Sábado
19/08/2017
La nueva forma de la industria salmonera para controlar el piojo de mar
La nueva estrategia de control de Cáligus pone énfasis en la prevención y en la coordinación de todos los actores del rubro. ¿Será esto suficiente para que la salmonicultura chilena pueda controlar de la manera eficaz a este parásito?
17/06/2015


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La nueva forma de la industria salmonera para controlar el piojo de mar

Este año, el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura, Sernapesca, implementó una nueva versión del Programa Sanitario Específico de Vigilancia y Control de Caligidosis, PSEVC-Caligidosis. Dicho plan busca establecer un manejo integrado del piojo de mar, quea su vez tiene por objeto su detección temprana, la disminuciónde las cargas parasitarias y el control sobre sudiseminación.

¿Cómo ha sido la adaptación de la industria a este nuevo programa? y ¿cuáles son los aspectos que aún falta integrar a un plan de esta naturaleza? son algunas de las interrogantes que buscamos responder. Esto, tras consultar a miembros del rubro académico, a la propia industria y a la misma institución que vela por la buena condición sanitaria del sector salmonero.

Para cumplir con su objetivo macro, el nuevo Programa Sanitario Específico de Vigilancia y Control de Caligidosis tiene como fin determinar la presencia y abundancia de Caligus rogercresseyi en el tiempo y el espacio, en base al riesgo deinfestación de los centros por especie y zona de cultivo.A su vez, busca proteger a la población en riesgo a través de laimplementación de acciones oportunas ante la detección decentros de alta diseminación.

Así, la nueva estrategia de control de Cáligus pone énfasis en la prevención y en la coordinación de todos los actores del rubro. ¿Será esto suficiente para que la salmonicultura chilena pueda controlar de la manera eficaz a este parásito? Las opiniones son diversas, pero todas valoran los avances del programa que comenzó este año.

Una de las razones que llevó a elaborar un nuevo plan para controlar el piojo de mar en la industria salmonera chilena fue la mayor carga de parásitos en centros de cultivo en el primer semestre de 2013, con promedios cercanos a 14 AD totales, una cifra bastante similar al período pre virus ISA de 2007. Esto trajo consigo un estado de alerta en la industria, lo que motivó una serie de reuniones entre los distintos entes involucrados, con el fin de mejorar el programa en curso hasta entonces. Así fue como este verano se presentó el nuevo plan a los profesionales de la industria y hoy ya cumple poco más de cuatro meses de implementación.

Las mejoras del nuevo PSEVC-Caligidosis

Para Gladys Asencio, investigadora del Centro i-Mar de la Universidad de Los Lagos, este nuevo programa incluye entre las principales mejoras, respecto al anterior, la implementación del plan de gestión de caligidosis. “Es una herramienta que prioriza las aplicaciones de medidas de control coordinados entre centros y empresas, para limitar y ojalá eliminar las emergencias por caligidosis en las zonas en donde históricamente esta parasitosis ha sido complicada de manejar”.  La especialista también destaca las rotaciones y buen uso de fármacos, con objetivo de asegurar que los parásitos no desarrollen resistencia a corto plazo, así como prolongar la vida útil de dichos productos, además del incentivo para la búsqueda de nuevos productos y metodologías no farmacológicas para mitigar esta enfermedad. Esto permitiría el desarrollo de investigaciones que permitan a futuro entregar mejores herramientas de control, “las que espero, puedan ser implementadas y reducir el número de tratamientos farmacológicos en la industria del salmón”.

A juicio de Sandra Bravo, investigadora de la Universidad Austral de Chile, un avance del nuevo PSEVC de Cáligus es la rotación de tratamientos con distinta  composición molecular. “En este  programa  no se permite realizar más de tres tratamientos consecutivos  con un mismo producto, lo que contribuirá a retardar el desarrollo de resistencia por parte del parásito”. La especialista del Instituto de Acuicultura de la UACh también destaca la coordinación efectiva de los centros de engorda que  comparten una o más ACS, lo que en su opinión es un punto importante, “ya que se espera se ponga el foco en las características oceanográficas  imperantes en el área compartida, para así implementar estrategias de control centradas en la dispersión del parásito”. Como tercer punto, Bravo destaca el hecho de privilegiar el uso de métodos no farmacológicos para el control de Cáligus, “lo que se espera contribuya a prolongar la vida útil de los escasos medicamentos disponibles para su control, además de minimizar el uso de fármacos y el efecto que éstos puedan causar en el ambiente acuático”.

