Lunes
27/03/2017
Efectos del lavado de redes in situ sobre la salud de los peces
El lavado de redes in-situ sin dudas aporta con material particulado, provocando obstrucción de las lamelas e interfiriendo en el intercambio de gases. Además, genera en las branquias un nicho propicio para el asentamiento de bacterias y parásitos.
27/11/2013


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Efectos  del lavado de redes  in situ sobre  la  salud  de los peces

Por Dra. Sandra Bravo

Instituto de Acuicultura

Universidad Austral de Chile

 

 

El éxito del pez para sobrevivir depende de su capacidad para obtener oxígeno del medio externo. El oxígeno es capturado a través de las branquias, encargadas del proceso  respiratorio,  las cuales son altamente vascularizadas. La sangre  se encarga de transportar el oxígeno a los tejidos y descargarlos a los mismos. De igual manera, el dióxido de carbono (CO2), que resulta de la oxidación celular de los compuestos que contienen carbono, debe ser transportado en la sangre y eliminado a través de las branquias.

 

El aprovechamiento del oxígeno del agua respirable es mejorado no solamente por la subdivisión de los filamentos branquiales en laminillas; también lo incrementa la dirección de la corriente sanguínea y la circulación del agua.  Este proceso consiste básicamente en un sistema de contracorrientes, donde el gradiente del oxígeno del agua, fluyendo desde el lado oral al aboral de las branquias, decrece a medida que la sangre en las laminillas corre desde los vasos sanguíneos aferentes de las laminillas aborales a los eferentes de las laminillas orales. La contracorriente de la sangre respirable mantiene una gradiente de difusión suave en las branquias para que penetre el oxígeno y se desprenda el dióxido de carbono en el pez.

 

 

Disponibilidad  de oxígeno en el mar

La concentración de oxígeno disponible en el agua es menor que el oxígeno disponible en el aire. El aire tiene aproximadamente un 20% de oxígeno, es decir, 1 litro de aire tiene aproximadamente 200 ml de oxígeno a una presión parcial (150 mm Hg o 0,2 atmósferas). La cantidad de oxígeno disuelto en el agua difiere dramáticamente de la cantidad de oxígeno presente en el aire, aún cuando la presión parcial del agua sea la misma a la del aire. El agua contiene 20 a 30 veces menos oxígeno por unidad de volumen que el aire. La  solubilidad del oxígeno en el agua decrece cuando la temperatura se incrementa y también con el incremento de la salinidad.  Es así que, para una misma temperatura, el nivel de oxígeno disuelto en el mar, bajo condiciones normales, tiene aproximadamente un 20% menos que en agua dulce.

Bajo condiciones favorables los peces pueden remover entre 85 a 90% del oxígeno disuelto en el agua que pasa a través de las branquias. Tal eficiencia en la remoción ocurre cuando el oxígeno disuelto es alto y el volumen respiratorio bajo. Normalmente, el rango fluctúa entre 50 al 60% pero bajo condiciones de bajo oxígeno disuelto, altas temperaturas e incremento del volumen respiratorio, la utilización puede caer entre el 10% y 20% y aun más bajo. Los requerimientos de oxígeno, por parte de los peces, varían con la actividad, temperatura y consumo de alimento.

 

 

Efectos letales y sub-letales en salmónidos bajo condiciones de restricción de oxígeno disuelto

Las branquias además de ser los órganos en los cuales se realiza el intercambio de gases, es también un excelente sitio para la transferencia de agua, iones y calor.  Esto deja a los peces en una situación comprometedora, en la cual la respiración óptima no es posible, debido a que las branquias están  también asociadas a problemas de osmorregulación.

Los peces deben bombear grandes cantidades de agua a través de su superficie respiratoria para obtener cantidades razonables de oxígeno o estar limitados a una baja tasa metabólica. No solamente el volumen es necesariamente grande, el agua es también 800 veces más densa que el aire por lo que el gasto energético es comparativamente más alto al bombear desde el agua. Como a mayor temperatura se incrementa la tasa metabólica de los peces, la respiración disminuye la concentración de oxígeno en el agua más rápidamente, lo que puede provocar un estrés considerable y en casos severos la muerte.

Concentraciones menores a 5 ppm debieran provocar reducción del crecimiento; 3 ppm es considerado como el punto letal para peces de agua dulce con temperaturas de verano, pero las dificultades respiratorias comienzan a manifestarse bajo los 5 ppm. En verano, el límite mínimo recomendable es de 5 ppm; 4 ppm produce disnea (dificultad para respirar); 3 ppm produce una muerte lenta y 2 ppm una muerte rápida.

Un incremento en la ventilación respiratoria en los peces de cultivo es a menudo indicador de estrés y está normalmente asociado a falta de oxígeno en el agua. La obstrucción de las branquias por detritus y material particulado suspendido en el agua, es uno de los  principales factores que interfieren en el intercambio de gases a nivel branquial. Esto provoca un estrés considerable que se traduce  en una  baja  inmunológica,  propiciando el desarrollo de una enfermedad.

El lavado de redes in-situ sin dudas aporta con material particulado, provocando obstrucción de las lamelas e interfiriendo en el intercambio de gases, pero además, genera en las branquias  un nicho propicio para el asentamiento de bacterias y organismos parásitos oportunistas, como es el caso de las amebas, que se ven favorecidos por el detritus  acumulado.  El pez trata de liberar a las laminillas branquiales de la presencia del detritus acumulado, produciendo fuertes aducciones de las hemibranquias, de tal manera que al juntarse producen una especie de “tos”, que trae como consecuencia un barrido violento con agua sobre las laminillas.  Sin embargo, esta acción no siempre es exitosa en los peces sometidos a cultivo, provocando así una  mayor situación de estrés.

El lavado in situ genera material particulado en suspensión, el cual inevitablemente es atrapado  en las branquias de los peces.  La situación será más severa para los peces a mayor  temperatura  y cuando las  disponibilidad de oxígeno en el mar es menor.

 

Artículo publicado en edición 94

Revista Mundo Acuícola