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20/10/2017
¿Y después del virus ISA, qué?
El cultivo de salmónidos es por lejos la mayor actividad acuícola en Chile, permitiendo que en 30 años Chile lograra estar entre los mayores productores de la acuicultura mundial.
18/12/2010


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¿Y después del virus ISA, qué?

El cultivo de salmónidos es por lejos la mayor actividad acuícola en Chile, permitiendo que en 30 años Chile lograra estar entre los mayores productores de la acuicultura mundial, llegando a la posición 10, en el año 2006, con una producción total de 83,6 toneladas (Liao 2009), siendo el mayor productor entre los países occidentales. 

         Este formidable crecimiento de la producción de salmónidos, particularmente salmón del Atlántico (Salmo salar), desde sus inicios ha sido acompañado por la aparición de diversas enfermedades de origen bacteriano, virales, parasitarias y fúngicas, así como otras patologías no-infecciosas asociadas a las tecnologías de cultivo. Entre aquellas enfermedades infecciosas con mayor impacto productivo se encuentran Piscirickettsia salmonis, virus de la Necrosis Pancreática Infecciosa, Flavobacterium psychophilum, Renibacterium salmoninarum, Vibrio ordalii, Aeromonas salmonicida atípicas y Caligus rogercresseyi. Sin embargo, dentro de la historia de la salmonicultura chilena se han detectado enfermedades esporádicas que, en algún caso, han logrado frenar el crecimiento productivo como la Estreptococosis (antes Síndrome de las Cocáceas Gram-positivas), causada por Streptococcus phocae; Franciselosis (antes U2), por Francisella sp.; enfermedad del punto blanco (Ichthyophithirius multifiliis) Saprolegniosis y otros hallazgos (Rhodococcus sp., Nucleospora salmonis, amebiosis, entre otros). 

Probablemente, debido a que estas enfermedades pueden ser mitigadas y/o controladas mediante el uso rutinario de antibióticos y/o desinfectantes externos (en ocasiones aplicados con fines preventivos) y, asimismo, el apropiado programa Caligus del Servicio Nacional de Pesca logró, en el último año, controlar el número de parásitos por pez, mientras que los brotes de Piscirickettsiosis (agente etiológico Piscirickettsia salmonis) pueden ser prevenidos, en los primeros meses de engorda, mediante el empleo de vacunas registradas en los peces, las cuales protegen a los salmónidos por un corto período (inferior a 6 meses). Es, hasta julio del 2007, con la identificación del virus de la Anemia Infecciosa del Salmón (ISAV), obtenido a partir de brotes clínicos en salmón del Atlántico (Godoy y col. 2008) cuando la salmonicultura chilena sufre un punto de inflexión que trae como consecuencia la revisión de los protocolos de cultivos y establecer una normativa que permita un cultivo sustentable de los salmónidos, considerando una adecuada concomitancia con el medio ambiente. Sin duda, el impacto de la presencia del virus es evidente y no se puede desconocer la significativa disminución de la producción de salmón del Atlántico, durante el año

2009, produciéndose sólo 458 toneladas, un 30% menos que durante el año 2007 (655 toneladas) (Fig. 2). Esta crisis sanitaria, también produjo despidos en las zonas salmoneras de a lo menos 20.000 puestos de trabajos directos e indirectos a la industria. 

Frente a esta difícil situación, los investigadores de diversas entidades académicas, laboratorios de diagnósticos y farmacéuticos, en colaboración con especialistas extranjeros, investigaron y caracterizaron al virus en un corto periodo, desarrollando, a partir de 2008, distintas vacunas contra el virus. Ni hablar del rápido desarrollo generado para el diagnóstico del ISAV, confirmando la técnica de PCR tiempo real y sondas específicas no sólo para identificar genoma del virus sino también su genotipo (HPR). 

La disponibilidad de las distintas formulaciones inmunológicas y la adopción de un conjunto de medidas, entre las que sobresalen la creación de la agrupación de concesiones (denominados informalmente barrios), descansos obligatorios post-cosecha, densidad máxima de cultivo, exigencias de medida de limpieza y desinfección en toda la cadena de producción, disposición de la mortalidad en sistemas de alta seguridad sanitaria, así como control satelital de embarcaciones prestadoras de servicios y tratamiento de efluentes en los centros de tierra, han provocado un descenso en el número de casos. 

