Sábado
19/08/2017
La salmonicultura chilena busca superar sus obstáculos en agua de mar
Si en la edición anterior indagamos en los retos sanitarios que tiene este importante sector productivo en su fase de agua dulce, en esta ocasión nos centramos en los desafíos que enfrentan las salmoneras chilenas en agua mar.
12/01/2016


10977 veces leida   BoletinSuscripción Boletín  Enviar NotaImprimir    



La salmonicultura chilena busca superar sus obstáculos en agua de mar

Para nadie es un misterio que, actualmente, la industria salmonera enfrenta una nueva crisis. Si bien, hasta ahora no tiene la magnitud de lo que se vivió con el virus ISA hace unos años, no se puede desconocer que hoy el sector no se encuentra en su mejor momento. Un menor precio a nivel internacional del salmón –la libra de filete Trim D bajo los 3,5 dólares FOB en EE.UU.- si se compara con los años 2013 y 2014, mayores costos productivos debido a nuevas exigencias y la constante preocupación por el control de los patógenos que afectan el desarrollo saludable de los peces, son factores que hoy en día denotan incertidumbre y preocupación en la industria nacional. 

            Y ya que en la edición anterior dimos a conocer algunos de los retos que tiene este importante sector productivo en su fase de agua dulce, esta vez nos enfocamos en los principales desafíos en cuanto a los patógenos que enfrentan las salmoneras chilenas en agua mar o también llamada etapa de engorda. En ese sentido, no se puede desconocer el efecto de Piscirickettsia salmonis –causante de SRS-  y Caligus rogercresseyi –piojo de mar-  en la salud de los peces, aunque también la industria está atenta a enfermedades emergentes que pueden afectar la situación sanitaria de la salmonicultura en esta etapa.

Principales desafíos en esta fase

            A juicio de Gladys Asencio, investigadora de la Universidad de Los Lagos, los principales retos en agua mar se basan en lograr un sistema productivo sustentable en el tiempo, donde las condiciones sanitarias de los peces y formas de cultivo deberían ser de primera prioridad. “Ya que la biomasa o masificación de los cultivos son las variables que condicionan la emergencia, así como la permanencia de enfermedades en cualquier actividad acuícola, agrícola o forestal, deben realizarse el máximo de esfuerzos posibles para determinar, a corto plazo, los niveles de producción que permitan una salmonicultura sanitaria, ambiental y económicamente viable”.

            Bajo su perspectiva, las enfermedades que requieren una preocupación permanente de la industria salmonera son el SRS, virus ISA y la caligidosis. “Éstas causan las mayores complicaciones en los cultivos, y su presencia conjunta lleva a altas mortalidades, así como la caída de esta actividad acuícola, como ocurrió entre el 2007 y 2008. El ectoparásito Caligus rogercresseyi ha sido descrito, por investigadores de la academia, como un foco de transmisión de virus y bacterias, por lo que su control se transforma en el mayor de los desafíos en los centros de cultivo de salares (salmón del Atlántico) y truchas en nuestro país”, asevera Asencio.

            Similar opinión tiene Alfredo Tello, gerente general del Instituto Tecnológico del Salmón de SalmonChile, quien sostiene que “sin duda los principales desafíos sanitarios de la industria, en la etapa de engorda en mar, son SRS y Cáligus”. Sin embargo, si bien hay un énfasis en ambas problemáticas por el impacto que tienen en la industria, tanto directo en pérdidas y costos asociados, como en imagen por el uso de antibióticos para controlar SRS, “en Intesal no hemos perdido de vista otros patógenos y enfermedades. En particular, hemos trabajado en el Síndrome Idiopático de la Trucha (i.e., SIT) y en Ictericia en salmón Coho”.

            Según Sandra Bravo, investigadora de la Universidad Austral de Chile, históricamente los principales problemas para la industria del salmón han sido los patógenos Piscirickettsia salmonis (SRS) y el piojo de mar Cáligus, por el severo efecto que provocan en los peces, lo que se traduce en pérdidas económicas importantes. “Para el caso de P. salmonis, por  ser una  bacteria intracelular, los  tratamientos aplicados para su control no son totalmente efectivos, pero además, esta condición intracelular no ha  permitido el desarrollo de vacunas  que entreguen una total protección, lo que ha llevado a que la principal herramienta de control sean los antibióticos, siendo actualmente el florfenicol y la oxitetraciclina los dos principales fármacos, usados por la industria, considerando las restricciones impuestas por  los países compradores”.

