Jueves
20/07/2017
"Carlos Wurmann, consultor acuícola chileno, y su balance de la acuicultura nacional en los últimos 15 años:"
“Estamos frente a un momento complicado, porque no podemos salir del círculo productivo basado en el salmón y el mejillón”
A propósito de nuestro especial aniversario de 15 años y de su activa participación en el desarrollo de la acuicultura nacional, conversamos con Wurmann, quien nos explicó su balance y las proyecciones futuras de este importante sector.
22/01/2015


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“Estamos frente a un momento complicado, porque no podemos salir del círculo productivo basado en el salmón y el mejillón”

Después estar décadas ligado a la acuicultura chilena, el consultor especializado en cultivos acuáticos, Carlos Wurmann Gotfrit es una de las voces autorizadas para hablar de este sector productivo. Durante años ha asesorado proyectos, participado en congresos y realizado distintos análisis sobre cultivos acuícolas a nivel internacional. De profesión ingeniero civil industrial, actualmente asesora al gobierno regional de Arica y Parinacota en su estrategia acuícola 2015-2024.

A propósito de nuestro especial aniversario de 15 años y de su activa participación en el desarrollo de la acuicultura nacional, conversamos con Wurmann, quien nos explicó su balance y las proyecciones futuras de este importante sector. “Primero que todo, tenemos una industria acuícola muy exitosa, no hay ninguna duda.  Creo que la incorporación del mejillón, del chorito, ha sido una cosa extraordinaria, que nadie podría haber imaginado algunos años atrás, y hoy Chile tiene unos niveles de producción que son asombrosos”, destaca Wurmann a la hora de comenzar la entrevista.  

A su parecer, otra cosa interesante es que la industria del salmón llegó a un sitial del cual no va a salir muy fácil, a no ser que haya mejoras en conceptos de gobernanza y de manejo de la industria.  “La mayor parte de dichos conceptos ya se han conversado.  Yo no sé cuánto de esto está en su lugar o no, pero veo una industria que va a tener que disminuir el ritmo que le conocíamos hace una década para poder ajustarse a su nueva realidad y recuperar los niveles de eficiencia que tenía hace 10 ó 15 años atrás.  Aparentemente hoy Chile tiene un salmón que es, por lo menos, un dólar más caro que antes que empiece la crisis del virus ISA”, hipotetiza . Según Wurmann, lo anterior “nos ha quitado competitividad como país productor y el día de mañana  puede poner en riesgo la capacidad de ir aumentando las cosechas de la forma que deberíamos hacerlo.  Se escucha mucho que Noruega va a tener limitaciones en su producción futura de salmón, y si ese fuera el caso, creo que las posibilidades para el salmón chileno pueden ser muy buenas.  Pero la industria tiene que llegar a otro nivel de manejo, administración y de gestión, especialmente en cuestiones de manejo sanitario.  De cualquier forma, creo que tenemos una industria bastante madura y consciente de lo que está haciendo, con un futuro bastante promisorio”.

Y sobre la diversificación de especies, su diagnóstico es severo. “En el resto de los cultivos, eso sí, me da la impresión que hemos ido para atrás.  Los modelos de gestión que se han empleado, los tamaños de las empresas que se han creado, el producto que se elabora, han dejado muchísimo que desear.  Son los casos de la ostra, las algas, el ostión y el turbot, y en menor escala, para el abalón.  Son especies que no han podido consolidar el crecimiento que deberían haber tenido.  Así, hoy tenemos una industria con cosas positivas y negativas”.

 

-¿A qué cree usted que se debe este poco avance en otras especies distintas a salmón, trucha o chorito?

