Viernes
22/09/2017
La centenaria historia de la piscicultura más antigua de Chile
En la Región de Valparaíso, a más de mil kilómetros de Puerto Montt, la capital nacional de la salmonicultura, visitamos los orígenes, para muchos desconocidos, de esta industria.
17/05/2013


856 veces leida   BoletinSuscripción Boletín  Enviar NotaImprimir    



La centenaria historia de la piscicultura más antigua de Chile

Resulta curioso que los primeros intentos por masificar la presencia de salmónidos en Chile se hayan realizado en partes tan lejanas de donde hoy está centrada esta industria.  Uno de estos lugares de ubica en la localidad de Saldillo, comuna de Los Andes, en la Región de Valparaíso.

Se trata de la piscicultura Río Blanco, la cual se ubica a aproximadamente 1.700 metros sobre el nivel del mar, y a partir de su producción de ovas y alevines se han realizado siembras en lagunas entre los 2.500 y 2.800 metros de altura.  Actualmente, la piscicultura trabaja produciendo trucha café y arcoíris, especialmente la primera, que es más apta para sectores montañosos.

Más allá de su ubicación, la historia que hay detrás de la piscicultura Río Blanco está colmada de anécdotas. La infraestructura comenzó su funcionamiento en abril de 1905 a 35 kilómetros de Los Andes y ese año se comienza a forjar de alguna manera lo que hoy es una industria que forma parte del ADN del sur de Chile: la salmonicultura.

Influencia europea

Los primeros intentos por ingresar salmónidos a Chile se atribuyen a Isidora Goyenechea de Cousiño, a finales de la primera parte del Siglo XIX. En ese entonces se logró ingresar ovas en buen estado, pero todas murieron en el proceso de incubación. Esto por la diferencia de temperatura de los ríos de Europa en invierno con los de Chile en verano.

Durante la segunda mitad del Siglo XIX, el Estado realizó una serie de esfuerzos fallidos por traer distintas especies salmonídeas al país. Fue así como a nuestro país llegaron varios científicos e intelectuales extranjeros, entre ellos Andrés Bello, Domeyko, Claudio Gay, entre otros y relacionados con la zootecnia. En 1874 el Estado contrata al profesor francés don Julio Besnard, a quien en 1885 se le encarga transportar ovas de salmón desde Francia, donde recibe el apoyo del Dr. Jousset de Bellesme, director del acuario Trocadero de París.

“Entre los británicos hay que recordar al Dr. Edwyn C. Reed que llega a Chile en 1869, que si bien es un entomól ogo, se interesa en la aclimatación de los salmones y es contratado en 1897 para estudiar, entre otras cosas, un reglamento para mejorar los sistemas de pesca y la introducción del salmón. En 1897 es contratado el piscicultor escocés William Anderson Smith para estudiar la posibilidad de la aclimatación del salmón”, precisa a Mundo Acuícola el profesor Gabriel Dazarola, quien ha realizado una extensa recopilación de los inicios de la salmonicultura en Chile.

Y si bien hay una época en que casi todos los involucrados en los primeros intentos por desarrollar la piscicultura en Chile eran franceses y británicos, posteriormente llegan varios alemanes a realizar dicha tarea. En 1901, el Presidente Germán Riesco contrata a Federico Albert Taupp, nacido en Alemania, con el fin de demostrar la posible aclimatación del salmón en Chile. En 1902, Albert terminó su estudio y lo presentó al Gobierno bajo el nombre “La Pesquería”. En ese texto el especialista germano demostró la posibilidad de aclimatar varias especies, como Salmo salar, Salmo fario y Salmo irideus.

Cruzando el Atlántico

Los trabajos para construir la piscicultura “Río Blanco” se iniciaron en 1903 con fondos del Estado. A fines de ese año, Albert viaja a Europa vía Argentina, instancia en que aprovecha de visitar otros establecimientos similares en el vecino país, Portugal, España, Francia, Suiza, Austria y Alemania. Fue así como en su tierra natal contrata a Pedro Golusda y Rodolfo Wilde con el fin de concretar el traslado de las ovas a Sudamérica.

Y como en ese entonces no había transporte aéreo, la llegada de las ovas a Río Blanco fue una verdadera odisea.  El primer embarque se concretó en febrero de 1905. El propio Golusda narra la travesía en el libro “La introducción del salmón en Chile”, que escribió dos años más tarde. En dicho texto relata que el 2 de febrero de 1905 recibieron en buen estado en la ciudad de Hamburgo, dos cajones de ovas de procedentes de Baviera. Más tarde llegarían ocho cajones más, con los que totalizaron 400.000 ovas de Salmo salar, Salmo fario, Salmo irideus y Salmo gairdneri, junto a una partida de salmones vivos.

