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30/03/2017
¿Están preparadas las empresas acuícolas para una nueva catástrofe natural?
Varios lugares de trabajo de la industria representan un riesgo en sí. Pisciculturas, centros de cultivo y plantas de proceso se ubican en zonas que pueden verse afectadas por alguna catástrofe natural.
12/06/2012


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¿Están preparadas las empresas acuícolas para una nueva catástrofe natural?

En los últimos 5 años, distintas catástrofes naturales han afectado al sur de Chile y también a la industria acuícola emplazada en esta zona del país. La primera de ellas fue el terremoto en el fiordo Aysén, en abril de 2007, que provocó el desprendimiento de un cerro. El movimiento telúrico y posterior tsunami dejó un saldo de 10 fallecidos, entre ellos varios trabajadores de centros de cultivo ubicados en el fiordo.

Posteriormente, en 2008 vino la erupción del Volcán Chaitén, situación que desencadenó la evacuación de varios centros acuícolas, el terremoto 8,8 de 2010 y la erupción del cordón Caulle, que obligó a trasladar millones de peces desde pisciculturas cercanas al volcán.

Por lo tanto, no resulta descabellado pensar que siempre se debe estar preparado para un nuevo episodio de esta naturaleza. Varios lugares de trabajo de la industria representan un riesgo en sí. Pisciculturas, centros de cultivo y plantas de proceso se ubican en zonas que podrían verse afectadas por un evento natural, lo que a su vez afectaría la seguridad de quienes trabajan en dichos sitios. En el caso de las primeras, muchas de ellas están emplazadas en zonas cercanas a volcanes activos. Los centros de agua mar, por su parte, están expuestos a marejadas o tsunamis provocados por movimientos telúricos en lugares tan alejados como Japón. A su vez, varias de las plantas de proceso se encuentran en el borde costero del sur de Chile.

¿Y si sucede otro evento?

Al ser Chile un país sísmico y además tener un alto número de volcanes activos (unos 500), es de vital importancia estar preparados como sociedad para un nuevo evento sísmico o volcánico. ¿Pero qué tan preparadas están las empresas acuícolas de nuestro país? Tras la crisis del virus ISA, mucho se habla de inversiones en bioseguridad y de mejoras sanitarias. Pero poco se escucha de una real preparación ante una catástrofe natural. Tal vez ello explica el silencio que guardan la mayor parte de las compañías consultadas.

Una de las pocas firmas que se refiere abiertamente al tema es Mainstream Chile. Según Christian Muñoz, jefe del Departamento de Seguridad y Salud Ocupacional de la salmonera de capitales noruegos, las certificaciones de la firma indican que deben tener un procedimiento de preparación y respuesta frente a emergencias. Por ello, ya se hizo una matriz de identificación de todos los peligros a los cuales los trabajadores están expuestos. Y entre éstos, hay algunos que tienen relación con los desastres naturales, como tsunami o terremoto debido a los lugares de trabajo.

“De esto surge un procedimiento de cómo establecer planes de contingencia, el cómo se van a construir, qué formato van a tener. Y después de eso, viene un programa anual de simulacros. Todas las áreas de trabajo (plantas, centros) tienen una fecha específica en el año para probar estos planes de contingencia. Una vez que éstos se prueban, se realiza un informe, y se podría modificar el plan. Esto porque dicho informe contiene conclusiones con las observaciones de lo que se puede mejorar”, dice Muñoz.

El profesional de Mainstream agrega que como empresa tienen “la obligación de cumplir con ciertos requisitos normativos, que los hemos ido trabajando a través de un programa anual de simulacros. Ese programa nos da un registro que nos sirve para ir mejorando nuestra experiencia. A esto podemos sumar las capacitaciones que tenemos nosotros mismos como prevencionistas”.

Andrés Ibaceta, director de Onemi Región de Los Lagos, señala que para implementar dichos planes existe la Ley 16.744, que obliga a las empresas a hacer prevención, pero en base a accidentes. “Es decir, es una ley absolutamente reactiva. Y los servicios de emergencia también son reactivos, por lo que hoy recién nos estamos dando cuenta como chilenos y como país, que hay que poner los ojos en la prevención”, sostiene Ibaceta.

Respuesta a emergencias

Fuentes de la industria salmonera reconocen que hay mucho por hacer en el tema. Prueba de ello es que prefieren omitir dar opiniones abiertamente. Consultado Christian Muñoz acerca de las falencias que han podido identificar en su empresa, agrega que “nos hemos dado cuenta de cosas que podíamos incorporar y que no habíamos tomado en cuenta, como son los planos de inundación que posee el SHOA. No los manejamos, no los tenemos y es la tarea que nos quedó tras asistir a un seminario sobre respuestas a emergencias”.

