Martes
19/09/2017
El Caso Marine Harvest y la “Teoría de La Agencia”
Puesto que el propietario o accionista ha puesto el capital, lo que le interesa es maximizar su valor o maximizar el valor de la empresa, mientras que los agentes pueden tener otros intereses, cualquiera sea el tipo de empresa a la que nos refiramos.
20/05/2013


875 veces leida   BoletinSuscripción Boletín  Enviar NotaImprimir    



El Caso Marine Harvest  y la “Teoría de La Agencia”

En el mes de diciembre del año 2011 la empresa noruega interpuso una acción judicial en contra de su ex gerente general de la empresa en Chile, Álvaro Jiménez.  La demanda argumenta que Jiménez habría utilizado su cargo, la información estratégica con que contaba y la utilización de los bienes de la empresa en directo beneficio propio.
A mediados de 2009 Jiménez, como máximo ejecutivo de la salmonera en Chile, suscribió contratos comerciales con la sociedad Salmones Sur Austral para arrendarle dos centros productivos y la venta de smolts, en medio de la crisis del virus ISA.  Jiménez habría omitido informar que él participaba indirectamente en las utilidades de Salmones Sur Austral.  Había un acuerdo entre su sociedad Inversiones Monasterio con una de las accionistas de Sur Austral, Inversiones Petrohué, controlada por Fernando Toro.
Las ganancias que obtuvo en conjunto Jiménez y sus socios bordearían los 40 millones de dólares, de los cuales entre 7 y 10 millones corresponderían exclusivamente a lo que percibió el ex gerente.

La Teoría de la Agencia
En el año 1973 el Economista Stephen Ross formula un pensamiento empresarial denominado “Teoría de la Agencia” en el que trata la relación de un “principal” (Empresa) que le encarga un cometido a otra persona, el “agente” (gerente, empleados), para realizar una cierta gestión a su  nombre. 

“Cada uno de los sujetos de una relación de agencia tiene sus propios intereses y ambos intentan maximizar su utilidad”.