Finalmente, el cargamento se embarcó en el principal puerto de Alemania (Hamburgo) con destino a Grimsby, Inglaterra. Desde allí a otro puerto del Reino Unido, Liverpool, con lo que completaron una extensa “vuelta” por costas británicas. A esto hay que sumar que en el primer puerto, ubicado en la costa Este inglesa, las autoridades obligaron a quienes iban a cargo del envío a abrir cada una de las cajas, con el fin de registrar su contenido.

Tras esto, el vapor llegó a Liverpool (costa Oeste) y por fin tomó rumbo a Sudamérica el 2 de marzo de 1905. Para conservar las ovas y reducir al mínimo su desarrollo, se instaló un refrigerador en el buque. El vapor proveía además de agua dulce y hielo, con lo cual las cajas se mantenían entre 1° y 3° Celsius. Golusda, Wilde y Albert se preocupaban de lavar las ovas cada 3 ó 4 días, además de desechar las enfermas o muertas. El autor de “La introducción del salmón en Chile” describe en sus memorias el permanente cuidado del producto que transportaban. “Cada semana se cambiaban éstas -las ovas- de un marco a otro; los que ya estaban usados se sometían primeramente a un baño en una disolución concentrada de permanganato de potasio y después eran enjuagados completamente”, escribiría posteriormente Pedro Golusda. 

No obstante, en las costas frente a Brasil se verificó que una parte de las ovas estaban alcanzando su desarrollo antes de lo previsto, por lo que en lugar de seguir viaje por el Estrecho de Magallanes, se resolvió desembarcar algunas partidas en Buenos Aires.  Desde allí, Golusda y Albert iniciarían un largo trayecto terrestre, mientras Wilde continuó el viaje en el vapor junto al resto del cargamento por mar hasta Valparaíso.

Cruce de Los Andes

En Argentina se presentaron más inconvenientes para los viajeros por tierra. Empleados que manejaban la carga con descuido, temperaturas cercanas a los 40° Celsius y medios de transporte deficientes se sumaban a la urgencia por llegar con la mercancía en buenas condiciones a la piscicultura. “Forramos los cajones con tela de buque y pusimos entre éste y el cajón paja de arroz; para combatir el calor pusimos entre la paja pedazos de hielo”, narraba Golusda.

Una vez en tierra firme, comenzó una travesía de 36 horas en distintos trenes hasta la localidad mendocina de Las Cuevas. En ese lugar los encargados del viaje subieron los cajones a las distintas carretelas en las que harían el cruce de la Cordillera de Los Andes, zona en que las condiciones meteorológicas cambiarían drásticamente. La caravana tuvo que enfrentar nevazones a 4.000 metros de altura y en lugar de hielo, esta vez los viajeros cubrieron los cajones con aserrín.

Pero eso no sería todo. “Cuando veníamos ya de bajada nos vimos detenidos de repente en nuestro viaje por un gran trozo de cerro, que a causa de la nieve y la lluvia se había desprendido en el día anterior y había obstruido por completo el camino”, relata el naturalista alemán. Tras pasar este obstáculo, se encontrarían con una nueva dificultad. El puente de Aconcagua no se encontraba en las mejores condiciones con la crecida del río, por lo que “después de no pocos sacrificios lo pudimos cruzar”, precisaba Golusda.

Finalmente, después de 38 días de travesía, lograron llegar con el cargamento a Río Blanco y así se iniciaría una de las etapas más provechosas en la historia de la piscicultura en Chile. Doce días más tarde llegaba Rodolfo Wilde a Valparaíso. Se dice que se logró entregar las ovas para su incubación en el preciso momento en que ya comenzaba la eclosión de los peces.  Posteriormente se estimó una pérdida de sólo un 5% en Salmo salar, con porcentajes un poco más altos en las otras especies.

En cuanto a los meses posteriores, en el mes de octubre de 1905 se secaron las lagunas donde se habían sembrado los peces y los resultados no dejaron de sorprender. Se contaron unos 200.000 alevines de entre 5 a 6 centímetros, de los cuales 198.000 se repartieron en ríos de nuestro país, tales como el Aconcagua, Paine, Tinguiririca, Lingüemo, Maule, Cautín y Toltén, en La Araucanía.

Datos de la piscicultura

La piscicultura está construida en un terreno de dos hectáreas, aún conserva su infraestructura original, manteniendo las lagunas de tierra que han servido para la crianza de distintas cepas de truchas.  A través de los años, esta Piscicultura ha estado bajo responsabilidad de distintas entidades gubernamentales, desde la Inspección General de Bosques, Pesca y Caza, vigente durante los primeros años de este siglo, hasta el Servicio Agrícola y Ganadero.  En 1980 es adquirida por la División Andina de Codelco, entidad que la cede "en comodato" a la Universidad Católica de Valparaíso.

