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30/03/2017
Los desafíos de la acuicultura chilena en sustentabilidad ambiental
En esta edición especial, quisimos conocer acciones concretas y los desafíos que aún tiene que resolver la industria acuícola nacional para desempeñarse de mejor manera con su entorno ambiental.
01/08/2013


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Los desafíos de la acuicultura chilena en sustentabilidad ambiental

Actualmente, mucho se habla de la importancia de la sustentabilidad ambiental en el desempeño de los distintos sectores industriales de nuestro país.  La acuicultura no está ajena a esta tendencia y es así como los gremios del rubro están poniendo mucha más atención a su entorno que hace algunos años.  En esta edición especial, quisimos conocer acciones concretas y los desafíos que aún tiene que resolver la industria acuícola nacional para desempeñarse de mejor manera con su entorno ambiental.  En este primer acercamiento, tomamos la opinión de los gremios productivos, algunas empresas y organizaciones vinculadas con el medio ambiente, para más adelante ver de qué manera la industria está abordando sus problemáticas ambientales.

Industria en crecimiento

En las últimas décadas, la acuicultura nacional ha registrado un crecimiento significativo, explosivo en sus inicios, a tal punto que rápidamente pasó a convertirse en una actividad de gran relevancia económica para el sur de Chile.  Fruto de esa rápida irrupción, muchas veces sin control, en los últimos años, la acuicultura chilena y, en especial el sector salmonero, han sido blanco de fuertes cuestionamientos a sus prácticas medioambientales por parte de Organizaciones No Gubernamentales, comunidades y pescadores artesanales.  Lavado de redes in situ, basura en las playas y pérdida de la biodiversidad marina a causa de los residuos de los centros son algunos de los cuestionamientos hacia esta industria, que representa una de las principales fuentes de trabajo en el sur de Chile.

Por su parte, este sector productivo ha tenido que lidiar con episodios sanitarios que han puesto en vilo al rubro.  De hecho, la crisis del virus ISA trajo un cambio normativo que, sin duda, provocó una mayor preocupación en las prácticas ambientales de las empresas del rubro.  Así es como actualmente el desarrollo de la salmonicultura con sustentabilidad medio ambiental, económica, sanitaria y social es uno de los pilares de la Asociación de la Industria del Salmón de Chile, SalmonChile A.G.  Pero, ¿existen acciones concretas de un cambio de paradigma productivo y una mejora en las prácticas medioambientales? ¿Cuáles son los desafíos que aún tiene que resolver la industria acuícola nacional?  Son algunas de las preguntas que, de alguna forma, trataremos de responder en este especial sobre sustentabilidad ambiental en la acuicultura chilena.  Esto, tomando la opinión de los gremios productivos, algunas empresas y organizaciones vinculadas con el medio ambiente.

Los inevitables efectos de la industria acuícola

Para la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura, FAO, el crecimiento de la acuicultura en todo el mundo implica la expansión de las áreas cultivadas, centros de cultivo de mayor tamaño y mayor densidad de individuos en los cultivos.  La entidad afirma que, a nivel mundial, la acuicultura ha aumentado su impacto social y económico a través de la producción de alimentos, la generación de ingresos, además del suministro de semillas para la repoblación de especies acuáticas amenazadas o sobreexplotadas.  Sin embargo, según la FAO, cuando es mal administrada, la acuicultura puede afectar las funciones de los ecosistemas y los servicios con consecuencias ambientales, sociales y económicas negativas.

Según el estudio “Investigación para el desarrollo de Área Marina Costera Protegida Chiloé, Palena y Guaitecas”, ejecutado por la Universidad Austral de Chile, el efecto de la industria acuícola en el entorno marino se refleja principalmente en la acumulación de materia orgánica (alimentos y fecas) y productos químicos, como antibióticos, medicamentos y desinfectantes, tanto en la columna de agua como en el fondo marino.  De esta forma, se han constatado perturbaciones físicas, químicas y biológicas del sustrato bajo las instalaciones acuícolas, con un decrecimiento de fauna previa de un 50%.

