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23/03/2017
Tilapia, un pez para la acuicultura del siglo XXI
Artículo de opinión del biólogo Javier Quevedo Ruiz
20/03/2013


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Tilapia, un pez para la acuicultura del siglo XXI

El explosivo crecimiento de la acuicultura se puede analizar desde dos vertientes.  Es un importante negocio que generó 120 mil millones de euros en 2010 (FAO, 2012); y un valioso y eficiente instrumento para obtener proteínas.  Esto último, en un mundo donde la desnutrición afecta a cientos de millones de personas es una buena noticia.  Pero también la acuicultura es sinónimo de contaminación ambiental, degradación de hábitats marinos y costeros, reducción de biodiversidad, contaminación genética, riesgos a la salud y, no en pocos casos, altos costos sociales. 

No todas las actividades acuícolas son iguales ni deberían entrar en el mismo saco.  La acuicultura con métodos extensivos y semi-intensivos es una ecológica manera de abastecer de proteínas a la población y una fuente importante de empleo y actividad económica.  Por lo general se trata de una acuicultura basada en especies que se alimentan en los niveles bajos de la cadena trófica y que son eficientes productores de proteínas de calidad.  Las especies carnívoras, sin embargo, son reductores netos de proteína ya que consumen varias veces su peso en alimento derivado de otros peces.  Justificar el desarrollo y crecimiento (no es lo mismo una cosa que la otra) de la acuicultura de especies carnívoras como instrumento para reducir el hambre en el mundo no resiste ningún análisis serio; de hecho, si no queremos llegar al colapso total de las pesquerías, deberíamos romper la dependencia de ciertos tipos de acuicultura de la harina y aceite de pescado.  Este es un buen momento para fomentar el cultivo de especies dulceacuícolas con hábitos alimenticios omnívoro-vegetarianas, al tiempo que es una oportunidad para diversificar la acuicultura chilena.

¿Conoce usted la Tilapia?

La estrella de la acuicultura de agua dulce es, sin duda, la tilapia, una especie conocida desde la antigüedad.  Hay registros desde hace 4000 años en al antiguo Egipto, donde se aprecian bajos relieves que hacen referencia al cultivo o pesca de tilapia.  Estos peces de agua dulce son nativos de África, sin embargo se encuentran ampliamente distribuidos en muchos países situados en áreas tropicales y subtropicales.  Chile debe ser de los pocos países donde la tilapia no se cultiva; de hecho es el único país del continente americano que no la produce.

La tilapia es una especie que naturalmente se alimenta en los niveles bajos de la cadena trófica, ésta no es una característica menor, es más, un pez que se alimenta de la producción primaria generada en los estanques - cultivos extensivos - es un buen candidato para políticas de desarrollo y promoción de la acuicultura, y de la mano de ésta, del consumo de pescado. Pero la tilapia es también un pez que se puede cultivar con métodos más intensivos donde la fuente principal, si no la única, es el alimento balanceado y peletizado.  Los alimentos diseñados con ingredientes vegetales, muchos de ellos a partir de subproductos de la agricultura, son -  o deberían ser - más baratos que un alimento para peces carnívoros, y si consideramos que el ítem alimentación supone un importante costo dentro del presupuesto de la empresa, la alimentación “vegetariana” es una característica deseable en el negocio de la acuicultura.

De las más de 70 especies de tilapias (nombre común a varios géneros), 9 son cultivadas, y de éstas, la Tilapia del Nilo, Oreochromis niloticus, es la especie preferida y responsable casi del 90% de las tilapias cultivadas en el mundo.  La producción mundial de tilapias en 2011 fue de de 3,5 millones de toneladas (Fitzsimmons, 2012), la segunda después del grupo de las carpas.

Si bien la Tilapia es desconocida para el consumidor chileno, en Estados Unidos ya es el cuarto producto “seafood” más consumido.  Este país cuenta con una producción propia de tan sólo 15.000Tm  por lo que tiene la necesidad de importar el 95% de las tilapias que consume. El consumo americano en 2010 fue de 580.000Tm (Fitzsimmons, 2012).

A pesar de su indiscutible calidad, este pez de agua dulce, de origen tropical, no es bien conocido en Europa.  La demanda europea no es aún elevada, apenas 20.700 Tm; en todo caso hemos de considerar que, excepto para la mayoría de los emigrantes latinoamericanos, asiáticos y africanos, casi nadie conoce la tilapia.  Pese a lo anterior, la apuesta por la tilapia en Europa parece consistente, prueba de ello son las 1.300 Tm al año de tilapia roja que se esperan obtener en la recién inaugurada piscicultura en sistema recirculado de la empresa Globefish en Polonia.