Muñoz asevera que “por ejemplo, tenemos una planta en Quemchi y sería interesante saber cómo nos afectaría una alerta de tsunami producto de un terremoto similar al del año 1960. El geógrafo Marcelo Lagos nos decía en un seminario que porque en un lugar no haya pasado nada, eso no implica que no vaya a pasar en algún momento. Pensamos que Puerto Montt y la costa del mar interior de Chiloé no revisten riesgo de tsunami por estar protegidos por islas. Pero no se sabe lo que puede pasar en el futuro, por lo que hay que estar preparados para todo tipo de evento”.

A juicio del jefe del Departamento de Seguridad y Salud Ocupacional de Mainstream Chile, también es importante tener un inventario de los equipos a utilizar durante una emergencia. “En los pontones de la Región de Aysén tenemos estaciones de emergencia, que son cuadros pintados en el suelo de la cubierta, donde se encuentra una motobomba, mangueras de incendio y mangueras de achique, que son para sacar agua en caso de inundación”. También existen las cajas de supervivencia, que contienen sacos de dormir, cocinillas, latas de gas, comida enlatada, agua embotellada, linternas y otros materiales para supervivencia. Eso está implementado hace tiempo, puntualiza Muñoz.

Además, todos los centros de Mainstream tienen una embarcación auxiliar. Lo ideal es que ésta se encuentre en el centro, pero muchas veces hay que ir a buscar o dejar personal, visitas, materiales, por lo que no siempre está junto al centro. Pero esto es parte de la operatividad diaria del centro. “También tenemos lanchas rápidas, que son embarcaciones que están al servicio de un área específica. Normalmente se ocupan para traslado de personas y también para emergencias, como el caso de una emergencia en buceo”, indica Christian Muñoz.

Lo que falta

A pesar del esfuerzo que realiza Mainstream Chile en mejorar el aspecto de la prevención, sostienen que  sería muy beneficioso que así como poseen sus propios planes de contingencia y los realizan con el organismo mutual y en menor medida los bomberos o la Armada, creen que falta una mayor participación de autoridades locales. “Pienso que ellos también tienen cierta responsabilidad en cuanto a los planos reguladores o las zonas de inundación costera. Ahí podríamos trabajar en conjunto a través de evacuaciones zonales y no tan específicas. También hemos pedido al organismo mutual hacer reuniones con prevencionistas de riesgos de otras empresas, para justamente ir aunando criterios, porque hay empresas que tienen más experiencia en algunos aspectos. Hoy en día no existe esa instancia y sería muy bueno tener algo en ese orden”, dice Christian Muñoz.

Según el especialista en prevención de riesgos, Hans Steffens,  “al parecer se ha entendido finalmente que todo pasa por realizar estudios previos de los lugares donde se están instalando los centros, estudios que, en general, para los centros de mar dicen relación con las características oceanográfico-climáticas, y topo-geográficas para las de agua dulce”.

Plan de acercamiento con las empresas

A juicio de Andrés Ibaceta, el mundo privado, hasta el día de hoy, no habla con los servicios de emergencia públicos, con el sistema de protección civil. Y eso en esta Región se está tratando de mejorar con un “Plan de acercamiento”. “Porque si la empresa tiene una emergencia, ¿a quién va a llamar? A bomberos, a la ambulancia, a Carabineros, que no son parte de la empresa. Entonces ahí se produce un quiebre, donde los bomberos o carabineros no saben cómo entrar a la empresa, porque no hay una conversación previa. Entonces, en eso estamos trabajando. Según Ibaceta, este Plan de Acercamiento busca proponer a tres empresas modelo por organismo administrador de seguro, para que empiecen a trabajar en una matriz que permita un acercamiento con el sistema. Esta iniciativa se comenzó a trabajar este año y es pionera a nivel regional.

Así, hoy día lo primero que tendría que hacer una empresa en nuestro país es conocer el sistema de protección civil nacional, para de esa manera externalizar y ampliar su gestión de prevención de riesgos. “Hoy la empresa privada está más preocupada de cumplir con una ISO que de estar coordinada y conocer el Decreto Supremo 156. Creo que la empresa que empiece de manera metodológica y coordinada con el sistema donde esté ubicada, se le va a hacer mucho más fácil la prevención de riesgos y la gestión para emergencias. Por lo mismo, estamos trabajando fuertemente con la empresa privada, que tiene muchas ganas por mejorar, porque es parte de sus procesos como empresa, y uno de esos procesos es la prevención”, recalca Ibaceta.

