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Riesgos sanitarios en la importación de ovas de peces
Por Sandra Bravo Segura, investigadora del Instituto de Acuicultura, Universidad Austral de Chile, UACh.
21/07/2014


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Riesgos  sanitarios  en la  importación de ovas de  peces

 

A partir de 1992, cuando Chile se posicionó en el mundo como el segundo productor de salmones, después de Noruega, se comenzó a registrar un incremento en la diversidad de patologías introducidas al país lo que  de alguna manera reflejó el relajamiento de la industria y de la autoridad, en términos del control a las ovas importadas.

 

La importación de ovas es uno de los principales riesgos identificados para la introducción de patógenos entre zonas geográficas por la OIE, y también en las  regulaciones de los distintos países para los cuales la acuicultura es una actividad económica relevante.  Está ampliamente documentado que los  patógenos septicémicos, virus y bacterias que afectan a los peces, son transmitidos verticalmente desde padres portadores a su progenie (ovas).  Los  riesgos en este tipo de transmisión han sido medianamente resueltos a través de medidas profilácticas, como es la desinfección de ovas con yodoforos.  Sin embargo, existen patógenos que se transmiten intraova, como es el caso de Renibacterium salmoninarum (BKD); Piscirickettsia salmonis (SRS), el virus de la Necrosis Pancreática Infecciosa (IPN) y el parásito intracelular Nucleospora  salmonis, y para estas patologías los tratamientos profilácticos con yodoforos   no tienen efecto, por lo que el conocimiento de la situación sanitaria de los establecimientos desde donde son introducidas las ovas es relevante, no bastando sólo con el screening a los reproductores.

 

La normativa sanitaria chilena se ha tornado más estricta a partir del 2007,  posterior a los brotes de ISA.  En el año 2008, la Enfermedad del Páncreas (PD) se incorporó en el Listado de Enfermedades de Alto Riesgo (EAR Lista 1) por tratarse de una enfermedad exótica y por el elevado impacto que implicaría su ingreso y diseminación en Chile.  Como consecuencia de esta incorporación, la importación de especies vivas, incluidas las ovas de salmónidos, sólo podían realizarse desde países, zonas o centros libres de la enfermedad, conforme lo establecido en el reglamento 626.  A partir  del  15 de mayo  del 2010 la  normativa señala que la importación de ovas sólo puede realizarse desde países libres de PD (Resolución Nº873).  A la fecha, los únicos países que cumplen con esta restricción son Islandia y Dinamarca.  A  julio del 2013 fueron importadas 49,3 millones de ovas, de las cuales el 49,3%  correspondió a ovas de salmón del Atlántico importadas desde Islandia y el 50,7% correspondió a  ovas de  trucha  arcoíris importadas desde Dinamarca.

 

Los patógenos más estudiados en la acuicultura son los que afectan a los salmónidos, y existe una larga lista de bacterias y virus que afectan a este  grupo de peces, pero en la medida que se incrementan los volúmenes de cultivo emergen nuevos patógenos, como es el caso de la Inflamación del Músculo Esquelético y Corazón (HSMI), enfermedad causada por un piscine  reovirus (PRV) presente en Chile, desde el 2011, y el de la nueva enfermedad, aparentemente de etiología viral, que afecta desde agosto del 2013 a la trucha  arcoíris, cultivada en agua dulce en Noruega (Norwegian Veterinary Institute), por lo que la introdución de patógenos emergentes a través de las ovas  importadas siempre será un riesgo.  El riesgo que presentan las ovas  importadas no es sólo para las enfermedades no presentes en el país, lo es también para la introducción de patógenos ya diseminados en el país, para  los cuales no existe control efectivo a través de fármacos y tampoco vacunas  efectivas para su prevención, incrementando así la prevalencia de éstos, sobre  todo para los patógenos que se transmiten intraova.

 

Revista Mundo Acuícola, edición 97 (año 2014).



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