“Pienso que ha habido una situación de complacencia muy grande, lo que ha evitado que podamos disponer de otras alternativas productivas a estas alturas.  Yo siempre imaginé que el país iba a tener, en este tiempo, por lo menos otras dos o tres especies acuícolas en etapas de producción:  Bacalao de profundidad, la merluza del sur o el erizo, por lo menos esas tres especies y resulta que hoy no las tenemos.  Creo que hemos sido imprevisores, que hemos montado un aparato de investigación y desarrollo que no ha mostrado un real compromiso con la producción, que todavía tiene más centrados sus intereses en la  especulación científica que en los aspectos productivos.  Desde ese punto de vista, yo pienso que hemos tenido una década o quince años casi perdidos, salvo investigación y desarrollo que ha cooperado limitadamente a diversificar o producir cambios productivos sustantivos..  Basta ver que casi no hay acuicultura en la zona centro norte del país, salvo proyectos aislados de seriola u otros de carácter experimental.  La verdad es que así, aún no tenemos una generación de productos de reemplazo para el  salmón o el chorito ni hemos ampliado el marco geográfico de este quehacer.  De hecho, pienso que aunque nos pongamos de cabeza, la puesta en producción de nuevas especies acuícolas, en volúmenes atractivos no va a tomar menos de diez a quince años.  De esta manera, vamos a tener que seguir dependiendo del salmón y  del chorito.  También creo que hay algunos asuntos a los que ni los productores ni el gobierno han sabido prestar una debida atención.  Me refiero, por ejemplo, a lo que está pasando con la acuicultura a océano abierto (‘offshore’), vertiente productiva para la que se están preparando muchos países, especialmente en el Hemisferio Norte, con la que podrían competir con nuestro salmón, en algún momento, en el futuro.  Acá, no sería raro que Estados Unidos comenzara a producir su propio salmón en ambiente oceánico, lo que podría desafiar nuestras exportaciones a ese país.  Igualmente, no sólo hay que ver la diversificación desde el punto de vista de la incorporación de nuevas especies, sino que también desde el potencial de utilización de nuevas tecnologías.  Y la pregunta es si Chile se está preparando para ello.  Mi impresión es que hay una mirada poco previsora respecto de esas nuevas tecnologías y Chile va a reccionar tardíamente , cuando ya se hayan perdido las mejores oportunidades de incorporarse a la acuicultura del futuro”.

 

-¿Cómo califica el futuro de la diversificación acuícola nacional entonces?

“Estamos frente a un momento complicado, porque no podremos superar fácilmente la matriz productiva basada en el salmón y el mejillón, y en un modelo productivo que ya muestra un cierto agotamiento. Así, las tasas de crecimiento de nuestra producción acuícola en el futuro cercano van a ser irremediablemente menores que en el pasado.  En consecuencia, si no queremos dejar de perder cientos o miles de millones de dólares, por no producir más diversificadamente, hay que incorporar nuevos conocimientos tecnológicos, y encauzar la I+D con más fuerza hacia aspectos de interés productivo”.

 

-¿Y cómo cree que se puede avanzar en ese sentido? ¿Con algún programa específico por parte del Estado?

“A mi parecer, no es la empresa privada la que va a innovar, ya que ella innova solamente dentro de su marco de acción tradicional.  Eso es lo que sabe hacer , lo que hace muy bien y lo que va a seguir haciendo.  La preocupación permanente por un mejor uso de los recursos, del trabajo en genética y sobre la incorporación gradual de nuevas tecnologías (nanotecnología,etc.), entre otros aspectos, hablan muy bien de una industria que está muy alerta y muy despierta para tratar de mantener su competitividad en un mundo muy globalizado.  Distinto es lo que pasa en el cultivo de nuevas especies, donde los recursos necesarios son cuantiosos, los riesgos son grandes y los plazos para desarrollar tecnología son extensos, de manera que la industria privada no muestra un particular interés por incursionar en estos temas.  Acá, entonces, en esta etapa ‘pre-competitiva’, es indispensable la intervención del Estado,..  para velar por la posibilidad de seguir generando empleo y riqueza en el país.  Desde mi punto de vista, si queremos una acuicultura que prevalezca a lo largo de las próximas décadas, renovada,  y que se amplíe hacia el norte de Chile, incorporando al pequeño y mediano productor, no me cabe duda que el actor más importante de esa ecuación debe ser el Estado”.

 

-¿Cómo ve el futuro incorporando la acuicultura integrada multitrófica?