El ejemplo del barrio 10

Durante la presentación del programa este verano, se destacó al Área de Concesión Salmonera 10  (barrio 10) como ejemplo de un mejor manejo de la Caligidosis. Cabe recordar que dada su precaria situación en cuanto a las altas cargas parasitarias (sobre 30 adultos totales), en el año 2011 el barrio 10, ubicado en el mar interior de Chiloé, fue intervenido por Sernapesca. En ese tiempo no estaba disponible el azametifos y había que estar bañando casi cada 15 días, impactando el bienestar animal y los costos productivos, ya que para llevar a cabo todo eso, con una periodicidad tan acotada, estaba desenfocando el desempeño de las empresas presentes en dicha área. Así lo señala Jorge Mancilla, gerente técnico de Marine Harvest, firma que ha liderado el control de la caligidosis en dicha zona. “Al intervenir Sernapesca, quedó en evidencia que había malas prácticas de otros actores, lo que ayudó mucho a que en la nueva siembra que tuvo el barrio 10, en el año 2012, se partiera con una nueva coordinación. Esto incluyó reuniones regulares todos los meses”, sostiene el médico veterinario.

De acuerdo con lo comentado por Alicia Gallardo, subdirectora de Acuicultura de Sernapesca, “la ACS número 10 es uno de los barrios emblemáticos, en el cual tuvimos el primer brote de ISA”. Dicha área destaca por tener un alto número  de concesiones, múltiples especies y estados de desarrollo, en conjunto con la participación de diferentes empresas.  Incluso Sernapesca, debido a las altas cargas parasitarias, estableció medidas de manejo sanitario coordinado. “Posterior a esa crisis, la agrupación, en conjunto con los barrios N° 9, han trabajado constantemente en el fortalecimiento de la coordinación al momento de realizar los tratamientos por inmersión, junto con probar nuevas estrategias, tanto preventivas como de control, lo cual lo ha llevado a tener un buen desempeño sanitario en los últimos años.  El modelo aplicado en este barrio da cuenta de que la coordinación al realizar los baños es una de las estrategias claves para el control del parásito”, precisa Gallardo.

Por su parte, con el aporte de un laboratorio, un centro experimental, gestión prefrontera, más un mayor conocimiento de los fármacos disponibles, en el 2014 Marine Harvest comenzó a desarrollar alternativas no farmacológicas para el control de la caligidosis. “Eso significa que la empresa tiene una cantidad de dinero destinada a hacer pruebas en distintos centros de cultivo. Hasta la fecha, hemos probado cuatro de estas alternativas en los centros, además de otras diez que han ido quedando en el camino. Sabemos que el target para controlar el piojo es a través de las hembras ovígeras, para cortar el ciclo y la diseminación de los parásitos”, explica Mancilla.

En opinión del profesional de la firma salmonera, para un problema complejo no sirve sólo la experiencia de años, sino que hay que conocer del tema y estar al tanto de la dinámica poblacional del parásito. “Así como se está abordando el problema al día de hoy, con fármacos, se requiere de  otras alternativas.Estamos pidiendo que exista una vigilancia de la resistencia de los medicamentos, además de monitoreo de los peces silvestres que también son hospedadores del parásito (róbalo, lenguado de ojo chico y el pejerrey). También es importante poder trabajar en la dinámica poblacional del parásito, porque eso no lo conocemos. Y, pensando en largo plazo, la idea sería mantener el menor número de piojos, utilizando la mínima cantidad de productos químicos”, subraya el ejecutivo de Marine Harvest.

Jorge Mancilla cree que, a través de distintas áreas, como empresa han ayudado a trabajar la actual normativa. “Hemos participado en varias mesas técnicas y en lo que se refiere al actual programa, hemos impulsado bastante de eso”, comenta. Primero que todo, el equipo de salud que dirige considera que para mantener los resultados que se han logrado al día de hoy, se debe seguir trabajando con el modelo productivo que nació post crisis del virus ISA, que se basa en dos pilares: bienestar animal y bioseguridad. “Eso lo hemos tratado de hacer parte de todas las operaciones que mantenemos. Y, dentro de ello, tenemos un Plan Estratégico de Cáligus, que en función de análisis de riesgo que hacemos por otro lado. Cuando definimos los centros a sembrar, una parte importante dentro de ese análisis de riesgo considera la evaluación que hacemos de estos parásitos. Y, en función de eso, hemos categorizado en estas matrices cuál es el impacto del Cáligus, ya sea por centro o por barrio”, agrega.