Este es sólo uno de los cuestionamientos a la industria acuícola chilena.  Porque si bien se sabe que toda actividad productiva tiene un efecto en su entorno, la industria ha sido protagonista de acusaciones de causar impactos ambientales y sociales adversos.  La crisis del virus ISA fue para muchos la consecuencia de años de malas prácticas sanitarias y medioambientales, y la explosión de una burbuja que, tarde o temprano, iba a reventar.  Esto se explicaría en lo que señala la misma FAO en su Enfoque Ecosistémico a la Acuicultura, donde se afirma que “las dimensiones sociales y biofísicas de los ecosistemas están  íntimamente relacionadas, de manera que es muy probable que un cambio en una dimensión genere un cambio en la otra.  Aunque el cambio es una  consecuencia natural de las interacciones complejas, éste debe ser controlado e incluso manejado si el ritmo y la dirección del cambio  amenazan con afectar la resistencia del sistema”.

Principales cuestionamientos a la acuicultura

A lo largo de la historia de la acuicultura chilena, las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) han sido las principales voces críticas de esta industria.  Los dardos han apuntado a la actividad salmonera.  La Fundación Terram es una de estas organizaciones y según Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de esta ONG, “en materia ambiental, la salmonicultura deja bastante que desear, pues crecientemente vemos que surgen problemas sanitarios y ambientales.  Esto pese a las modificaciones efectuadas a la Ley de pesca el año 2010 y que quedaron establecidas en la Ley N° 20.434”.  A su parecer, hay temas que no fueron bien abordados y otros que no han sido adecuadamente implementados, lo que ha llevado a que nuevamente la industria tenga problemas sanitarios y ambientales, similares a los que ocasionaron la crisis de fines del 2007.

WWF Chile evalúa de forma negativa que empresas como Marine Harvest se muestren interesadas en reinstalar balsas jaulas para la producción intensiva de salmones en lagos, “aun conociendo cabalmente la frágil condición de estos ecosistemas únicos, como lo son los sistemas lacustres del sur de Chile”.  Cabe señalar que esta ONG desarrolló una campaña para la protección de los lagos, no sólo para nuestro país, sino para el mundo entero.  La postura de WWF es que los lagos del sur de Chile no debiesen ser utilizados como centros de cultivo.  “Se espera que poco a poco se erradiquen dichas actividades de estos ecosistemas tan frágiles y únicos, iniciándose una  transición hacia una  producción en centros de cultivo en tierra, con sistemas de recirculación de menor impacto ambiental”, explica Ricardo Bosshard, director de WWF Chile.

Cristian Gutiérrez, de Oceana Chile, apunta a que, en general, la acuicultura en Chile se ha centrado en el cultivo de especies de alto nivel trófico, como los salmones, actividad que genera  grandes impactos ambientales en el medio acuático, relacionados a la contaminación por fecas y alimento no consumido, el escape de ejemplares desde sus balsas jaulas, y el uso excesivo de antibióticos y químicos.”  Todos estos problemas son históricos y aún no han sido resueltos de manera efectiva por la industria”, acusa el profesional de Oceana. 

Frente a estos cuestionamientos a esta industria, el gerente general de SalmonChile, Cristián Moreno responde que “muchas veces se trata de demonizar a nuestro sector, a través de mitos o falsedades relacionadas con el medioambiente, sin conocer la realidad y cómo operamos.  Ahí tenemos una falta como sector: no mostrar lo que hacemos y cómo lo hacemos”.

En esta última apreciación coincide el seremi de Medio Ambiente de la Región de Los Lagos, Edgar Wilhelm.  “La percepción general de la pesca y la acuicultura, desde el punto de vista de la ciudadanía, no parece tan bueno.  En acuicultura, sin duda ha habido avances por parte de las empresas.  Hay cada vez un mayor porcentaje que se ajusta a la normativa.  El tema es que las firmas no hacen mucha difusión de esto, como tampoco de acercan mucho a la comunidad.  La gran crítica, desde el mundo público y de la ciudadanía, es que ellos trabajan de manera independiente y muestran poca cercanía a la comunidad”.  No obstante, para Wilhem hay algunas excepciones con empresas que participan en acciones concretas de Responsabilidad Social Empresarial.

