Jueves
30/03/2017
La nueva perspectiva de las certificaciones para la salmonicultura
En los últimos dos años se ha ido produciendo una decantación de los sistemas de certificación en acuicultura, prevaleciendo aquellos que tienen demanda de grandes cadenas en los mercados y que cuentan, con un soporte técnico y un nivel de independencia
03/07/2010


216 veces leida   BoletinSuscripción Boletín  Enviar NotaImprimir    



La nueva perspectiva de las certificaciones para la salmonicultura

¿Cómo se origina la necesidad de estos sistemas de certificación en acuicultura?

 

Las críticas de diversos sectores en los mercados de destino de los productos acuícolas, respecto a las prácticas ambientales, sanitarias y sociales de esta industria han hecho que las diversas cadenas de venta traten de asegurar a sus clientes que los productos que ellos venden, son seguros para la salud humana, no son nocivos para el medio ambiente y se producen sin menoscabo social de las personas. Esta no es una situación exclusiva de la industria acuícola, pues ha sido también una tendencia en otras industrias asociadas a la explotación de recursos naturales, renovables y no renovables. 

 

¿Quién certifica?

 

Como resultado de esta exigencia de los consumidores y de las cadenas de venta, estas últimas buscan organismos creíbles y confiables que puedan desarrollar estándares que aseguren a los clientes los atributos que ellos persiguen en los productos y en sus formas de producción. Así, diversas organizaciones, como la WWF, GAA, Global Gap, entre otras, constituyen procesos y equipos de trabajo dirigidos a establecer dichos estándares, los que son validados por todos los grupos involucrados o relacionados con la actividad y por la propia comunidad, en consulta pública. Una vez establecidos los estándares, en los diversos aspectos de interés: ambiental, bienestar animal, social, etc. estos son puestos a disposición de una entidad que administre el proceso de certificación propiamente tal, la cual recurre a su vez a entidades certificadoras que cuentan con equipos de auditores calificados, y que son quienes visiten a las empresas que desean certificarse y ver, contra una lista de chequeo, si son o no elegibles para la certificación o para mantenerla.

 

¿Cuál es la tendencia de estos sistemas?

 

Luego de una multiplicidad de sistemas que llegó a haber, el propio mercado ha ido determinando que sean sólo unos 2 ó 3 los relevantes y que serán los que prevalecerán en los próximos años, en virtud de la calidad y completitud de sus procesos y estándares, y su credibilidad pública. En consecuencia, la Industria acuícola debe estar preparada para esta exigencia, la cual se ha ido concentrando en pocas organizaciones con alto grado de aceptación en los principales mercados. Es posible que algunas de ellas pesen más en unos determinados mercados y las otras en otros, pero no hay duda que ya no serán muchas las que existirán para dar cuenta de la calidad de productos y procesos en los diversos ámbitos señalados.

 

¿Cómo se encuentra la industria del salmón de Chile para enfrentar este proceso?

 

Tomando en cuenta que esta industria estableció su propio sistema de gestión, denominado SIGES, hace ya casi 5 años, ha ganado experiencia y práctica respecto de los temas más sensibles para el mercado así como acerca de los procesos de remediación de las no conformidades. Por otra parte, la crisis reciente del ISA ha causado una elevación de los estándares ambientales y sanitarios, que se traducirá en una menor dificultad para alcanzar los niveles de satisfacción establecidos por los sistemas de certificación de reconocimiento internacional. 

 

Me atrevería a señalar, luego de participar activamente en dos procesos de establecimiento de estándares mundiales, que esta es una oportunidad para la industria salmonera chilena, la cual puede abrirse aprovechar a cabalidad los frutos de sus recientes esfuerzos por mejorar sus prácticas y establecer una regulación exigente que vela de manera mucho más decidida por las variables críticas antes indicadas.

 

La certificación, más que un problema, debería ser una buena oportunidad para la industria salmonera nacional, y otro elemento para asegurar su sustentabilidad y permanencia en el largo plazo.