenómeno de El Niño. Esto hizo que la zona sur austral de Chile haya registrado elevadas temperaturas y un importante déficit de precipitaciones, condiciones que permitieron que las microalgas se desarrollen de manera excepcional en el mar interior de la Región de Los Lagos.

Hay que señalar que un aspecto crítico en cuanto a bioseguridad y logística durante el bloom fue el retiro de los peces muertos, proceso que concluyó el 24 de marzo. Durante dicho período, las empresas productoras y de servicios debieron extremar recursos y mano de obra para sacar, en el menor tiempo posible, los miles de toneladas de biomasa muerta en descomposición. Así fue como la autoridad debió autorizar 11 vertimientos de mortalidad en mar, a unas 75 millas de la costa, arrojándose un total 4.649 toneladas de biomasa a las aguas del Océano Pacífico, mientras que el 57% de los peces muertos por la floración algal fue procesado en plantas elaboradoras de harina de pescado. El restante 30,3% se desechó en vertederos en tierra.

Radiografía a la microalga asesina

Según Leonardo Guzmán, director de Investigación en Acuicultura del Instituto de Fomento Pesquero, IFOP, la microalga que afectó a la salmonicultura este verano fue inicialmente identificada como Chatonella sp., que pertenece a la clase Raphidophyceae. Sin embargo, posteriormente se identificó como  Pseudochatonella cf verruculosa, especie perteneciente a la clase Dictyochophyceae. Es decir, pertenecen a grupos distintos y poseen características muy diferentes, aunque los nombres son parecidos. “Pero esta identificación es muy relevante, ya que cada microalga, tiene sus características particulares y se tendrá que actuar de acuerdo a eso”, plantea Guzmán.  Se trata de una microalga muy pequeña, de unos 15 micrones más o menos y a nivel mundial, hay solo dos especies de esta clase. La otra es Pseudochattonella farcimen, especie que también ha causado mortandad de peces en el norte de Europa, específicamente en peces silvestres en aguas costeras de Alemania, Dinamarca, Suecia y Noruega (Aure et al., 2001; Backe-Hansen et al., 2001; Edvardsen et al., 2007).

Volviendo al caso de Pseudochatonella cf verruculosa, existen antecedentes que muestran que se ha presentado en otras partes del mundo (Japón, Nueva Zelanda, Dinamarca, Suecia) y que en Chile también era conocida. La microalga posee una toxina que afecta particularmente a los peces, no solo a los salmónidos (ver entrevista a Leonardo Guzmán).

Según el estudio Molecular phylogeny, pigment composition, toxicology and life history of Pseudochattonella cf. verruculosa (Class Dictyochophyceae) from Wellington Harbour, New Zealand, realizado por F. Hoe Chang a, Judith E. Sutherland, Margaret McVeagh y Mark Gall en Nueva Zelanda, ya se habían observado mortalidades de peces causadas por P. verruculosa en 1989, año en que se reportó un evento de este tipo en costas de Japón.

Más recientemente, en el año 2010, se reporta el primer suceso de mortalidad de peces atribuido a P. verruculosa en Nueva Zelanda, en un bloom donde se identificaron varias especies de microalgas cohabitando en aguas de dicho país oceánico. En esa ocasión, se constató la muerte del 60% de los peces de una jaula perteneciente al NIWA’s Aquaculture Centre de Wellington.

Florecimientos anteriores

Para la Dra. Sandra Bravo, investigadora de la Universidad Austral de Chile, los florecimientos de microalgas obedecen a situaciones oceanográficas  particulares, los que han sido documentados en el mundo desde tiempos remotos. “Sin dudas,  los efectos del Niño tienen una  fuerte incidencia en la manifestación de estos fenómenos en el sur de Chile, de hecho, el primer evento  de  florecimiento de  microalgas afectando a los salmones  de cultivo fue registrado en el otoño de   1983 (marzo–abril), ocasionado por la microalga Prorocentrum micans con concentraciones de 11.200 a 38.600 células por ml, la que generó una marea café”. En ese período  se cultivaba solamente salmón coho y los efectos  sobre los peces fueron cuadros de asfixia causada  por la obstrucción de las branquias.

