Sábado
24/06/2017
El “iceberg” que la industria del salmón no quiere ver
Por Rodolfo Infante, gerente general Stofnfiskur Chile
16/10/2014


17093 veces leida   BoletinSuscripción Boletín  Enviar NotaImprimir    



El “iceberg” que la industria del salmón no quiere ver

rodolfo@stofnfiskur.is

 

Desde los ya lejanos inicios de la actividad salmonera privada en Chile, en 1981, son innumerables los exitosos avances tecnológicos que se han adoptado, adaptado y/o desarrollado.  Sin embargo, hoy resulta incomprensible que en pleno siglo XXI, casi toda la industria esté sustentada en un sistema de producción lleno de incertezas, nunca antes probado, contrario al ciclo natural del salmón y atentatorio al bienestar animal que pregonamos defender.

Los salmones son anádromos por naturaleza, es decir, requieren, durante su ciclo vital, de un ecosistema dulceacuícola y de uno marino para desarrollar con éxito todas sus necesidades y potencialidades genéticas productivas y reproductivas.

En Chile modificamos lo anterior: incluimos forzosamente un ciclo tipo “no anádromo” en agua dulce para reproducción, dentro de un esquema anádromo de engorda.  Es decir, un engendro único en el mundo que con seguridad nadie se atreverá a replicar, pues existe suficiente y sólida investigación científica internacional que explica las desventajas que resultan de ello, algo de lo que hemos hecho oídos sordos, aún cuando las reiteradas evidencias productivas indican que algo no está funcionando como corresponde en nuestra industria.

 

¿Qué motivó en Chile la adopción de este “innovador” sistema de producción y la porfía en mantenerlo?

 

La crisis post virus ISA generó importantes cambios regulatorios en la industria y el replanteamiento de paradigmas que modificaron la manera tradicional de cultivar salmones en Chile.  Uno de esos cambios fue la necesidad de aislar a los reproductores del riesgo sanitario del medio marino, llevándolos a cultivo en estanques en tierra.

Fue justamente ahí donde se generó el problema y/o la confusión, pues la autoridad sanitaria jamás exigió que los reproductores fueran criados bajo condiciones de agua dulce permanente, sino que sólo fuesen mantenidos en tierra, alejados del riesgo marino, en el bien entendido que el control sanitario sería más efectivo si se ejecutaba en tierra firme.  Por lo demás, un principio que responde a toda lógica.

Siguieron millonarias inversiones en las pisciculturas para ampliar la capacidad de volumen de agua que permitiría recibir y albergar a los reproductores de manera permanente.

El modelo se replicó y propagó rápidamente por la industria, condenando a vivir una vida forzada en agua dulce a peces que necesitaban estar parte de ella en el mar.  Paralelamente, y casi desde la más completa ignorancia, se incubaba un flagelo autoinmune que dañaría silenciosamente el ciclo de cultivo de agua dulce, la génesis del negocio salmonero, cuyos impactos no se diluyen sino hasta la misma cosecha, con costos económicos que ponen en riesgo la ya frágil viabilidad de la industria.  Luego de varios años de funcionamiento con dicho esquema, sumado a muchos millones de dólares en inversiones piscícolas, en ubicaciones geográficas equivocadas y distantes de la necesaria fuente de agua salada, se hacía muy poco probable que las altas direcciones de las empresas reconocieran dicho yerro y hoy se sigue abundando en lo mismo.  Aquí cabe meditar respecto de la oportunidad del uso de aquella frase que dice que: “la ignorancia causa más pérdidas que el terrorismo”.

 

El respaldo científico que advierte del riesgo incurrido

La permanencia forzada de salmones en agua dulce durante toda su vida, ha sido motivo de estudio científico obligado, pues bajo esta nueva condición ocurren cambios dramáticos que afectan, por sobre todo, elementos clave de la transición fisiológica de parr a smolt, en relación al desarrollo preparatorio para la vida marina, por reducida tolerancia de los tejidos osmorreguladores.  Lo anterior ha ocurrido naturalmente a través de eventos geológicos espontáneos que han impedido que peces anádromos regresen al mar, confinándolos a una vida en agua dulce en ríos o lagos, a los que se les conoce como “landlocked” o peces confinados a la tierra.

Actualmente el noruego Dr. Tom Nilsen es quien lidera este tema a nivel mundial junto a sus colaboradores L. Ebbesson y S. Stefansson.  El canadiense T. Birt también ha realizado importantes aportes al conocimiento de los salmones confinados a vida en agua dulce o “landlocked”.  Todos estos investigadores coinciden en características comunes de estos stocks de salmones, con vida dulceacuícola, comparados a sus hermanos anádromos previo a la época de la esmoltificación: La actividad de ATP-asa branquial del Na y K es consistentemente menor al esmoltificar; presentan un menor número de células de cloruro branquial y de menor tamaño; un alto porcentaje de machos post smolts maduran precozmente; la pigmentación es menos plateada y el cuerpo menos fusiforme que los smolts anádromos.  Tras contacto directo con el Dr. Tom Nilsen y al consultársele sobre este tema, su respuesta fue que “manteniendo una cepa anádroma en agua dulce con el tiempo puede proporcionar algunos cuellos de botella en el futuro”.  Luego añadió que “el aspecto más incierto con el modelo de producción chilena es hacia una posible pérdida de la tolerancia preparatoria al agua de mar durante la esmoltificación.  Si este es el caso, esto será una consecuencia perjudicial para el rendimiento a largo plazo de los peces en engorda.  A través de la cría intensiva, se verá potencialmente una pérdida gradual del desarrollo preparatorio de la tolerancia al agua de mar durante la esmoltificación.  La velocidad y la gravedad en la que se produciría dicho desarrollo evolutivo es difícil de prever”.

En resumen, los peces originados de padres con origen de agua dulce forzada manifiestan, de una u otra manera, una menor capacidad adaptativa al medio marino, lo que puede reflejarse en detrimentos productivos si se les compara a sus hermanos anádromos.  La velocidad y severidad en que dichos cambios ocurren es de difícil predicción, pero definitivamente ocurren.

 

¿Qué evidencias hay en Chile de la limitada capacidad de adaptación marina de peces originados desde ovas producidas totalmente de ciclo en agua dulce?

Hoy es vox populi entre los profesionales de los centros de cultivo en mar que la calidad de los smolts de salmón del Atlántico decrece año tras año.  El porcentaje de desadaptados aumenta, lo que hace a los grupos más atractivos y vulnerables al ataque de lobos, los que también han aumentado considerablemente.  La mortalidad “sin causa aparente” también es un semáforo en rojo en la misma dirección.  Los peces eliminados también constituyen niveles preocupantes.

Las cifras oficiales del Sernapesca del primer semestre del año 2014 son escalofriantes: del total de la mortalidad en el cultivo en mar de Salmo salar, las cuatro clasificaciones arriba señaladas, según preocupaciones de los propios técnicos, suman un 47,4 % del total de las pérdidas.  Las mortalidades por enfermedades infecciosas sólo suman un 24,9 %.

Con lo anterior, podemos al menos inferir que los peces no se mueren principalmente ni por SRS ni por el IPN en el mar.  Parece mucho más preocupante que los peces estarían perdiendo aquella capacidad de preparación y adaptación al medio salino cuando ingresan como smolts.  La variable de producir las ovas en agua dulce podría ser la respuesta a buena parte de nuestros problemas y altos costos de producción.  Todavía es tiempo de enmendar nuestros errores; la naturaleza no se equivoca.

 

Revista Mundo Acuícola

Edición 98

Julio-agosto de 2014



NOTICIAS RELACIONADAS