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24/06/2017
Los costos que genera el control del piojo de mar en Chile
Por Sandra Bravo, Universidad Austral de Chile
16/10/2014


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Los  costos que  genera el control del piojo de mar  en Chile

Caligus rogercresseyi (Boxshall & Bravo), es uno de los patógenos más importante y de mayor impacto económico que enfrenta la industria del salmón en Chile. Los daños económicos provocados por Cáligus están relacionados con la pérdida de calidad del producto final, con el crecimiento retardado de los peces parasitados, con el incremento de la susceptibilidad frente a otros patógenos y por los costos generados por los tratamientos.

A diferencia de Lepeophtheirus salmonis que parasita a salmones de vida silvestre en el hemisferio norte, los copépodos descritos para Chile son parásitos naturales de los peces marinos en el hemisferio sur. Los primeros reportes de Cáligus en Chile datan de 1940 y entre los peces silvestres parasitados se destacan rayas, merluzas, lenguados, róbalos y pejerreyes entre otros. A la fecha se han descrito para Chile ocho especies del género Cáligus y 10 del género Lepeophtheirus, todos ellos parásitos de peces marinos, pero solamente Caligus teres, en los inicios de la industria del salmón y Caligus rogercresseyi a partir de 1997, han sido reportados como los parásitos de mayor riesgo sanitario para los salmones de cultivo en Chile.

C. rogercresseyi presenta ocho estados de desarrollo, tres planctónicos (dos estados de nauplius  y un copepodito) y cinco estados de parasitismo (cuatro estados de Chalimus y  un estado adulto). El salmón del Atlántico (Salmo salar) y la trucha arcoiris (Oncorhynchus mykiss) son las especies salmonídeas que han mostrado ser altamente susceptibles a C. rogercresseyi. Por lo contrario, el salmón coho (Oncorhynchus kisutch) presenta resistencia bajo las mismas condiciones de cultivo, siendo parasitado solo por estadios juveniles (chalimus), que no logran alcanzar el estado adulto en esta  especie  salmonídea.

Los primeros productos usados para el control de Cáligus en Chile fueron organofosforados  aplicados por  baño (Neguvón y Nuvan), hasta que en los años 1980s hicieron su aparición los tratamientos aplicados oralmente  a través del alimento. La ivermectina fue aplicada en Chile por un período de 10 años hasta que fue reemplazada por el Benzoato de Emamectina (SliceTM®), ambos productos con efecto sobre todos los estados de desarrollo del parásito. La ivermectina, fue prohibida a fines de los año 1990s, posterior a la aparición del Slice® en el mercado internacional, por  su elevada  toxicidad y efecto sobre el medioambiente marino.  En el período 2000-2007 solamente el benzoato de emamectina fue autorizado para el tratamiento de Cáligus en Chile. Posterior a la evidencia de resistencia desarrollada por C. rogercresseyi al benzoato de emamectina en el año 2007, fue autorizado el piretroide Deltametrina (AlphaMax ®); en el 2009 el inhibidor de quitina Diflubenzurón; en el 2010 el piretroide Cipermetrina (Betamax ®) y a partir de Marzo del 2013 el organofosforado Azametifos.

Los productos utilizados para el control del piojo de mar, corresponden a pesticidas  que  fueron inicialmente desarrollados para el control de parásitos en la ganadería. Todos tienen efectos adversos para el ambiente acuático si no son usados  apropiadamente. Estos pesticidas deben tener la capacidad de matar al parásito, sin provocar toxicidad en el hospedador y deben ser inocuos para el medio ambiente, a las  concentraciones y períodos de aplicación recomendados por los laboratorios que  desarrollaron el producto. El mal uso de estos  productos puede provocar  problemas  en el ambiente acuático y en los organismos vivos que habitan en las zonas circundantes.