“Es muy interesante, y es un asunto del cual se viene hablando hace muchos años.  Sin embargo, me pregunto dónde están los resultados tan espectaculares de la acuicultura multitrófica en el mundo entero.  Hasta la fecha, se ha tratado más  de definiciones que son deseables e interesantes, como puede resultar el uso de los desechos del cultivo del salmón para producir algas, erizos u otras especies, lo que aún no se aplica masiva ni comercialmente en Chile. Tampoco conozco alguna parte del mundo donde haya producciones multitróficas masivas.  Es una dirección hacia la cual hay que caminar, pero no cambiará sustantivamente la acuicultura marina.  Acá,  veo como una alternativa mucho más cercana en la acuiponía, cultivando hortalizas y peces en un mismo sistema”.

 

-¿Qué le parece que se estén ingresando especies de otros países, como el paiche o la tilapia, para su cultivo en el  norte del país?

“Son especies que no tienen grandes posibilidades de expansión en Chile por razones climáticas y por la competencia con países donde existen temperaturas y cuerpos de aguas que prometen producciones masivas.  Lo que se haga con éstas en Chile  será de un alcance limitado.    Por lo tanto, serán actividades de alguna importancia solamente en algunas regiones. Por ejemplo, en Arica se podría dar una producción mayor de tilapia, pero de cifras limitadas, a lo sumo unas 1.500 -2.000 toneladas.  Pero volviendo al tema de la acuiponía, creo que en la zona de Arica, sin lugar a dudas, se va a poder cultivar tilapia y paiche en los reservorios de agua que se utilizan para el crecimiento de hortalizas.  Lo mismo sucederá con peces ornamentales.  La zona de Arica está muy bien dotada para cultivar ese tipo de especies, y esta es una línea que podría promoverse bastante, pero que aún requiere de una mayor atención”.

 

-Volviendo a la salmonicultura, ¿cuáles cree que serán los desafíos que deberá enfrentar dicha industria de cara al futuro, como es el caso de la disponibilidad de harina y aceite de pescado para el alimento de los salmónidos?

“Creo que como todo desafío, cuando la gente los reconoce y los enfrenta, empiezan a aparecer las soluciones.  Hoy mismo se habla del cómo ha bajado sustantivamente el uso de harina de pescado en las dietas para salmones en Noruega, reemplazándose su uso con harinas vegetales, más aditivos con contenido de Omega 3, etc..  Y la verdad de las cosas es que la industria ha respondido a los desafíos de escasez de la harina y del aceite de pescado, cada vez más caros y escasos, utilizando otros insumos.  No me cabe la menor duda que el día de mañana la harina de pescado no será un factor limitante para el crecimiento de la acuicultura”.

 

-Finalmente, ¿cómo ve la acuicultura chilena hacia el futuro, en unos 15 años más? ¿La ve más diversificada?

“Difícil que de aquí al 2030 tengamos una matriz acuícola mucho más diversificada.  Creo que a ese año con suerte tendremos dos especies más en la matriz productiva.  Porque nuevas especies pueden venir muchas, pero generalmente en volúmenes limitados ( 500-1.000 toneladas anuales), de escasa importancia comercial.  Pero especies que vengan a constituirse en un real aporte, creo que pueden ser una o dos, como la merluza, el bacalao de profundidad, el erizo o la seriola.  Ahora, si uno hace una especulación educada de las cifras que están a disposición, Chile debería estar produciendo, en acuicultura, una cifra cercana a los 1,8 a 2,0 millones de toneladas al año 2025, con un valor por 9 mil ó 10 mil millones de dólares.  Son cifras muy significativas como proyección, pero en su mayoría salmón y chorito.  Ojalá me equivoque y la incorporación de nuevas especies a la matriz productiva se concrete antes.  Pero veo que es difícil que antes del año 2025 tengamos, por ejemplo, una producción masiva de merluza o de bacalao.  No lo veo con mucha claridad”.

 

Por Pedro Barra Léniz

Revista Mundo Acuícola

Edición 100

Noviembre-diciembre de 2014

 



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