Jueves
22/06/2017
"Bernabé Santelices, Premio Nacional de Ciencias 2012:"
“Creo que va a venir una crisis de algún tamaño con respecto a cómo distribuimos los espacios cultivables dentro de la franja costera”
En conversación con Mundo Acuícola, el Dr. Santelices contó sus inicios en la investigación, el potencial de las algas para nuestro país y opinó sobre el camino que debe tomar nuestro país para lograr una mayor aplicabilidad de la investigación.
25/03/2013


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“Creo que va a venir una crisis de algún tamaño con respecto a cómo distribuimos los espacios cultivables dentro de la franja costera”

Comenzó a investigar las algas casi por casualidad.  Por un encargo de un profesor, en tercer año de universidad, empezó a indagar en el mundo de estos organismos acuáticos.  “Me interesaron porque  las encontré (las algas) muy extraordinarias, por el asunto de que vivían directamente adheridas a las rocas, sin una raíz.  No tenían un sistema conductor, una raíz que absorbiera nutrientes y lo que normalmente ocurría es que las sustancias que necesitan para vivir entraban y salían del organismo por mecanismos de difusión”.  Así relata sus comienzos en el mundo de las algas el Dr. Bernabé Santelices, Premio Nacional de Ciencias 2012, para muchos, uno de los científicos que más conoce de estos organismos en Chile y con quien tuvimos el privilegio de conversar durante el IV Congreso Nacional de Acuicultura, realizado en el mes de enero en Puerto Montt.

 “Uno también aprende que sus distintos colores, rojas, pardas, verdes, son adaptaciones para la fotosíntesis.  Y en ese tiempo se pensaba que esto les permitía captar distintas longitudes de onda. Entonces, todos esos componentes me atrajeron y me puse a estudiarlas”.  Así fue como hizo una tesis sobre taxonomía y biogeografía de las algas del norte del país.  Luego siguió estudiando las algas de la zona central, para finalmente comenzar estudios en el extranjero.

El profesor Santelices, quien se desempeña como profesor titular de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica de Chile, es reconocido por haber descrito nuevas especies de algas chilenas, a tal punto que tres especies (Gelidium bernabei, Petrohua bernabei y Codium bernabei) han sido nominadas por autores australianos, norteamericanos y chilenos, en reconocimiento a su trabajo.  Además, información biológica obtenida por Santelices y colaboradores, entre 1975 y 1990, permitió el cultivo masivo, en el mar, de algunas especies económicamente importantes como la Gracilaria.  Con logros de tal relevancia, para muchos de los científicos y estudiantes ligados al mundo de las algas, sólo era cosa de tiempo para un reconocimiento a la altura de un Premio Nacional.

-          Chile es uno de los principales productores de algas a nivel mundial. ¿Por qué cree que en el país no hay una cultura del consumo de éstas?

“Porque nuestra cultura gastronómica es europea.  Esta cosa pasa de padre a hijo y son tradiciones familiares.  Y como país tenemos una tradición española.  Tanto ellos, como quienes habitaban Chile no aprendieron a utilizarlas como alimento.  Uno mira los países que usan las algas como alimentos y son todos orientales.  Por lo tanto es un problema que tiene que ver con tradición y cultura”.

-          ¿Cree que esto se puede revertir de alguna manera?

“En la medida en que se vayan incorporando gradualmente las algas a la dieta.  Pero revertir esto y que pasen a jugar un papel destacado, yo no lo creo.  Puede ser como acompañamiento, como ensaladas, pero es muy difícil, porque desde niños tenemos preferencia por las proteínas animales.  Incluso algunos vegetales terrestres no los queremos demasiado.  Como alimento, yo esperaría que pudiésemos cultivar y producir algunas especies de algas para vender a los países que las consumen.  Pero no tengo la expectativa de que las vamos a consumir en un 100% acá”.

-          En la Universidad Católica, que es la institución donde usted trabaja, ¿en qué aspectos están centrando su investigación sobre las algas actualmente?