Pero, ¿será suficiente con el cumplimiento de la normativa? A juicio de Jorge Mancilla, eso no basta y se debe desarrollar de manera apropiada mayor conocimiento científico. “Como el problema del Cáligus es muy complejo, Marine Harvest creó, en el año 2013, una Unidad de Cáligus, que tiene por objetivo hacer difusión científica de lo que se está haciendo”, cuenta. El trabajo que hace dicha unidad es monitorear la sensibilidad de los fármacos en todos los centros de la empresa bajo un programa, con centros piloto por barrio. La idea es establecer científicamente la sensibilidad del parásito a los distintos fármacos. Ya se ha trabajado más de un año con esa información y sirve para observar la carga ambiental de los piojos en los centros.

Hasta ahora, han encontrado que hay una buena correlación entre la sensibilidad in vitro y la eficacia en terreno (por alrededor del 78%). Pero, según su perspectiva, esa información no sirve de nada si no se puede transmitir a la industria y para ello se hace un trabajo coordinado entre las empresas. “El piojo no es problema que se resuelve de forma particular, sino que debe ser un trabajo de toda la industria, por lo que todo el conocimiento científico que generamos, lo dejamos disponible para el resto. De esa manera hemos logrado, casi sin quererlo, que esta Unidad de Cáligus tenga clientes externos, como empresas farmacéuticas”, cuenta Mancilla.

Además, en el año 2013 Marine Harvest levantó un Centro Experimental (Huenquillahue), proyecto que nació para probar un nuevo fármaco. Además, desde ese año también se está trabajando, junto a Fundación Chile, con biocontroladores. “Hemos ido escalando poco a poco y hoy estamos realizando un segundo ensayo con biocontroladores en el Huenquillahue. Todo esto forma parte de este Plan Estratégico de Cáligus. Si se habla del barrio 10, quien lidera dicho barrio es precisamente Marine Harvest y queremos tener ese mismo rol en otros barrios donde tenemos presencia”, puntualiza el gerente técnico de Marine Harvest.

Falta de vigilancia farmacológica

Para Rolando Ibarra, médico veterinario y jefe de salud del Instituto Tecnológico del Salmón,Intesal, de SalmonChile, este nuevo programa mezcla dos cosas importantes. La primera es lo positivo del programa antiguo, incorporando nuevos aspectos que tienen relación con la coordinación. “Además, incorpora un componente importante que tiene que ver con la ejecución del programa, que lleva la propia industria, con fuertes componentes de coordinación interna del programa”. Según Ibarra, también es relevante la incorporación de incentivos para no caer sanciones mayores.  Sin embargo, a su parecer, el nuevo plan carece de algo fundamental, que durante los últimos años han estado viendo con Sernapesca, como lo es un programa de fármaco vigilancia de los tratamientos. “Lo otro que se tiene que trabajar a futuro son las áreas de manejo. Hoy son los barrios en el programa, mientras que para la industria lo son las macrozonas. Pero es necesario establecer cuál es el área de influencia, con el fin de realizar un manejo más integrado. Porque los límites, desde el punto de vista oceanográfico, no necesariamente son concordantes con la diseminación de la enfermedad”, sostiene el profesional.

“En resumen, este programa representa un avance con respecto al anterior, que no fue muy exitoso, porque le dejó demasiada responsabilidad individual a cada centro y desincentivaba la coordinación. Hoy tenemos antecedentes concretos que señalan que la coordinación sí tiene efectos en la reinfestación del parásito, lo cual sí es abordado por el nuevo programa, que también considera la vigilancia a los centros de acopio, lo cual es un buen indicador. Otro aspecto positivo es el establecimiento de medidas de control sobre los centros en cosecha”, agrega el jefe de salud de Intesal.