De acuerdo a cifras de uso de pesticidas declaradas por Sernapesca y de precios proporcionados por laboratorios farmacéuticos, los costos generados solo por la compra de pesticidas para el control de Cáligus en el año 2013, fueron  del orden de  los US$80 millones, lo que equivale a US$0,10/ kilo pez, cifra  que  fue  112%  más  alta  que  en el año anterior. Estos valores no consideran los costos generados por la aplicación de los tratamientos ni otros efectos causados por la Caligidosis. Se ha  señalado que los costos  que  generó  el piojo de mar a  nivel  global en el  2006 fueron  del orden de los US$480 millones, equivalentes  a   US$0,1 y US$0,2 por  kilo de pez, siendo  Noruega  y Chile  los países  que  más  contribuyeron a  estas  cifras. De  hecho, Noruega en el 2012 utilizó 6.810  kilos de  ingrediente activo (I.A.) para el tratamiento de 1.312.274 toneladas de  salmón cosechado (5,19 g I.A./ton salmón), mientras  que Chile  utilizó para el mismo año 3.260 kilos de ingrediente activo para las  660.990  toneladas  de salmón del Atlántico y truchas  cosechadas (4,93 g I.A./ ton salmón), lo que  no incluye  los 2.538.000 litros de peróxido de  hidrógeno utilizados  ese  año  por  Noruega.

Además del costo económico, el uso de  pesticidas  tiene  asociado un costo ambiental, estos pesticidas son inevitablemente liberados al ambiente marino generando efectos adversos para la vida marina. Para el caso de los tratamientos orales, el pesticida  es  liberado a  través del alimento medicado no consumido  y también a través de la orina y principalmente fecas excretadas por los peces medicados. Para el caso de los tratamientos por  baño, una  vez  finalizado el período de aplicación, el pesticida  es liberado  en el mismo sector, arrastrado  por la corrientes y  depositado  en el  fondo marino. En un estudio desarrollado en Escocia, se señala que la liberación de piretroides aplicados en baños para el control de Cáligus en salmones cultivados, puede potencialmente crear una pluma de hasta 1 km2, manteniendo niveles de toxicidad relevantes por varias horas.

Los flubenzurones, diflubenzurón y teflubenzurón son suministrados oralmente y transmitidos al parásito vía mucus del pez. Actúan interfiriendo con la síntesis de quitina, por lo que  son efectivos  contra  los estados del parásito que  desarrollan  muda (chalimus). Estudios farmacocinéticos  han  demostrado  que  estos  compuestos son pobremente absorbidos en el tracto gastrointestinal de los salmónidos, registrándose  solo 10% de retención de la dosis  suministrada, por lo que  el  90% restante es directamente liberado al ambiente marino, persistiendo en el sedimento bajo las  jaulas por  más  de 100  días, de acuerdo  a estudios desarrollados  en Noruega. El benzoato de emamectina también suministrado  oralmente, actúa interrumpiendo la transmisión de señales en el sistema nervioso, actúa  sobre todos  los estados de desarrollo  del piojo de mar y  al igual que los  flubenzurones  es transmitido al parásito a través del  mucus del pez. Tiene una baja  solubilidad en agua de mar y presenta una  absorción del orden del 55 y 75%  en el tracto gastrointestinal de los salmónidos. De acuerdo a la  información disponible, la  vida media  de  este  producto en el sedimento marino podría  ser mayor a  100 días.  Por otro lado, los  piretroides sintéticos Cipermetrina y Deltametrina aplicados  por baño, actúan como una neurotoxina de acción rápida sobre el sistema nervioso central. Son poco solubles en agua, y dependiendo de las características  del sedimento, pueden  permanecer activos entre  35  y 80 días en el sedimento. La literatura señala que el uso de la Cipermetrina y Deltametrina en ambientes acuáticos, dependiendo de la concentración, puede ocasionar daños a otros organismos como cladóceros, microalgas y peces. En estudios realizados con mitílidos en Europa se concluyó que dependiendo de la concentración, estos piretroides pueden afectar la actividad valvar e inhibir la capacidad de generar nuevas hebras de biso en Mytilus galloprovincialis y Mytilus edulis. Los  pesticidas organofosforados (OPs), altamente  solubles  en agua, afectan el sistema nerviosos central  del parásito, al inactivar la  enzima  acetilcolinesterasa (AChE). Son considerados altamente tóxicos para los insectos y crustáceos acuáticos.

Frente a  este  complejo escenario y frente  al hecho  de  que el piojo de mar desarrolla resistencia  contra los  pesticidas  usados para su control,  el uso responsable de estos productos  y  la búsqueda  de métodos  alternativos  para  combatir a Cáligus es prioritario. 

 



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