            En ese orden, José Miguel Burgos, Director Nacional del Servicio Nacional de Pesca  y Acuicultura, Sernapesca, confirma que los principales desafíos sanitarios en la industria salmonera son el control de la Piscirickettiosis  y caligidosis, ante lo cual dicha institución tiene implementados programas de control específico. “Si bien son dos enfermedades que se encuentran presentes en el país hace mucho tiempo, hay un déficit de información científica y de bien público disponible para la mejor toma de decisiones en el ámbito de la prevención y control, con un enfoque de riesgo para estas enfermedades”, indica Burgos. Para poder avanzar en esta línea estratégica, el Ministro de Economía encomendó a Sernapesca liderar en conjunto con científicos nacionales e internacionales, algunas líneas de investigación prioritaria en este ámbito, con el objetivo de fortalecer la estrategia de Gestión Sanitaria en estas dos enfermedades. “Otro desafío sanitario importante, es la incorporación de nuevas especies de cultivo, por ejemplo algunas nativas, que pueden presentar problemas sanitarios, para lo cual el Sernapesca está trabajando en fortalecer su estrategia de vigilancia sanitaria, así como la coordinación de nuevas líneas de investigación”, agrega el Director Nacional de Sernapesca.

Mayores esfuerzos productivos

            Para Gladys Asencio, dados los altos niveles productivos de salmón Atlántico en las costas de la Región de Los Lagos a la Región de Aysén, esta especie se transforma en la más vulnerable, y en la que se deben concentrar los esfuerzos para lograr su cultivo con los mayores estándares productivos. No obstante, bajo la perspectiva de Sandra Bravo, las tres especies salmonídeas cultivadas en Chile -salmón del Atlántico, salmón coho y trucha arcoíris- han mostrado ser altamente sensibles al SRS. “Aun cuando los primeros registros fueron realizados sobre salmón coho, en los años ochenta, hoy día la trucha arcoíris es la especie que muestra mayores brotes, lo que podría estar vinculado con la fisiología de esta especie, ya que este pez habita naturalmente en agua dulce, y en cautiverio es engordado en el mar. Esto se ve agravado con la presencia de Cáligus, que afecta tanto al salmón del Atlántico como a la trucha arcoíris”. De hecho, según la especialista de la UACh, la relación de P. salmonis y C. rogercresseyi ha mostrado ser altamente perniciosa para ambas especies salmonídeas. “El piojo causa severo daño mecánico, a través de sus apéndices bucales, lo que permite el fácil ingreso de P. salmonis, a través de la piel dañada, así el pez inmunodeprimido no logra responder a la invasión de esta bacteria, lo que finalmente le ocasiona la muerte”, añade Sandra Bravo.

            Desde la industria destacan los constantes esfuerzos en investigación centrados en los principales agentes patógenos que afectan a los centros productivos. Es así como en los últimos años Intesal ha participado en distintos proyectos e iniciativas para aumentar el conocimiento en SRS y Cáligus y avanzar hacia una posible solución. En el caso de SRS, en particular, el año 2013 Intesal organizó un workshop internacional en el que participaron todos los expertos nacionales en SRS, además de los científicos líderes a nivel mundial en rickettsias y en inmunología de peces. “Ese taller definió una hoja de ruta para la investigación en SRS, la que ha sido recogida por el Centro de Enfermedades de Sernapesca, proyecto financiado por el Fondo de Inversiones Estratégicas del Ministerio de Economía y cofinanciado por la industria. Este proyecto, de 21 millones de dólares, que enfocará más del 90% de sus recursos al SRS y Cáligus, fue diseñado y formulado por Intesal, y luego recogido por el Ministerio de Economía y Sernapesca”, subraya Alfredo Tello.

            Desde el sector gubernamental, José Miguel Burgos acota que si bien el principal énfasis sanitario en agua mar son el control de la Piscirickettsiosis y la Caligidosis, Sernapesca tiene implementada una estrategia de vigilancia, que le permite realizar el seguimiento de las distintas enfermedades presentes o la detección de nuevas, como por ejemplo el Síndrome Idiopático de la Trucha, “el cual se encuentra bajo investigación oficial por parte del Servicio, en conjunto con investigadores nacionales y se está realizando un seguimiento para poder determinar la causa, la cual aún se encuentra bajo estudio ya que no está comprobado que sea un cuadro de origen infeccioso”.

 

Uso de antimicrobianos

            Otro aspecto que se visualiza como desafío en la industria salmonera chilena es el uso generalizado de antibióticos en centros de cultivo, lo cual, en opinión de Gladys Asencio, es consecuencia de condiciones sanitarias anómalas por incrementos productivos en áreas contiguas. Por ende, otro reto para la industria es lograr una disminución en su uso. “Para ello se deben mejorar las estrategias productivas, considerando variables como densidades por jaula y centro óptimas, barreras a la conectividad sanitaria entre áreas de cultivo, y desarrollar estrategias de manejo adecuadas para cada enfermedad”, agrega Asencio.