Puesto que el propietario o accionista ha puesto el capital, lo que le interesa es maximizar su valor o maximizar el valor de la empresa, mientras que los agentes pueden tener otros intereses, cualquiera sea el tipo de empresa a la que nos refiramos.
También están en esta relación los empleados de un nivel menor en la organización, los proveedores; o los clientes.  La teoría de agencia amplía y es mucho más específica y centrada en la relación “delegación de derechos de decisión y control”, en el ámbito interno de la empresa.  La razón de esta ampliación, es el conocimiento específico distribuido en la organización.
Incurriremos en costos de ineficiencia, o bien en costos de agencia. Si las tareas directivas u operativas que deben ser efectuadas requieren un conocimiento en profundidad y detallado sobre las mismas, entonces este “conocimiento específico”, contiene elementos imposibles de transferir al nivel organizativo superior.  Si el conocimiento puede transferirse al nivel organizativo en el que las decisiones deben ser adoptadas, entonces es innecesario delegar y no existe problema de agencia. En caso contrario, si queremos evitar el costo de la ineficiencia, deberemos delegar e incurrir en costos de agencia, estos últimos se producen porque aunque el agente sea excelente, no habrá coincidencia entre los mapas de preferencias del principal y el agente, desviándose de los intereses, lo que facilita la decisión adversa del agente, o actuaciones de este último buscando su propio interés.  La asimetría de información entre ambos coopera en esta desviación.
 La forma en que se organiza el control en las empresas reduce de forma eficiente, la pérdida residual, la supervisión también es necesaria por razones de coordinación.
 Lo esencial de la necesidad de agencia es la introducción del conocimiento específico y las dificultades para que sea transferido y que se convierte también en una explicación adicional del por qué se delega la toma de decisiones en los altos directivos de las grandes empresas.  Son éstos los que tienen el conocimiento sobre situaciones complejas que requieren la adopción de decisiones.  Este mismo razonamiento puede ser aplicado también a los conocimientos de los técnicos o especialistas, o extendiendo más el razonamiento, también será conveniente delegar en cualquier empleado que tenga un conocimiento idiosincrásico de su tarea, por modesta que ésta sea.  Produciéndose como consecuencia, en todos estos casos, problemas de intereses que deberán ser corregidos con los correspondientes mecanismos de control organizativo e institucional.
 El tamaño de la empresa y el conocimiento distribuido son dos fuentes relevantes de los problemas que convergen con frecuencia, “la moderna empresa industrial no es simplemente intensiva en su escala de producción, intensiva en el uso de capital, y con un gran consumo de recursos naturales”, también cada vez más, desarrolla mayores niveles de conocimiento y aprendizaje.
 En la corrección del problema de agencia se espera que la forma institucional y el diseño de la organización sea el control del comportamiento de los agentes.
 La forma institucional de la empresa es la distribución y asignación de poder a los diferentes miembros de la organización.  Según cómo se haga esta asignación de derechos, tendremos una u otra forma jurídica e institucional, y uno u otro tipo de empresa.
 Tomando dos casos extremos: la empresa de pequeño tamaño y la empresa de gran tamaño, que generalmente es una “sociedad anónima” para así poder financiar su escala de producción.  En el primer caso, el empresario concentra todos los derechos en su propia figura, le corresponde la denominación de principal y tiene asignados los derechos sobre el residual, esta forma institucional de la empresa, con todos los derechos concentrados en el empresario, responde a una cuestión de eficiencia organizativa.  En estas pequeñas empresas el empresario suele ser el agente que tiene el mejor alineamiento de los incentivos, puesto que es el que pone en juego su patrimonio, y el que reúne la mayor experiencia y conocimientos sobre el negocio, por tanto le corresponde tener el derecho de decisión.
 En el caso de gran sociedad anónima, los accionistas ejercen la función de aportación del capital, y  el control de los resultados, que sólo ejercen a través de la asamblea general, de convocatoria obligatoria una vez al año y con las limitaciones derivadas de que el accionista diversifica su cartera de inversiones —su interés y su atención— entre diferentes empresas.  La función de control, en un sentido pleno, la realizará el directorio.  En estas empresas, en las que tamaño y complejidad suelen coincidir, los conocimientos de los altos directivos no pueden ser trasladados a los propietarios para que éstos tomen las decisiones.
Por otra parte, como la escala de producción y el conocimiento suelen ir juntos, la separación entre derechos de decisión y derechos de control recorre todos los escalones jerárquicos de la organización.
Como se evidencia, la esencia del problema de agencia está en el conocimiento específico que poseen los agentes, haciendo conveniente delegar en ellos derechos de decisión.  Ningún sistema de control puede encauzar de forma inequívoca el comportamiento de agentes a los cuales se les da un amplio margen de discrecionalidad, o un amplio margen de actuación para que actúen según su conocimiento específico (técnicos y expertos).  Además, refiriéndonos a la gran sociedad anónima, la idea misma del control, tal como está planteada, y el instrumento de control formado por el consejo de administración, tienen frecuentemente imperfecciones.
En las grandes sociedades anónimas, el control se materializa en el directorio, aquí hay problemas de contaminación entre los directivos que deben autorizar y controlar desde el directorio, y los directivos que deben ser autorizados y controlados; es difícil alcanzar una solución completa a estos problemas de contaminación.  Para garantizar un control efectivo en estas instituciones, una parte de los miembros del directorio son ejecutivos que proceden de otras grandes empresas o consejeros externos.  Estos directivos externos, que son contratados por su prestigio y experiencia, aun suponiendo que no existan contaminaciones de amistad o conocimiento profesional con los directivos que deben ser controlados, no asegurarán, sin embargo, un control suficiente.  El conocimiento específico de los directivos o de los expertos, que obliga a delegar y crea el problema de agencia, vuelve a manifestarse aquí impidiendo cerrar de forma satisfactoria el sistema de control.
Como lo señaló Peter Drucker, en su trabajo Concept of the Corporation, los consejeros externos difícilmente se interesarán lo suficiente en los problemas de las empresas de las que son consejeros externos, y en el caso de que lo hagan, difícilmente tendrán el conocimiento específico necesario para entender muchos de los problemas sobre los que deberán pronunciarse.  Esta cuestión es decisiva, y es una brecha imposible de cerrar por completo, cualquiera que sea la composición o la forma de directorio.  Ningún diseño institucional, es suficiente para asegurar el control del comportamiento.
Por otra parte, en las pequeñas empresas familiares existen con frecuencia problemas previos a la concentración en el empresario de los derechos de propiedad, decisión y control; y esos problemas están ligados a la dificultad para que se concrete de forma operativa la figura del empresario.  Cuando la propiedad y administración corresponde a diferentes miembros de una familia, con frecuencia es difícil conseguir una forma coherente y única de dirección, de modo que, surgen también problemas de costos de la acción colectiva, que son problemas de agencia entre los propietarios.  Lo que lleva a que falte la necesaria unidad de dirección y los acuerdos indispensables para definir la estrategia, en una situación entre los propietarios en la que, si falla la negociación y el entendimiento, no existen procedimientos formales para resolverla.
 La teoría del principal-agencia que trata de resolver el dilema que existe por los diferentes intereses de la partes, sugiere la igualación de oportunidades de acceso a la información, el uso de sistemas de evaluación del desempeño, del rendimiento financiero, la determinación clara de objetivos y el funcionamiento adecuado de los sistemas de control interno y externo, para velar por la transparencia y la probidad en las actuaciones de los agentes. 

Revista Mundo Acuícola

Edición 91 marzo-abril de 2013
Autor: Óscar Castro Rosso
Asesorías Empresariales 

ocastrocl@yahoo.com
Fono: 63423528

Referencias:
Peter Drucker - Concept of the Corporation
Jensen y Meckling - Theory of the Firm
Stephen Alan Ross - The Economic Theory of Agency

 



NOTICIAS RELACIONADAS