Para el director de Onemi Los Lagos, es primordial que las empresas cuenten con un análisis de vulnerabilidades y amenazas en su programa de prevención de riesgos. “El privado tiene que ver con tasa de siniestralidad, de accidentabilidad, tasas básicas, adicionales, a lo más un plan de emergencia, que por lo general tiene que ver con sólo una evacuación. Entonces, así es posible hacer un reconocimiento de los organismos de protección civil, pero no todos lo tienen claro. Todo se da por hecho y eso no está bien”, comenta Ibaceta.

A su parecer, la empresa privada no sólo tiene que hacer prevención para cumplir con la ley 16.744, sino que tiene que hacer prevención con el sistema de protección civil, que lo coordina Onemi, en base al Decreto Supremo 156. Agrega que las empresas salmoneras y acuícolas, en general, tienen planes de emergencia, pero que éstos son internos. “Cuando hubo la evacuación por alerta de tsunami post-terremoto de Japón (marzo de 2011), llamé a SalmonChile para que saquen a su gente de los centros y los sacaron. Pero fue porque hubo conversación telefónica comunicando que iba a haber una contingencia importante. Pero hoy no toda la empresa privada conoce el funcionamiento del sistema de protección civil (…) Me gustaría saber si en los centros de cultivo todos saben el capitán de Puerto que les corresponde, si lo conocen”, advierte el representante de la Oficina Nacional de Emergencia en la Región de Los Lagos.

Enseñanzas tras experiencias previas

Consultado acerca de las lecciones que han dejado eventos previos en la Región de Los Lagos, Andrés Ibaceta señala que son varias las enseñanzas. De partida, sostiene que la más importante es el reconocimiento a los roles y funciones de cada institución, además de un sistema que está funcionando. “Hoy no se evacúa a la gente del borde costero por cualquier razón. La gente está obedeciendo porque entiende que primero está la prevención. Hay un reconocimiento a una institucionalidad, a un sistema. Y luego, en la parte interna del sistema, hay un compromiso de la autoridad, que antes no sabía qué hacer ante un evento”, dice el director de Onemi Los Lagos.

Por su parte, Christian Muñoz de Mainstream Chile acota que “a partir del terremoto y tsunami del fiordo de Aysén, se fortalecieron los planes y se implementó la estación de supervivencia en nuestros pontones, que tienen balsas salvavidas que, en caso de hundimiento hay 2 opciones: lanzarlas al agua o, si se hunde el pontón, se active una válvula hidrostática, que se activa a cierta presión. Ahí se implementó esta caja de supervivencia que se puede subir a la balsa hasta que el personal pueda ser rescatado”.

“Hoy en día estamos trabajando con Bomberos de las distintas zonas para la revisión y aprobación  de nuestros planes de contingencia en caso de incendio y evacuación. Pero nos falta contacto con municipalidades. En las pisciculturas también tenemos procedimientos en caso de erupción volcánica”, agrega Muñoz.

Andrés Ibaceta destaca que después del 27 de febrero de 2010 se está fortaleciendo todo lo que es el alertamiento, “pero para llegar a entender lo que es la prevención queda mucho. Es muy difícil, porque es un cambio cultural, pero en eso estamos trabajando. La empresa privada tiene que ampliar la prevención de riesgos hacia la coordinación con el sistema de protección civil o saber cuál es el teléfono de la Onemi, por último”.

En tanto, para un organismo técnico como el Sernageomin, la erupción del volcán Chaitén representó un antes y un después en la vigilancia de los volcanes. Es así como se está reforzando el monitoreo on line de los macizos por medio del Observatorio Volcanológico de Los Andes del Sur (OVDAS).

Observatorio Volcanológico de Los Andes del Sur (OVDAS)

El OVDAS es una unidad científico-técnica, cuyo principal objetivo es establecer sistemas para la vigilancia y monitoreo permanentes de los volcanes más peligrosos del país, con el fin de entregar información oportuna a distintas autoridades, instituciones y otros usuarios. El OVDAS es parte del proyecto de SERNAGEOMIN de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica, que con una inversión de aproximadamente 17 mil 200 millones de pesos y al año 2012, proporcionará las herramientas para el monitoreo instrumental y mapas de peligro de los 43 volcanes, cuya mezcla entre actividad y cercanía a zonas pobladas, constituyen los volcanes de mayor riesgo a nivel nacional. Este año 2012 llegará a 30 volcanes monitoreados.