Hay que señalar que el objetivo de Río Blanco no sólo era el de producir peces, sino que también árboles para reforestar el sector.  Es así como gran parte del bosque que existe allí es de los mismos tiempos de la piscicultura.  Entre las especies arbóreas se encuentran cipreses, encinas, entre otras.  Hoy en día es posible encontrar los informes mensuales de la piscicultura, incluso escritos con pluma, desde 1919 en adelante.  No hay registros de los primeros años de funcionamiento, ya que un incendio que provocó un funcionario al que habían despedido de la piscicultura arrasó con sus instalaciones.  Después de un par de años funcionando a media máquina, Río Blanco siguió produciendo ovas.  Y las oficinas y piscinas actuales datan de 1927, época en que se reconstruyó de manera definitiva.  Después la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, que se hizo cargo en junio de 1980, agregó más salas y estanques de incubación.

Aporte de las instalaciones

Además del aporte de comenzar el repoblamiento en distintos ríos de Chile, la piscicultura Río Blanco siguió su funcionamiento de la mano de la PUCV.  Aunque la División Andina de Codelco es su propietaria, dicha institución la cedió en comodato a la universidad porteña con el fin de continuar con su trabajo de repoblamiento en diferentes zonas de nuestro país, con mayor esfuerzo en la zona precordillerana, en coordinación y apoyo de la Subsecretaría de Pesca.

En los más de 30 años bajo la administración de la PUCV, en dichas instalaciones se han desarrollado diversos proyectos de investigación y tesis, los cuales no sólo han estado limitados a sus académicos y alumnos, sino en los que también han participado otras instituciones educacionales.  A partir de los trabajos de investigación, se han elaborado numerosos documentos de gran valor e interés, tanto en el área de la acuicultura como la pesca.

Hoy se continúa con el poblamiento de truchas en el medio natural y dando el apoyo técnico a interesados en sembrar truchas, actividad que se realiza sin fines de lucro.  Según dicha universidad, las condiciones naturales con que cuenta el centro de cultivo para la trucha, ha facilitado repoblar, ya que los peces no están sometidos a un cultivo intensivo y se consideran por tanto especies asilvestradas.  De esta manera se apoya a las poblaciones sometidas a la pesca clandestina, en esteros , ríos y lagunas de nuestro país.  Actualmente es posible encontrar truchas de la especie arcoíris y café, incluso ejemplares albinos, de buen tamaño y coloración.

Protagonista de la historia

Según don Gabriel Dazarola, la introducción de peces en nuestro país tuvo varias fases.  La primera de ellas, etapa preparatoria, desde 1840 hasta 1900 aproximadamente.   Después hay una etapa de 1900 a 1940, con la introducción propiamente tal de especies, con dos especies de trucha que se adaptaron, como lo fueron la trucha café o común y la trucha arcoíris, más otras especies de trucha, la de arroyo, pero muy limitada a algunos sectores.  “Hay muchas otras especies de salmónidos que se trajeron, pero éstas fueron las que prosperaron.  Hubo otras como el salar, que sí se adaptó, pero que después desapareció”, precisa el profesor Dazarola.

Precisamente Río Blanco fue protagonista de esta segunda etapa, junto a la piscicultura volante de Llanquihue (Río Maullín), que comenzó a operar en 1910 y la de Lautaro, que inició su funcionamiento en 1916.  “En total, fueron dos pisciculturas establecidas en esta etapa, la de Río Blanco y la de Lautaro, y en base a estas dos se estableció la población a lo largo de todo el país.  La de Llanquihue duró solamente una importación de ovas, que se sembraron en la zona y en Aysén, pero después dejó de funcionar”, agrega el investigador de la PUCV.

Con relación a la piscicultura Río Blanco, los primeros piscicultores fueron alemanes: Rodolfo Wilde estuvo a cargo de las instalaciones entre 1906 a 1910, y Hugo Seiffert de 1910 a 1917, mientras el primer piscicultor chileno fue don Rafael Barros Valenzuela de 1917 a 1928.

La importancia de Albert

Documentos de la Universidad Católica de Valparaíso dan una tremenda importancia a la figura del naturalista alemán Federico Albert, quien en 1902 elaboró un documento de las especies de salmonídeos posibles de introducir en Chile.  Posteriormente propone la creación de una Estación de Ensayos de Piscicultura, para lo cual no sólo estudia el aspecto del hábitat de las especies, sino también las consideraciones económicas.  En 1903 el terreno fue donado por el senador Daniel Oliva, a través de escritura pública.  Fue así como las inversiones se realizaron de acuerdo con el presupuesto presentado en 1902 para construir una sala de incubación, comenzando con "la construcción del criadero en el estero Polvareda”, tal como lo señala en un documento el propio Albert.

Autor: Pedro Barra.

Fotos: Katherine Silva.

Revista Mundo Acuícola

Edición 91 marzo-abril 2013

 

 

 

 



NOTICIAS RELACIONADAS