“Hay gente trabajando en distintas cosas.  Mi interés va por el fenómeno de la formación de quimeras y la estructura genética de las poblaciones que así se arman, porque esencialmente es un problema biológico básico, de poder entender cómo se estructuran estos organismos.  Porque siento que esto es muy interesante.  Es un fenómeno que no conocíamos que existía en las algas y que muestra cómo se organizan éstas y que es distinta a otros organismos.  Yo voy a seguir con eso, además de otros problemas, como los de cuáles especies cultivar.  También hay gente trabajando en otras líneas de investigación, como el efecto de algunos contaminantes, como los metales pesados. U otros científicos que estudian la estructura y las características fenotípicas de las poblaciones de algas, además de un tercer grupo que estudia el manejo y la preservación de las algas como recurso.  Esos son intereses más globales”.

-          Y en relación a su clase magistral, que dictó en la inauguración del Congreso Nacional de Acuicultura, ¿cómo cree que se puede aplicar el quimerismo en el ámbito productivo?

“De partida, si uno quiere asegurarse que la producción va a funcionar y va a haber una buena supervivencia, porque las quimeras muestran unas adaptaciones al ambiente, en algunas especies se sugiere producir organismos coalescentes quiméricos porque tienen mayor supervivencia. O sea, para cuando se cultiven, probablemente se logre un número importante de esporas que puedan crecer juntas y armar una sola unidad.  Además de eso, si uno logra hacer coalescer algas con distintas características, va a obtener un conglomerado con todas esas características.  Y eso puede ser muy importante para el mundo productivo”.

-          Precisamente en el ámbito productivo, ¿cómo cree que las empresas pueden jugar un rol más activo en la generación de conocimiento?

“En eso, mi sensación es que habría que cambiarle el cerebro a los empresarios.  Ellos echan a andar una inversión basada en lo que eso les puede producir.  Y su interés es obtener retorno. Pero no le dan la oportunidad a arriesgar y jugársela en otras variables.  Porque no saben cómo hacerlo, porque no confían en los expertos, porque el negocio no es seguro, porque tal vez no va a producir beneficios, etcétera.  Entonces, yo diría que es un problema de mentalidad y de recursos. Y yo creo que no es sólo de los empresarios chilenos, sino que de muchos países en el mundo.  En muchos lugares se escucha la queja de que no hay suficiente inversión en investigació, ciencia y tecnología. De alguna manera, falta un esquema de inversión que sea como un puente, con el cual se pueda jugar, se pueda arriesgar y juntar empresarios con científicos, sin que necesariamente el empresario pierda, y puedan avanzar en los riesgos que tiene el echar a andar nuevas ideas”.

-          En ese sentido, ¿cree que los consorcios son una buena manera de realizar investigación?

“Yo no he trabajado en consorcios, pero algunas personas me han hablado que ha resultado ser una buena oportunidad.  Otros me han dicho que no ha funcionado mucho.  Y, de hecho, me han contado que ha sido complejo poder entenderse con los empresarios a cargo o que en consorcios proyectados a largo plazo es difícil lograr un compromiso por parte de las empresas.  Como yo no he tenido la experiencia en eso, aunque he escuchado comentarios a favor y en contra, no tengo una visión unánime sobre sus resultados”.

-          Con respecto al Premio Nacional de Ciencias que recibió el año pasado ¿cómo se tomó este galardón?

“Era la segunda vez a la que yo me presentaba, porque uno postula.  Había otros candidatos y uno sabe quiénes están compitiendo.  Y sorpresa no fue.  Hace tiempo había gente que preguntaba por qué no había obtenido el premio.  Es un buen reconocimiento al trabajo que un grupo de gente ha realizado, no sólo yo.  Hay un montón de personas que han trabajado colaborando como equipo, como estudiantes”.

-          ¿Por qué cree  que en Chile hay tanta investigación dispersa y que no tiene aplicaciones a nivel productivo?