Tilapia para el Norte de Chile

Por sus características geográficas -una estrecha franja de tierra al lado del mar- Chile debería ser un país de cultura marinera dada su larga costa e inmensa riqueza pesquera y, sin embargo, vivimos de espaldas al mar.  El consumo de productos del mar, entre los chilenos, es apenas 7 kilos por persona y año, sólo superior al de Bolivia y similar al de Paraguay; el resto de países, todos ellos con producción propia de tilapia, entre otras especie de agua dulce, poseen un consumo superior a 10 Kg por persona y año.

Personalmente creo que en el cultivo de tilapia no hay mucho más que inventar; las técnicas de cría, alevinaje y reproducción son ampliamente conocidas y tan sólo bastaría aplicarlas con criterio para iniciar su cultivo en el Norte de Chile.  No hay tiempo que perder, pues mientras se caracterizan los cuerpos de agua aptos para su cultivo, habría que comenzar la reproducción y cría en un hatchery experimental y seguidamente probar cómo se comporta en los cuerpos de agua designados o en sistemas recirculados.

No nos sorprendamos de que la tilapia crezca a las mil maravillas tan sólo teniendo las mínimas condiciones que exige la especie para un buen desempeño.  El principal limitante: la temperatura.  Este pez es sorprendente, y aunque a los que hacemos ciencia nos gusta movernos entre certezas, yo no me preocuparía mucho del cultivo.

Otra cosa bien diferente es generar negocios con distinto nivel de desarrollo desde el intensivo hasta la producción familiar, y aquí si creo que hay que investigar y trabajar.  Todo el mundo sabe que producir peces no da dinero, lo que da dinero es venderlos; por lo tanto, si no hay una forma adecuada de comercialización y una buena campaña de promoción del producto, la incorporación de tilapia en la mesa del chileno del norte no será permanente y las empresas que se embarquen en este negocio pueden verse desilusionadas.  Una cosa es clara, la apuesta por diversificar la acuicultura con especies dulceacuícolas – si bien tardía - es absolutamente necesaria.

Tilapia es un pez ideal para el cultivo por sus características biológicas.  Tiene un rápido crecimiento, amplia tolerancia a variedad de condiciones ambientales, es resistente al estrés y consecuentemente a enfermedades, es fácil de reproducir en cautividad, se alimenta de los niveles bajos de la cadena trófica y acepta con facilidad alimentos artificiales.  Es un pez magro, apenas 2% de grasa, carne firme y blanca, con apenas 98 kcal en 100 gramos.  Se consume entero como pez ración de 300-400 gramos, o en filetes sin espinas que se pueden preparar de muchas formas.  El cultivo de tilapia, como hemos indicado, se realiza en una variedad de sistemas que va desde los estanques de tierra y métodos extensivos -  apropiados para la acuicultura rural - hasta los sistemas de recirculación, típicamente intensivos, que demandan alta tecnología, alimentación completa y densidades de cultivo muy elevadas.

El cultivo de especies dulceacuícolas como la tilapia podría generar emprendimientos, pequeños y grandes negocios, con visibles efectos económicos en el norte chileno; no sólo se podría diversificar la oferta de pescado, sino también el trabajo de las comunidades que además se beneficiarían de un aporte de pescado “en la puerta de sus casas”

Es probable que este sea el principio para dejar de ser un país salmonicultor y convertirnos en acuicultor de varias especies marinas y de agua dulce; es por ello que le encuentro mucho sentido a la propuesta del Subsecretario de pesca, el señor Pablo Galilea, de incluir especies de agua dulce en la acuicultura chilena.  Es claro que donde ha llegado tilapia ha habido mayor disponibilidad de recursos para la población, se han generado negocios muy importantes y ha aumentado la seguridad alimentaria.  Si con el cultivo de tilapia logramos revertir la situación de pobreza que viven muchos pequeños pueblos del norte, dentro de un inmoral contexto de abundancia y somos responsables ambiental y socialmente, estaremos haciendo bien las tareas, y no creo que sea por falta de condiciones que esto no se pueda lograr.

Javier Quevedo Ruiz

Biólogo

fjqruiz@gmail.com

 

Revista Mundo Acuícola, edición 90