Desde la misma industria también existen cuestionamientos al desempeño ambiental del sector. Es así como Soledad Zorzano, gerente técnico de la Asociación de Talleres de Redes (Atared), califica “de regular a malo” el comportamiento de la industria en este aspecto.  “De otra forma no tendríamos los problemas actuales.  En parte es por desconocimiento de cómo se comporta el medio acuático ante la presión productiva y, en parte, por malas prácticas productivas de algunos productores hasta el día de hoy”, acusa la representante gremial.

En ese orden, apunta a que lo primero tiene relación con la falta de información adecuada cuando se definieron las Áreas Aptas para la Acuicultura, en la década del 90, la creencia arraigada que el mar es infinito y su resiliencia también, “profundizada además por una ausencia total de política de Estado precautoria, la que manda abstenerse en decisiones de administración cuando faltan antecedentes propios y externos”.  Zorzano agrega que lo segundo tiene que ver con el exceso de biomasa por área, densidades sobre lo recomendable y demasiada concentración productiva en áreas.  A su parecer, ambos factores son el mejor gatillo para las enfermedades.

Avances de la industria

A pesar de esto, hay organizaciones que valoran ciertos logros de la industria salmonera.  Para WWF Chile, hay señales que indican que, de manera paulatina, el interés, por parte de las empresas, en mejorar su desempeño ambiental, ha ido en aumento.  La entidad recalca que hay acciones concretas, como por ejemplo, AquaChile, que anunció su intención por certificarse con el sello Aquaculture Stewardship Council (ASC), certificación que promueve la misma ONG.  “Todo esto implica monitorear en forma mucho más exhaustiva los impactos ambientales y sociales, lo que para nosotros creemos que implicará importantes cambios en la forma de producción, los cuales se auditarán por terceras partes”, opina Ricardo Bosshard.

Otros aspectos que valoran en WWF Chile es que algunas empresas ya están invirtiendo recursos para entender la biodiversidad marina que existe en el lugar de producción de salmones, “como por ejemplo: si ésta afectaría a delfines o ballenas, de tal forma de mitigar estos impactos, lo que es ir mucho más allá de la ley”, declaran desde la organización.

Por otro lado, se afirma que tras la aparición del virus ISA las empresas salmoneras, en general, han ido mejorando su desempeño medioambiental y sanitario.  “Esto debido a las grandes pérdidas económicas, las cuales obligaron a algunas de estas empresas a ser vendidas en forma parcial o total.  Por otra parte, los mismos bancos que realizaron los préstamos se han preocupado de velar por un mejor desempeño.  El Estado ha determinado una regulación y fiscalización más estrictas.  Internacionalmente, el mercado de países desarrollados ha comenzado a exigir certificaciones, con lo cual la mayor parte de las empresas han empezado a certificarse internacionalmente, reflejando esto un considerable avance”, señala Rodrigo Leiva, gerente general de KDM Industrial, firma vinculada  a las soluciones medioambientales para la industria en general.

En la industria coinciden en que las mejoras en el desempeño ambiental de la salmonicultura han venido de la mano con nuevas tecnologías para los sistemas de alimentación que generan menores porcentajes de finos y partidos en el alimento, así como los sistemas de control y detección del alimento no consumido.

Pablo Mazo, gerente del Área Técnica de Ventisqueros, destaca las mejoras en la tecnología para la elaboración de alimentos balanceados que hacen más eficientes las conversiones de alimento y, por lo tanto, generan menores residuos, hasta el desarrollo de mejores productos, con menores impactos ambientales, tales como pinturas antifouling para redes, desinfectantes e inactivadores, entre otras soluciones para el tratamiento y desinfección de aguas de pisciculturas y plantas de proceso.