Según la investigadora, la peor pesadilla experimentada por la industria del salmón ocurrió conco años después, en septiembre de 1988, generada por la marea  café causada por Heterosigma akashiwo, “la  que tuvo una amplia extensión y duración,  generando la muerte por asfixia de miles de  peces y una perdida estimada  en biomasa  que  fluctúo entre 1.500 a 2.000 toneladas, con concentraciones de microalgas del orden de las 126.000 células/ml en superficie  y 49.300 células/ml. a 20 metros de profundidad en el seno de Reloncaví, y de 180.000 células/ml  en la localidad de Tubildad, observándose un denso mucilago café  en los sectores con mayor  concentración de células”. Dicho evento llevó a que la naciente Asociación de Productores de Salmón y Trucha de Chile instaurara un programa de monitoreo de fitoplancton, y planes de contingencia recomendados por expertos extranjeros consultados.

Empresas afectadas

De acuerdo con el balance final entregado por Sernapesca a fines de marzo, fueron 45 los centros de cultivo de salmónidos afectados por el bloom de algas, los cuales pertenecen a 15 empresas del rubro. Entre las más afectadas se encontraban la mayor parte de las compañías que cotizan en la Bolsa de Comercio de Santiago. Así fue como las acciones de dichas firmas sufrieron bajas significativas en sus valores los primeros días de reporte de la floración, para después recuperar parte de las pérdidas. Ello tras el alza del precio de salmón reportada en Estados Unidos, el principal destino del producto nacional.

Una de las primeras empresas que sufrió en carne propia el fenómeno FAN fue Multiexport. La estimación realizada por la compañía de las pérdidas de biomasa en los 5 centros afectados, que contenían peces entre 0,9 y 4,3 kilogramos de peso promedio, fue de 5.203 toneladas de biomasa de salmón del Atlántico. Tal como lo señaló la firma en su Memoria Anual 2015, los 5 centros afectados se encontraban asegurados con coberturas sobre riesgos de la naturaleza nominados, incluyendo específicamente Bloom de Algas. Dicho seguro cubre la biomasa perdida según su valor contable al momento del siniestro, con deducibles individuales por centro que son entre un 8% y un 20% respecto del valor contable de la biomasa, además de un deducible agregado anual de USD$ 2,5 millones para toda la compañía. “Dado lo anterior, y hechas las estimaciones de la pérdida directa de la biomasa que nuestra filial deberá reconocer en los estados financieros de 2016, alcanza la cifra de USD 9,0 millones, equivalente a los montos a que corresponde la estimación de los deducibles antes explicados”, indica la Memoria Anual de la compañía, documento que alcanzó a incorporar en su última versión los datos posteriores al evento.

Camanchaca, en tanto, estimó que las mortalidades ocasionadas por bloom tendrán un impacto directo cercano a USD$ 5 millones en sus resultados de 2016 debido a menores cosechas. La empresa sufrió mortalidades superiores al 90% en sus centros de cultivo Puelche, Mañihuenco y Contao, equivalentes a 2,6 millones de peces. Lo anterior se traducirá en una “menor cosecha que estaría en un rango equivalente a 12.500-13.000 toneladas WFE para este año, es decir, un 30% aproximadamente de las cosechas esperadas para 2016". La empresa reiteró contaba con seguros específicos para este tipo de eventos.  

Otra de las empresas listadas en la Bolsa de Santiago, Blumar, informó la pérdida del 100% de los 1.152.563 peces que mantenía en su centro Caicura (ACS 2) de la Región de Los Lagos, salmónidos que tenían un peso promedio de 1,61 kilogramos. La firma contaba con seguros comprometidos para sucesos de esta naturaleza, por lo que estimó una pérdida directa de US$ 1,12 millones por concepto de deducible.

Australis Mar, por su parte, informó a la Superintendencia de Valores y Seguros pérdidas por USD$ 8,1 millones producto de que sus dos centros afectados (Huito y Puluqui) no contaban con seguros asociados al fenómeno.

La principal salmonera de capitales chilenos, AquaChile, dio a conocer pérdidas por USD$ 38,8 millones por la mortalidad reportada en cinco de sus centros productivos (Herradura, Capera, Isla Huar, Huenquillahue y Sotomó), a lo que se deben sumar otros USD$ 4,5 millones asociados al manejo de mortalidad, costos de traslado de peces vivos y cosecha de emergencia en centros afectados. La firma no contaba con seguros comprometidos.

