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24/06/2017
Señales positivas en la industria del Salmón y la responsabilidad que demanda
En consecuencia, la señal a poco más de dos años, es estimulante y con seguridad será la causa de una reactivación del sector que volverá a poner a la industria en franca ruta de recuperación.
25/02/2010


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Señales positivas en la industria del Salmón y la responsabilidad que demanda

Después de poco más de dos años del primer reporte de ISA en salmón del Atlántico en Chile, las medidas adoptadas, tanto por la Autoridad como por la propia industria, comienzan a tener sus frutos, revirtiéndose las tendencias de las tasas de mortalidad, crecimiento, factor de conversión de alimento y productividad por cada smolt sembrado en el mar.

 

Lo cierto es que no debe sorprender el que se esté observando este proceso. A la luz de las medidas adoptadas, similares y en algunos casos más drásticas que en los países que nos precedieron en esta enfermedad, la única duda era cuando podía esperarse este cambio en una tendencia - que ya venía empeorando, aun antes que la aparición del ISA (2004) - pues ello dependería de la oportunidad y la profundidad con que efectivamente se hicieran efectivas las medidas decretadas o acordadas con oportunidad (desde septiembre del 2007).

 

El tiempo que ha tardado en observarse esta modificación no es desalentador, considerando el tamaño de la industria, su alta concentración en algunas zonas y su dispersión geográfica. En consecuencia, la señal a poco más de dos años, es estimulante y con seguridad será la causa de una reactivación del sector que volverá a poner a la industria en franca ruta de recuperación.

 

Sin embargo, hay todavía un camino por recorrer para asentar las bases de una nueva industria, basada en una gestión moderna y alineada con las demandas de la sociedad y los mercados. En efecto, la idea es evitar nuevos impactos de la magnitud del que hemos observado a raíz de la reciente crisis sanitaria/ambiental.

 

Para ello es necesario entender que el problema no fue el Caligus ni el ISA, sino una forma de producción que tocó fondo y que debe abrir paso a nuevas prácticas que privilegien la calidad y el largo plazo, evitando costos tan altos como los que se han pagado.

 

La industria requerirá producir en congruencia con la capacidad de los cuerpos de agua en que se desenvuelve, identificando estos últimos y aplicando indicadores de capacidad de carga que se puedan ir perfeccionando, hasta llegar a modelos confiables. Ciertamente la capacidad de carga del ambiente no solo depende de la producción de salmones, sino también de otros recursos cultivados, descargas de otras industrias en el borde costero, descargad de la actividad agrícola aguas arriba en ríos que descargan al mar, y de servicios públicos, entre otros, que reducen la capacidad de albergar actividades productivas de los cuerpos de agua, y por tanto, habrá que identificar los relevantes en cada caso.

 

Es evidente que el tema de la capacidad de carga está íntimamente ligado a la zonificación del borde costero, que no solo puede entenderse cumplida con la sola designación de barrios para los salmones, sino también tomando en cuenta el impacto de otros actores que requieren ser tenidos en consideración a la hora de esta zonificación. Por tanto, en este campo, si bien hay un primer paso urgente y necesario para zonificar ambientalmente a la salmonicultura, no debe obviarse que cada zona así identificada debe ser sustentable, adoptando las medidas necesarias conforme a su propia realidad, que es la lógica consecuente de identificarlas como zonas ambientales o cuerpos de agua. Enseguida, hay que estimar su capacidad de carga, considerando gradualmente a todos los actores importantes que impactan esta capacidad. Es un proceso que debe ser claramente delineado en los pasos que demanda, sin renunciar a medidas que van siendo mejoradas. Zonas ambientales y capacidad de carga traen como consecuencia la definición de modelos productivos alineados con esta realidad, en términos de concentración y tamaño de centros, densidades, etc., pero sobre bases conocidas y con fundamento científico.

 

Si bien la producción en un marco de equilibrio ambiental es la mejor receta para una producción sin sobresaltos mayores, siempre existirá la posibilidad de ingreso de patógenos a un sistema y su manifestación en enfermedades si se dan condiciones puntuales, logísticas, de stress ambiental u otras. Ante tales circunstancias, el control de la calidad de huevos y otros productos biológicos es esencial y debe descansar en visitas técnicas (y no solo declaraciones) a los centros de origen, como se está haciendo hoy. Junto con ello, debe existir un programa permanente de vigilancia epidemiológica, que pone acento en las amenazas conocidas o probables en las diversas zonas y etapas de producción.

 

Finalmente, otro elemento clave se refiere al desarrollo de vacunas ya la selección genética de líneas de peces resistentes a enfermedades. Ambas en una línea de prevención de enfermedades que evite el tratamiento con niveles de fármacos que no sólo son objetables por su eventual riesgo para la salud humana a través de los productos, lo cual es relativamente bien controlado, sino por su eventual impacto en los propios ambientes donde se aplica afectando la resistencia de los patógenos y amenazando los propios organismos en cultivo y del entorno.

 

A lo anterior, debe sumarse un marco regulatorio que tenga en cuenta estos principios simples, que deberían ser la base de lo que no hay que perder de vista en esta senda de recuperación que muestra sus primeros signos favorables. Esto incluye también el evitar la tentación de compensar con otras especies, lo que se ha perdido con el salmón del Atlántico o cargar zonas a niveles que ya se aplicaron con riesgos nefastos en otras áreas. Los buenos signos deben ser sostenidos y este es un esfuerzo público y privado que requiere la mayor dedicación en el próximo tiempo.

 

 

 

Adolfo Alvial M.

MBA,MSc.LicBio.

www.adolfoalvial.cl

 



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