Balizas en el borde costero

Red Marítima de Coordinación y Emergencias (Datamar 2) es el nombre del nuevo plan que impulsa la Armada para mejorar las comunicaciones y asegurar la información en caso de emergencia. Junto con reforzar el sistema de telecomunicaciones con tecnología satelital y módulos transportables que permiten conexión a distancia, la red -que depende de la Directemar- incorpora balizas de alerta de maremoto que serán instaladas en el borde costero de las 15 regiones del país, en playas, caletas y reparticiones navales.

La tecnología tiene dos sistemas de alertas: visible y audible. Esta última con un alcance de mil metros. Con esto, se permitirá alertar de un eventual tsunami a la autoridad marítima y a quienes estén en el radio de alcance de la señal. En total, se instalarán 184 balizas que en una primera fase se colocarán en todas las gobernaciones marítimas y capitanías de puerto. Se trata de un proceso que va a durar cerca de seis meses y se espera que finalicen las instalaciones antes de diciembre de 2012. También serán instaladas en otro tipo de reparticiones ubicadas en la costa, como retenes de Carabineros, bomberos, escuelas, postas o sedes de pescadores artesanales.

Últimos desastres naturales

En los últimos años no son pocos los eventos naturales que han afectado a la pesca y acuicultura chilena. Entre éstos se encuentran dos erupciones volcánicas y dos sismos de consideración, además de las marejadas que se generaron tras el terremoto y tsunami de Japón, en marzo de 2011.

Terremoto en el fiordo Aysén (abril de 2007)

Desde enero de 2007, una seguidilla de sismos de menor intensidad comenzó a afectar la tranquilidad de los habitantes de la comuna de Puerto Aysén. El 21 de abril de ese mismo año, un sismo 6,1 grados Richter afectó al fiordo Aysén, en la región del mismo nombre. Después del terremoto, el desprendimiento de un cerro provocó un tsunami con olas de hasta 10 metros, que dejó un saldo de 10 personas fallecidas, entre los que se encontraban Miguel Ángel Silva y Víctor Hugo González, ambos guardias de seguridad -de Estero Frío- de la empresa Costa Futuro y que se desempeñaban en AquaChile; Eligio Carimán, trabajador de Pesca Chile - del centro ubicado en Punta Tortuga; y Julio Segundo Tocol, cocinero de Frío Sur -del sector de Punta Camello-. Las empresas salmoneras que reportaron daños en centros de cultivo fueron AquaChile, PescaChile, Salmones Friosur y Salmones Antártica.

Erupción Volcán Chaitén (mayo de 2008)

Luego de siglos sin actividad, el 2 de mayo de 2008 entró en erupción, en la Región de Los Lagos, el volcán Chaitén. Lo anterior provocó la evacuación masiva de los habitantes de la comuna de Chaitén, además de los trabajadores de varios centros de cultivo de salmónidos. Cinco empresas debieron abandonar seis centros de cultivo y millones de peces fueron trasladados debido a la lluvia de cenizas y a la contaminación de la aguas, con material volcánico.

Terremoto en la Región del Bío-Bío y posterior tsunami (febrero de 2010)

Durante la madrugada del 27 de febrero de 2010, el centro-sur de Chile fue azotado por el terremoto más violento desde el año 1960. El sismo de intensidad 8,8 grados Richter afectó a varias regiones del país, y el posterior tsunami provocó numerosas pérdidas humanas y materiales. La industria pesquera de la Región del Bío-Bío sufrió graves daños en su infraestructura, especialmente en plantas, puertos de desembarque y embarcaciones. Fue así como de un total de 32 plantas ubicadas en la región, sólo siete pudieron seguir operando en las semanas posteriores al sismo y a menos de la mitad de su capacidad.

Alerta de tsunami por terremoto en Japón (marzo de 2011)

Aunque no nos afectó directamente, el terremoto 9,0 grados en escala Richter que azotó la zona oriental de Japón, el 11 de marzo de 2011, provocó daños en la industria acuícola nacional. El aumento de las marejadas provocó daños en algunos centros de cultivo de salmones y mitílidos. Entre éstos últimos, se reportaron cortes, hundimientos y desplazamientos de líneas de choritos.   Además, se registraron importantes pérdidas en la industria ostionera del norte de Chile, específicamente en la bahía de Tongoy, Región de Coquimbo.

Erupción Cordón Caulle (junio de 2011)

Millones de salmones de cultivo fueron trasladados en junio de 2011 por efecto de la erupción del Cordón Caulle, que desde el 4 de junio de 2011 afectó el sur de Chile. El proceso eruptivo causó el aumento de temperatura de los ríos de la zona a 45°C, especialmente del río Nilahue. Además, provocó la muerte de más de 4 millones de peces, en  una piscicultura ubicada en los alrededores del complejo volcánico.