Considerando que necesariamente hay sub-productos como resultado de la producción y los impactos ambientales que la actividad puede generar, muchos centros de cultivo han implementado distintas prácticas que buscan minimizar estas externalidades.  “Es así, como la utilización de cámaras submarinas, que permiten evaluar la conducta alimentaria de los peces, y dejar de administrar alimento cuando éstos dejan de comer, permiten disminuir de manera considerable la cantidad de alimento vertido al medio sin consumirse por los peces.  De igual manera, se utilizan otros elementos que tienen los mismos fines, como los conos recolectores de desechos, que se instalan en las jaulas y que permiten recuperar parte de los sólidos que caen al fondo”, aporta Julio Traub desde Acotruch.

El representante del gremio productor de salmón coho y trucha también se refiere a las condiciones de aseo de las playas adyacentes a los centros de cultivo, donde hoy existe la obligación de limpiar los sectores aledaños a los centros de cultivo.  “A esta exigencia, debe sumarse la iniciativa de algunas empresas productoras que hacen campañas de limpieza de playas”, manifiesta Traub.

Desde el ámbito público también recalcan avances de las empresas acuícolas y opina que, desde el punto de vista normativo, sin duda que hay cambios.  “En los últimos dos años muchas empresas se han estado regularizando, principalmente en normativa ambiental, como efecto de la nueva Superintendencia del Medio Ambiente.  Por un lado es positivo, porque el país se subió a otro nivel de exigencia ambiental.  Creo que la industria salmonera está en período de reacomodo entre sociedad y mercado.  Una vez esto estabilizado, van a entender que el tema social tiene mayor relevancia”.

¿Cómo mejorar el desempeño ambiental?

Pablo Mazo, de Ventisqueros, destaca que existen muchos elementos a mejorar con respecto a la gestión ambiental.  “Cualquier aspecto orientado a la disminución de los residuos generados por las compañías debe tomarse en cuenta.  Las áreas de alimentos y fármacos son, sin duda, áreas relevantes donde se pueden y se deben hacer avances”.

Flavia Liberona considera que existen varias fórmulas para mejorar el desempeño ambiental de la acuicultura nacional.  Una de ellas es mejorar la legislación ambiental e incorporar más claramente una evaluación de los impactos de esta industria, tanto en los centros de cultivo como plantas de proceso, además se requiere que la legislación ambiental sanitaria y lo establecido en la Ley de pesca esté más coordinado y que la legislación en materia de salmonicultura no sea vista sólo como una regulación sectorial.  “Ahora, si efectivamente se quieren elevar los estándares hay muchas cosas que hacer y una guía a seguir puede ser lo establecido en el sistema de certificación voluntaria establecido en los diálogos del salmón (SAD)”, precisa Liberona.

“A nuestro juicio, lo inmediato y permanente a fiscalizar es que las concesiones se circunscriban a ocupar el área que efectivamente tienen asignada.  Esto bajará ipso facto la presión ambiental y sanitaria, minimizando impactos negativos en la industria en su conjunto.  Ello permitiría racionalizar la actividad y, en particular, retrotraer los altísimos costos que implica hoy día operar en nuestra actividad producto de una cantidad importante de normativas que, la verdad sea dicha, no han resuelto los riesgos relevantes en la salmonicultura”, añade Soledad Zorzano de Atared.

La profesional dice que una vez decantado lo anterior y producto de estudios que debiesen partir ya para tomar decisiones en el siguiente ciclo productivo, ve necesario un cambio sustantivo en el modelo productivo.  Zorzano justifica esta medida en que el sistema actual está agotado y al cabo de seis años de la crisis del virus ISA, “seguimos anclados en un escenario de alta incertidumbre y manejo más reactivo que preventivo.  Nuestro diagnóstico es que, en el largo plazo, el modelo productivo es la biomasa por áreas.  Las áreas las entendemos como aquellas que tienen una geomorfología e hidrodinámica común.  Los barrios no son la respuesta.  Se ha intentado mantener el esquema histórico con ajustes que se pensaron suficientes pero la evidencia dice lo contrario.  Lo concreto es que no podemos sembrar sobre el millón de toneladas proyectadas para cosechar 700.000 en 600 km. de mar interior.  No existen las condiciones para ello.  Es una realidad que debemos asumir con los costos que implica”, comenta la representante de Atared.