            Cabe señalar que el uso de antibióticos en la industria está asociado principalmente a la fase de engorda en el mar para el control de SRS. “En el 2014, de acuerdo a lo informado por Sernapesca, la industria utilizó 690 gramos de ingrediente activo, por tonelada de salmón producido, en tanto que Noruega declaró usar sólo 0,38 gramos por tonelada. De este total, el 63% correspondió a florfenicol; el 35% a oxitetraciclina; el 1% a flumequina y, el 1% restante a eritromicina. Del total de antibiótico usado en Chile el 96% fue usado en la fase de mar y, de este total, el 72% fue utilizado en salmón del Atlántico, el 17% en trucha arcoíris y el 11% en salmón coho”, acota Sandra Bravo. Para la especialista de la UACh sede Puerto Montt, a la fecha no hay información documentada respecto a los reales niveles de resistencia desarrollados por P. salmonis frente al florfenicol y oxitetraciclina. “El hecho de usar solamente dos fármacos para su control genera altos riesgos de desarrollo de resistencia, lo cual está altamente documentado en la literatura científica. Esto significa que las bacterias que sobreviven a los tratamientos se tornan resistentes, transmitiéndoles a la descendencia estos atributos, lo que  genera que los antibióticos usados para su control no entreguen la protección esperada, logrando solamente incrementar los niveles de resistencia en P. salmonis, pero también en las  bacterias que se encuentran en la columna de agua y sedimento, tema que está siendo ampliamente discutido, a nivel mundial, considerando los efectos finales que pudieran tener en la resistencia de bacterias que afectan al hombre”, asegura Bravo.

Para la investigadora de la Universidad Austral de Chile, aun cuando se declara que el salmón chileno que se exporta a los Estados Unidos, está libre de antibióticos, el tema de la inocuidad alimentaria preocupa cada vez más al consumidor. “Frente a este escenario, y frente a la escasa disponibilidad de antibacterianos, el control de los patógenos no debiera sólo enfocarse a cómo matar al patógeno, sino que debiera centrarse en un control integrado, basado en el bienestar de los peces, que incluya buenas prácticas en su manejo, selección de sitios adecuados para su crianza y un régimen de alimentación basado en dietas de alta calidad. La identificación de los factores que predispone a que los peces se enfermen es clave, esta es la base de los principios de producción animal”. ¿Cómo mantener a los peces sanos y así disminuir el uso de antibióticos? Según Sandra Bravo, los peces silvestres no se enferman, por lo que hay que poner atención a sus requerimientos en condiciones de cautiverio.

 

Integrar variables oceanográficas

            Desde la industria y en opinión de varios especialistas, otro reto sanitario de la industria en agua de mar es el de integrar variables oceanográficas al control de patógenos en la salmonicultura. Para ello ya se está avanzando a través de algunos proyectos, especialmente en relación a la diseminación del piojo de mar, lo cual es destacado desde Intesal. “Hay distintas iniciativas para trabajar en estrategias de control de enfermedades – en particular Cáligus – complementando información epidemiológica con información hidrodinámica. En Intesal consideramos que es importante avanzar en esta integración, pero es fundamental que la información oceanográfica esté validada. También es fundamental que las soluciones y/o estrategias que deriven de esto sean simples y viables de implementar. En Chile, a veces, tenemos una tendencia a sobre-complicar las cosas, lo que termina en soluciones que, en la práctica, no funcionan”, comenta Alfredo Tello.

 

            Para José Miguel Burgos, la variable oceanográfica juega un rol clave en la diseminación de las enfermedades, para lo cual Sernapesca se encuentra trabajando en conjunto con la fundación Australiana Csiro, la Subpesca y el IFOP, “en el marco de un proyecto FIE (Fondo de Inversión Estratégica) que nos adjudicamos este año -2015-, en integrar la información ambiental, oceanográfica, sanitaria y productiva y en algunos casos realizar levantamiento de información oceanográfica, que nos permitan tener información en tiempo real e integrada y con un enfoque de riesgo,  para la mejor toma de decisiones en los problemas sanitarios. Esto nos permitirá, por ejemplo, mejorar la estrategia de coordinación de los tratamientos para la caligidosis”.

Por Pedro Barra Léniz

Revista Mundo Acuícola

Edición 106

Diciembre de 2015

 



NOTICIAS RELACIONADAS