Cristian Gallardo, subdirector del Centro FONDAP INCAR, comenta que aún falta generar medidas complementarias de vigilancia farmacológica.  “Creo que no sólo debe ser un tema de manejo integrado, lo cual está muy bien.  Pero faltan herramientas para entender los mecanismos de resistencia farmacológica.  Y eso está disponible públicamente.  Nosotros lo hemos desarrollado como INCAR, pero falta que la autoridad tome esa información y la integre a los programas”.  Según Gallardo, sólo así se podrá ver realmente si las medidas que se están implementando realmente generan un impacto, mediante estos marcadores moleculares que ya se han desarrollado.  “Falta meter un poco más de ciencia que ya se ha desarrollado.  Justamente estamos sacando un paper donde evaluamos, a nivel molecular, el efecto del peróxido de hidrógeno y otros aspectos interesantes que, sin duda, van a afectar la resistencia.  Toda esta propuesta que los baños no sean continuos va generando un efecto acumulativo a nivel de la resistencia, pero hay que evaluar qué tan crítico es y en qué zonas”.  Para el investigador del Centro INCAR, además falta tener ceparios, como Noruega, que evalúa la resistencia por cada cepa.  “Actualmente, como INCAR, estamos generando gran cantidad de información, que permitiría poder aislar cepas, poder contrastarlas y luego ver cómo va la vigilancia de los fármacos. Es decir, existe la tecnología para poder vigilar la resistencia farmacológica, pero ésta debe implementarse en estos programas”, puntualiza.

Mayor control de hembras ovígeras

También desde el mundo académico, Sandra Bravo, de la UACh, precisa que, sin duda, sería  relevante contar con los estudios de dirección y velocidad de corrientes en las regiones donde se  centra  la engorda  de salmones.  Esto permitirá no sólo explicar la dispersión de los estadíos libres de Cáligus, sino que también contribuirá a un mejor manejo epidemiológico de virus  y bacterias que  afectan a los salmones de cultivos. “Esta es una industria que tiene más de 30 años  de operación y  aun no se cuenta con esta información oceanográfica que es esencial para la operación de los centros de engorda”, comenta.

Por otra parte, para Bravo es difícil entender por qué, a pesar  de los cursos impartidos  a los  muestreadores  de Cáligus, “se insiste en clasificar a estos parásitos en adultos móviles (hembras  sin saco + machos)  y hembras  ovígeras, cuando está  documentado que son las hembras, con y sin sacos, las responsables de la generación de las camadas de nuevos parásitos”. Según la especialista, las hembras han mostrado ser más resistentes  a condiciones  ambientales  adversas  y también presentan mayor supervivencia  frente a los tratamientos farmacológicos. “De hecho, en el Hemisferio Norte el foco está puesto en las hembras de Lepeophtheirus  salmonis (con sacos y sin sacos), las que también producen 11 camadas con la cópula de un solo macho. Por lo demás, está también documentado que la hembra, una vez que alcanza el estado adulto, es inmediatamente copulada por un macho. La clasificación de estados móviles en L. salmonis está referida a los ejemplares preadultos que componen el ciclo de vida del género Lepeophtheirus, los que son difíciles de diferenciar de los machos en esta especie”, precisa la investigadora UACh.

Según su análisis, la información que se muestra a Sernapesca en estas  condiciones, no permite  realizar un análisis epidemiológico que dé cuenta de la real tasa de infestación del parásito por área, ya que se pierde la categoría de hembras sin sacos, lo que podría superar el 50% de error. 

En opinión de Gladys Asencio, el control de esta epizootia debería realizarse a través de un manejo integrado de diversas metodologías (productivas, biológicas, químicas y físicas), las que deberían ser dirigidas a controlar la relación salmón-parásito-ambiente.  Por ello, el desconocimiento, a la fecha, de muchas de las interacciones que se producen en esta asociatividad, dificultaría el control efectivo de Caligus  rogercresseyi en esta industria.  Por esto, según Asencio, las mejoras futuras a este programa deberían incluir medidas que integren a los juveniles y embriones de este parásito, reduciendo con esto la generación de nuevos focos de diseminación de la enfermedad, ya que al limitar el número de hembras ovígeras, no se garantiza la eliminación de larvas que se diseminan entre bahías y canales de las regiones de Los Lagos y Aysén.

Además, para la investigadora, se debería considerar la respuesta inmune de los peces, permitiendo con ello una defensa efectiva frente al arribo de infecciones de ésta y otras enfermedades, junto con incluir un mayor y mejor conocimiento del ambiente en el que se desarrolla la salmonicultura, ya que las zonas seleccionadas para esta actividad, son las que habita preferentemente Cáligus y sus hospederos nativos.  “Por esto es crucial conocer, a corto plazo, el rol en la sobrevivencia y dispersión de esta enfermedad  de variables como: mareas, corrientes y flujos de agua, así como, las características químicas, y biológicas (vegetal y animal) de cada área, lo mismo que las actividades humanas (pesquería, transporte, turismo) que se desarrollan en ellos”, comenta la especialista del Centro i-Mar.

Revista Mundo Acuícola

Edición 102

Abril-mayo de 2015



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