Desde Acotruch apuntan a que para mejorar el desempeño ambiental es necesario reconocer y tomar conciencia que la mayoría de las acciones productivas que se toman de forma individual, afectan a toda la industria, ya que es una producción biológica dinámica.  “Un mal desempeño individual ambiental puede afectar de gran forma a los centros vecinos.  Esto se da principalmente en jaulas de cultivo en engorda, especialmente en ecosistemas abiertos, ya que es difícil establecer el límite de los efectos ambientales potenciales”, dice Julio Traub, quien cree que el trabajo conjunto de la industria permitirá la sustentabilidad de la actividad.  “En conjunto con la nueva institucionalidad, fortalecerá las herramientas ambientales  con las que contamos y contaremos para lograr un mejor desempeño ambiental de la acuicultura del país”, comenta.

En SalmonChile argumentan que la salmonicultura nacional debe seguir incluyendo ciencia y tecnología en sus procesos, así como un diálogo permanente con las comunidades donde se inserta.  “Al igual que todas las actividades productivas, debemos  avanzar permanentemente hacia una mayor sustentabilidad, siguiendo lo que la ciencia y la sociedad van descubriendo y demandando, respectivamente.  En este sentido existen hoy puntos que mejorar en toda la cadena de valor, siendo importantes la eficiencia energética y las descargas al medio acuático.  Es en estos aspectos en que la salmonicultura a nivel mundial debe seguir buscando alternativas para mejorar su impacto ambiental”, precisa Cristián Moreno.

Según Rodrigo Leiva, gerente general de KDM Industrial, además es relevante abordar el tema a través de mayor capacitación del personal, en todos los niveles.  “Ha faltado una clara comprensión sobre los efectos de la actividad en el medio ambiente y también acerca de las prácticas y tecnologías dirigidas a minimizarlas.  Los mercados extranjeros han ejercido una presión importante en esta materia”, acota el ejecutivo.

Importancia de los APL

Otro aspecto íntimamente ligado a la mejora en las prácticas ambientales guarda relación con la implementación voluntaria de Acuerdos de Producción Limpia, donde la salmonicultura, a través de SalmonChile, ha sido líder en su implementación a nivel nacional.  “El primero de ellos, firmado en 2003 y cerrado el 2006 con altos niveles de cumplimiento e inversiones por más de US$100 millones en toda la cadena productiva de la salmonicultura nacional.  Por su parte, en el 2010, nuestras empresas asociadas de la Región de La Araucanía firmaron un APL para las pisciculturas de la zona, que en estos momentos se encuentra en etapa de implementación.  Para nuestra industria el cuidado del medioambiente es clave para el cuidado y crecimiento de los peces”, dice Cristian Moreno.

Otro gremio que ha puesto su atención en los APL es Atared, que fue el primero en generar un Manual de Buenas Prácticas para sus asociados el año 2003.  A continuación, y como una forma de apoyar el Acuerdo de Producción Limpia de los productores, inició y certificó un APL Talleres de Redes el año 2009.  “Hoy estamos en el proceso de revalidar la certificación por tres años, lo cual ha ido más lento de lo deseable.  Finalmente, cada cierto tiempo se efectúan auditorías internas. Sin perjuicio de lo anterior, existe la buena práctica de nuestros clientes de auditar independientemente a sus proveedores”, comenta Soledad Zorzano.

CUADRO

Principales problemas de la acuicultura global

Para la FAO, los problemas y efectos negativos de la  acuicultura a menudo incluyen:

-Crecientes demandas a la pesca por harina y aceite de pescado, principales componentes de las dietas de especies carnívoras y omnívoras.

-Demanda insostenible de semillas silvestres o juveniles para  engorda.