De esta forma, los diagnósticos de ISAV alcanzaron su umbral el año 2008, para posteriormente tener un importante descenso el año 2009. Dicho descenso se vio también asociado a la eliminación de las jaulas positivas o de los centros positivos y a que las empresas salmoneras restringieron o suspendieron las siembras de salmón del Atlántico. En general, hoy en día, los diagnósticos de ISAV corresponden a una cepa no patógena, denominada HPR-0, que, de acuerdo a lo documentado en la literatura, eventualmente puede mutar y convertirse en una cepa virulenta, sin encontrarse claramente identificadas las condiciones que pueden favorecer una mutación. 

Una medida implementada para soslayar el descenso productivo en la existencia de salmón del Atlántico, generada por la mayor susceptibilidad a ISAV y los otros patógenos marinos antes señalados, la industria acuícola se ha re-convertido hacia el cultivo de la trucha arcoíris, observándose, a febrero de este año, un incremento de las exportaciones en un 36% respecto del mismo periodo del año anterior (www.directorioaqua.com). En términos de volumen, la producción llegó a 20.732 toneladas, es decir, un 17% más que las 17715 ton del 2009.

         Hoy en día, existe un común acuerdo que la salmonicultura ha comenzado a recorrer el camino de la recuperación y dependiendo del tipo de entidad (público o privada) hay posturas más o menos optimistas. Esta ?normalización del rubro salmonero? también se ha visto traducida en una disminución, en siete décimas, en la tasa de desocupación en la Región de Aysén, pasando de 7,5%, en el trimestre móvil anterior, a 6,8% en el trimestre móvil junio-agosto del 2010. 

         Por tanto, la pregunta es ¿Y después del virus ISA, qué?, la respuesta es sólo especulativa, aunque por ser Chile un país que sustenta parte de su producción salmonera en la importación de ovas desde países europeos, los riesgos sanitarios a la introducción del virus causante de la Enfermedad del Páncreas (PD) u otros de similares características son inminentes. Sin duda, la modificación D.S. 319.2001 del Reglamento de Medidas de Protección, Control y Erradicación de Enfermedades de Alto Riesgo para Especies Acuícolas son un paso significativo para disminuir el temor del ingreso de patógenos emergentes desde el Hemisferio Norte, pero una normativa no es suficiente si es que dentro de los actores no existe un convencimiento y conciencia en aplicar los procedimientos establecidos. 

         Tal vez es el momento de descubrir el impacto sanitario, ambiental y económico que tienen otras enfermedades como la flavobacteriosis, causada por miembros de la familia Flavobacteriaceae como Flavobacterium psychrophilum, Flavobacterium columnare y otras especies filogenéticamente relacionadas, así como otras enfermedades no tradicionales o ?emergentes? que afectan a los productores de salmón y trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss). Aunque algunas de ellas no alcanzan la trascendencia que la Piscirickettsiosis, el continuo movimiento de peces de una región a otra trae como consecuencia que el microorganismo se disperse rápidamente por el país, provocando un arraigo en la salmonicultura nacional. Además, las pérdidas no sólo se encuentran asociadas directamente a los episodios de mortalidad específica y/o mixta, sino también a los costos generados del tratamiento de los peces infectados y el manejo de la mortalidad. 

         En base a lo anterior, a continuación se profundiza en diversos microorganismos patógenos (tradicionales y emergentes) que han provocado brotes con pérdidas importantes para los productores, enfatizando en aquellas ocurridas en la etapa de agua dulce. ¿Por qué en agua dulce? Esta etapa de cultivo es primordial para estimar el número de peces que podrá ser sembrado a mar. Durante los últimos 2 años, como consecuencia del ISAV, el traslado de los peces a engorda se demoró, existiendo un incremento de salmónidos en el cultivo de agua dulce. Además, la mayor regulación al uso de antibióticos con fines preventivos ha hecho que la situación sanitaria de las pisciculturas de trucha arcoiris y salmón del Atlántico también ha empeorado. A modo de ejemplo, los últimos casos de brotes de la enfermedad de la boca roja o yersinosis en salmón del Atlántico, previamente vacunados contra Yersinia ruckeri, han tenido lugar durante el año 2008. Es interesante señalar que la vacuna frente a yersinosis ha sido de utilidad para mantener el control exitoso de Y. ruckeri. Así, Bastardo y col. (2009) describen que los aislados causantes de los quiebres inmunológicos son cepas de Y. ruckeri biotipo 1, pero la mayoría correspondientes con el serotipo O1b de Romalde y col. (1993). 