Trabajo a futuro

Finalizado este episodio negativo para la industria chilena del salmón, hay consenso en que se debe trabajar, de manera conjunta entre productores, academia y Estado, hacia el desarrollo de ciencia y tecnología que ayude a entregar información oportuna, con el fin de mitigar los efectos de un nuevo bloom de esta magnitud. “El país tiene capacidades para abordar estos temas. Somos un país que le gusta mucho mirar hacia afuera, pero tenemos capacidades en todos los ámbitos y no necesitamos tanta asistencia para resolver nuestros temas. Hay buenos profesionales e instituciones que pueden entregar respuestas y sugerir soluciones. Y no es necesario estar creando instituciones. Lo que se debe hacer es aunar las capacidades y desarrollar acciones de manera conjunta “, precisa Leonardo Guzmán desde el IFOP.

Desde el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura se destacó la coordinación con otras Instituciones del Estado, como la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, la Autoridad Marítima, la Intendencia de la región de Los Lagos y la SEREMI de Salud, así como la colaboración de gran parte de la industria ante los plazos establecidos. No obstante el Director Nacional de Sernapesca, José Miguel Burgos Burgos enfatizó que "es necesario poner atención en los problemas que se evidenciaron durante el desarrollo de este evento, especialmente en lo relacionado con la logística de la industria, por lo que abriremos una mesa de trabajo público-privada para abordar este tema en forma integral, con el fin de tener mayor capacidad de respuesta ante eventos ambientales o sanitarios similares que pudiesen suceder en el futuro".

Desde el centro COPAS Sur-Austral de la Universidad de Concepción destacan la trascendencia de construir una red de observación ambiental para obtener series de tiempo temporal y espacialmente representativas. “Sólo de esta manera seremos capaces de entender los fenómenos y plantear escenarios de riesgo que nos permitan alertar sobre la ocurrencia de estos eventos y así tener la posibilidad de mitigar sus impactos”, aseguran oceanógrafos de COPAS Sur-Austral.

El Dr. Iván Pérez-Santos señaló la importancia de disponer de series de información histórica -denominadas series de tiempo-  de parámetros meteorológicos, como por ejemplo: temperatura del aire, radiación solar, presión atmosférica y velocidad del viento y oceanográficos como temperatura, salinidad, oxígeno disuelto y concentración de clorofila. Para el Dr. Silvio Pantoja, Director de COPAS Sur-Austral,  la idea es disponer de la cantidad y calidad de información que se requiere para proponer escenarios y sus riesgos en escalas de meses a años. Para lograr esto, complementa el Dr. Giovanni Daneri, es imprescindible aumentar significativamente las plataformas de observación oceanográfica y meteorológica en una zona tan extensa como es la Patagonia. Esto significaría no sólo invertir en los equipos e instrumentos necesarios sino que, muy especialmente, en su conectividad para disponer de datos instantáneos y en su mantención periódica para mantener la calidad de la información registrada.

Tecnología satelital

Para la Doctora Cristina Rodríguez, oceanógrafa de Mariscope, la tecnología satelital, es la única metodología que permite observar grandes áreas de forma sinóptica, como son las enormes regiones donde se desenvuelve la Industria acuícola del sur de Chile. “No existe otra tecnología capaz de detectar fenómenos de la magnitud del sucedido este año. Las condiciones de baja nubosidad han permitido monitorear casi diariamente la evolución de esta floración. En los 13 años que hemos estado observando esta zona desde el espacio, es el mayor evento ocurrido. Determinando con muestras de agua las especies que contenía está floración en Enero, se hubiera podido anticipar la situación y haber tomado medidas en los centros de cultivo, aunque hubiera sido solo la de cosechar cualquier talla existente. Esto hubiera evitado las enormes pérdidas de peces y el impacto ambiental y social en la zona”, advierte.

Sobre lo que se debería realizar a futuro, la Dra. Rodríguez es enfática al señalar que “la oceanografía no es una compra de saldos, ni una ciencia a corto plazo. En cambio, es una ciencia que requiere inversiones para poder realizarse, proporciona resultados al cabo de varios años de investigación, pero una vez que hay resultados estos pueden aplicarse en modelos. Otra tarea esencial es la de formación de personas. El capital humano y el conocimiento es lo más importante para anticiparse a estas situaciones y tomar las escasas, pero varias medidas disponibles”.

Por Pedro Barra L.

Periodista

Revista Mundo Acuícola

Edición 107

Marzo-abril de 2016



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