- Alteración de hábitats interiores y costeros para la construcción de  lagunas y sistemas de acuicultura.

- Enriquecimiento con nutrientes y materia orgánica de las aguas receptoras, que resulta en la acumulación de sedimentos anóxicos y la modificación de las comunidades bentónicas.

- Eutrofización de vías fluviales, lagos y zonas costeras.

- Liberación de productos químicos utilizados para controlar las condiciones del agua y las enfermedades.

- La competencia por y, en algunos casos, el agotamiento de los recursos como el agua.

- Efectos negativos de los organismos cultivados escapados (a menudo más relevante cuando se trata de especies exóticas).

- Reestructuración de los entornos biológicos y/o sociales.

- Distribución injusta de los ingresos a los pequeños acuicultores y a los trabajadores.

Nueva institucionalidad ambiental

Una de las dudas de la industria acuícola y de las empresas en general se centra en cómo la nueva institucionalidad ambiental está influenciando la relación de las compañías con su entorno.  Sabido es que este año comenzó a operar la Superintendencia de Medio Ambiente, la cual ya ha fiscalizado a instalaciones acuícolas en el sur de Chile, lo que ha traído consigo cierta incertidumbre en el sector salmonicultor.

Y, mientras algunos representantes de empresas salmoneras han apuntado sus críticas a la Superintendencia de Medio Ambiente, hay otras compañías que valoran esta instancia.  Es el caso de Ventisqueros, donde, desde su área técnica, sostienen que “la institucionalidad ha mejorado notablemente en el último tiempo, sobre todo en los aspectos de mayores capacidades y competencias técnicas de los equipos de fiscalización y gestión ambiental.  Esto es relevante al momento de la aplicación de criterios basados en conocimientos”.

En la firma productora destacan que los informes presentados recientemente, producto de las fiscalizaciones de la Superintendencia de Medio Ambiente a centros de engorda de salmones, han mostrado un alto nivel de calidad y detalle.  “Esto es destacable y, lógicamente, obliga a las compañías a mejorar sus estándares”, acota Pablo Mazo.

En Acotruch subrayan que se haya elevado el tema medio ambiental a nivel ministerial, al crearse el Ministerio del Medio Ambiente.  “Esto permite que el tema ambiental sea manejado y planificado en el tiempo y no se trabaje de manera reactiva sobre la base de contingencias (…) Tanto la autoridad como los productores, debemos aprender de esta nueva forma de trabajar en el área ambiental, por lo que nos hemos preocupado de regularizar la información contenida en nuestras RCA, planes ambientales, de tal modo que al momento que éstas sean fiscalizadas estén dentro de  norma y se dé cumplimiento a los estándares ambientales que demanda la generación de productos de calidad, como los obtenidos a partir de la acuicultura nacional”, expresa Julio Traub.

SalmonChile también valora estos avances en la institucionalidad y destacan que la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA) esté aplicando sus facultades y revisando el cumplimiento de las Resoluciones de Calificación Ambiental de los centros en mar y planteles en tierra.  “Por otro lado, el Ministerio está llevando a cabo diferentes iniciativas de política ambiental, en cuya discusión hemos comenzado a ser parte a través de Intesal.  Este es el caso de la Actualización de la Estrategia Nacional de Biodiversidad, que fijará metas y acciones para que el país pueda cumplir con sus compromisos internacionales”, asevera Cristián Moreno.

Desde Atared también aprueban la entrada en vigencia de la SMA, desde el 28 de diciembre de 2012.  “Estamos gratamente sorprendidos por la eficacia de la Superintendencia Ambiental en la fiscalización a la salmonicultura.  “Creemos que está haciendo lo correcto, aplicando un enfoque estratégico, inteligente y con tecnología, lo que además la hace eficiente.  Los casos informados a través de la prensa -centros de cultivo sancionados- son, a nuestro juicio, un precedente valioso para empezar a corregir comportamientos arraigados en la producción nacional que causaron y causan daño para una actividad sustentable”, manifiesta Soledad Zorzano.