         Otro caso más dramático es F. psychrophilum, uno de los principales agentes de mortalidad durante la etapa de agua dulce de salmones y truchas, el cual afecta tanto a las ovas, alevines con saco y de primera alimentación, juveniles e incluso reproductores. En Chile, la presencia del patógeno se reconoce a partir de la década del 90, pero es a partir del 2006 cuando las infecciones provocadas por este patógeno no sólo han recrudecido su prevalencia sino también favorecido la aparición de infecciones mixtas con otras especies pigmentadas fenotípicamente similares como Chryseobacterium piscicola (Ilardi y col. 2009) y Chryseobacterium chaponense (Kampfer y col. 2010) y otras, donde las mortalidades pueden variar entre 5 a 70% en alevines y, dependiendo del área geográfica del centro de cultivo, podría afectarse la disponibilidad de peces para la fase de engorda en mar. Sólo a modo de ejemplo, a mediados del año 2008 los casos de flavobacteriosis se incrementaron significativamente entre un 40 a 90%, después de eventos de precipitaciones, particularmente en salmón del Atlántico (3?5 g). Además, las infecciones se encuentran frecuentemente asociadas con virus de la necrosis pancreática (IPNV), saprolegnia o parásitos como Ichthyophthirius multifilis. 

         Más recientemente, Godoy y col. (2010) describen el primer caso de Aeromonas salmonicida atípica ocurridos en agua dulce en Chile. Los microorganismos fueron obtenidos a partir de cuadros clínicos ulcerativos ocurridos en la superficie externa de ejemplares de salmón del Atlántico cultivados en Osorno y Punta Arenas (Fig. 3). A nivel de órganos internos se evidenció hemorragia en el hígado y, en algunos casos, con presencia de petequias en el mismo órgano. Ocasionalmente, también se detectó hemorragia en el corazón, vejiga natatoria y músculo. Es interesante señalar que usando técnicas de tipificación genética (PCR-tipo) se reconocen 2 grupos genéticos estrechamente asociados al origen geográfico. 

         Dada las altas temperaturas ocurridas en el verano del año 2010, entre diciembre y marzo se registraron masivas mortalidades de salmón del Pacífico o salmón Coho (Oncorhynchus kisutch) y trucha arcoíris cultivadas en el Lago Rupanco. Hemos identificado a Flavobacterium columnare como el agente causal de estas mortalidades, siendo el microorganismo obtenido en cultivo puro, a partir de muestras de branquias y riñón (Fig. 4). Esta bacteria filamentosa causa una característica erosión de color blanca-amarilla en el tegumento de los peces, necrosis severa en branquias y piel. En general, la enfermedad es altamente contagiosa, produciéndose mortalidades dentro de 48 a 72 horas si no existe un tratamiento adecuado, incluso a temperaturas superiores a 25ºC la muerte de los salmónidos ocurre en horas. De hecho, F. columnare es la segunda causa de muerte del bagre de canal o pez gato americano (Ictalurus punctatus) en Estados Unidos (Wagner y col. 2002). Por otro lado, siguiendo el esquema de genotipificación de la especie, los aislados chilenos de F. columnare pertenecen a la Gemovar I (Arias y col. 2004). 

         En Chile existe una vacuna monovalente registrada que contiene antígenos de Flavobacterium columnare y otro producto bivalente que contiene antígenos de F. columnare y Y. ruckeri. Sin embargo, se desconoce su eficacia debido a que erróneamente fue utilizada para proteger a los peces contra F. psychrophilum. Para controlar los brotes de los patógenos anteriormente señalados, los piscicultores emplean como primera medida quimioterápicos como oxitetraciclina, lflumequina y ácido oxolínico, siendo seleccionados especialmente por criterios económicos sobre el florfenicol (INTESAL, 2004). Sin embargo, el uso irracional y rutinario de estos antibióticos, en ocasiones hasta con fines preventivos, puede desencadenar la aparición de una rápida resistencia de los aislados bacterianos, incluso se ha demostrado la resistencia de la bacteria a los anticuerpos presentes en el mucus y sangre de salmónidos (Bruun y col. 2000; Schmidt y col. 2000). 

         Por tanto, considerando el reconocido potencial patogénico de F. psychrophilum, A. salmonicida atípica y F. columnare es importante determinar el riesgo real de estos patógenos para la salmonicultura chilena. Más aún debido a que no existen vacunas comerciales contra la flavobacteriosis y la furunculosis atípica causadas por F. psychrophilum y A. salmonicida atípica, respectivamente; mientras que se requiere validar la eficacia de las vacunas comerciales disponibles contra F. columnare.

Rubén Avendaño-Herrera

Laboratorio de Investigación de Microbiología y Biología Molecular

Departamento de Ciencias Biológicas, Universidad Andrés Bello.

ravendano@unab.cl

 

 



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