Para la gerente técnico, del gremio de los talleres de redes, el desempeño ambiental mejorará todavía más cuando la institucionalidad pesquera y acuícola opere en el futuro ministerio liderado por agricultura, “pasando a un concepto preventivo y no reactivo como ahora.  Por la concepción de cómo entienden ellos la producción animal intensiva y los recursos económicos que maneja para desarrollar y mantener la estrategia país de isla sanitaria”.

Sobre este tema, las Organizaciones No Gubernamentales también se muestran escépticas.  En Fundación Terram estiman que, en un principio, la nueva institucionalidad ambiental no ayudaría a mejorar el desempeño ambiental de las empresas acuícolas, “porque la salmonicultura no fue considerada especialmente en esta Ley y, por ende, las concesiones acuícolas se siguen calificando bajo Declaraciones de Impacto Ambiental  (DIA) y no existe una mirada de conjunto a la sumatoria de concesiones que se dan en un área”.  Para Flavia Liberona, “las Áreas de Manejo Sanitario no son sometidas a un proceso de evaluación de impacto ambiental y cada una de las concesiones dentro de un área se evalúa por separado.  Además, al ser evaluadas por DIA, no se contempla participación ciudadana y con ello se impide que otros sectores productivos, en general pequeños, o las comunidades, puedan hacer presentes sus preocupaciones o reparos en materia ambiental.  A esto hay que sumar que no se evalúan en conjunto los efectos que provocan el uso de químicos en el ecosistema, esto es de especial relevancia en el tratamiento de la caligidosis, donde se aplican baños con químicos”.

Para WWF Chile es incierto si la nueva institucionalidad contribuirá a mejorar el desempeño ambiental de las compañías del área, aunque tiene esperanzas en que el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas ayude a proteger la biodiversidad en Chile “de amenazas como la salmonicultura, pero aún no está creada la ley, por lo mismo, todavía no se encuentra operativo. Creemos que a futuro podrá colaborar mucho en el área de la protección de la  Ecorregión Marina Chiloense, una de las zonas más importantes de alimentación y crianza de ballenas azules (Balaenoptera musculus) en el Pacífico Sur y que ha sido una de las principales áreas utilizadas por la industria del salmón para expandir su producción a nivel mundial”.

Práctica del lavado in situ de redes

Otra de las críticas recurrentes a la salmonicultura está vinculada al lavado in situ de redes, utilizadas en centros de cultivo.  Según la Asociación de Talleres de Redes, Atared, esta práctica sigue vigente, desde que la autoridad la legalizó el año 2009.  “Sin datos duros ni argumentos técnicos que la justificaran, que además nunca mostró, y haciendo caso omiso de la evidencia en contra disponible, como tampoco aplicando el principio precautorio, la práctica está muy vigente. Como tampoco se fiscaliza como corresponde, es difícil contar con datos cuantitativos.  Así, no sólo se lavan redes sin impregnar sino que también impregnadas”, expresa Soledad Zorzano.

Agrega que, “recién el año pasado, y después de mucho insistir a la autoridad, licitó un estudio para hacer un primer análisis de impacto en un área determinada.  El estudio mostró que sí hay impacto y llamó mucho la atención los altos niveles de óxido cuproso en el fondo marino.  Se encontraron niveles que triplican la norma europea.  Entendemos que se licita la continuación del estudio”.

Según Zorzano, la reflexión de fondo es que tras realizar los planteamientos como gremio a los diversos gobiernos del año 2003, a la fecha, la evidencia les da la razón.  “Entonces, la pregunta es, ¿por qué las autoridades de turno y sus equipos técnicos han tenido una gestión tan deficitaria y alejada del bien común?  Esperamos sinceramente que esto se enmiende en lo que queda de esta gestión.  A lo menos apreciamos mayor voluntad de corregir y avanzar en la modificación del RAMA y en ese sentido se conformará un grupo de análisis al interior de la Comisión Nacional de Acuicultura para tratar este tema en específico”.