“Tanta investigación no hay, de partida, y la poca que hay, casi no se aplica.  Porque están desconectados.  La gente que toma medidas relacionadas con la administración de los recursos no siempre conoce lo que se hizo en un determinado ámbito y, por lo tanto, no toma en cuenta los hallazgos más recientes porque no ha leído los trabajos o porque simplemente no entiende lo que se quiere decir. Y, otras veces, la investigación no es pertinente o aplicable a una norma”.

-          Mirando el futuro de la acuicultura a nivel nacional, ¿en qué aspectos cree que puede influir la investigación en el desarrollo que se logre?

“Tiendo a pensar que, en una situación ideal, debiéramos ser capaces de tener muy claramente definido cuál es el tipo de conocimiento que necesitamos.  No estoy diciendo que se restringa la investigación a sólo eso.  Los investigadores tenemos derecho a hacernos preguntas de cómo empezó esta payasada del quimerismo, sobre el individuo y todo lo demás.  Pero si estamos hablando de las aplicaciones, yo esperaría que haya un feedback desde aquellos que son los usuarios, como las empresas, el Estado y que demanden conocimiento, porque al final eso es lo que mueve todo el sistema.  Que digan no tenemos claro cómo prevenir esta enfermedad, no tenemos claro cómo optimizar la carga de organismos que estamos cultivando en tal parte”.

-          ¿Y por qué no sucede eso?

“Muchas veces, la industria no suelta estas preguntas, porque creen que es darle ventaja competitiva a la de al lado.  Pero eso es lo que debiera alimentar mucha investigación orientada al desarrollo.  Y recién, luego de eso, los científicos y tecnólogos deberían investigar y buscar la forma de hacer una transferencia tecnológica exitosa, eficiente y apropiada.  Pero esto requiere de una constante retroalimentación de todas las partes que funcionan en el sistema.  Y va a tomar tiempo, antes de que esta cosa agarre vuelo.  Uno lo ve en otros países.  Hace dos o tres años hice un estudio sobre la situación de la investigación científica y tecnológica en Latinoamérica.  Y cuando traté de separar cuántos investigadores había en universidades y empresas de Brasil, me dijeron que era muy complicado por el feedback que existe y por cantidad de gente que comparte ambos mundos.  Había personas que trabajaban media jornada en la universidad y media en una empresa y, en el fondo, llevaban las preguntas de la empresa para conversarlas con sus colegas en la universidad.  Había gente que se pasaba seis meses desde la universidad a la industria para resolver sus problemas, para después volver.  Es decir, un ir y venir muy grande, que yo espero que algún día se dé acá, especialmente en la acuicultura, que es un sector muy importante”.

-          ¿Cómo ve la acuicultura chilena en diez años más? ¿La ve más diversificada con todas las iniciativas que hoy existen?

“La veo con complicaciones sobre la superficie posible de cultivar.  Es cuestión de pensar que hay una cantidad de superficie que está siendo usada por salmones y otra por mitílidos.  Si se logra tener éxito en el desarrollo de uno o dos sistemas de cultivo de algas, como el huiro y el luche, habrá una industria grande relacionada con esto.  Entonces, creo que va a venir una crisis de algún tamaño con respecto a cómo distribuimos los espacios cultivables dentro de la franja costera.  Y las zonas manejables comienzan de Puerto Montt al sur.  En el norte hay pocas bahías tranquilas. Más tarde o más temprano, el turismo va a empezar a competir, como ya ocurre en Bahía Inglesa, que es una playa demasiado bonita como para tener sólo cultivos allí.  El turismo también deja una cantidad de recursos económicos importante y desde ese punto de vista son actividades que compiten entre sí.  Entonces veo que además de la diversificación, viene un problema. Y tampoco hay que hacerse muchas ilusiones con la diversificación, porque yo no conozco ningún país donde se cultiven tantas especies de peces o de algas.  Normalmente esto se concentra en, a lo más, diez especies que son las comerciales en mar.  Es posible cultivar otras especies en tierra, pero ya son de muy alto valor y no sé si se pueda justificar el costo de la operación que eso implica.  No veo cultivos hacia el norte, excepto en estas pocas bahías que podrían tener problemas con la actividad turística.  Es deseable que los cultivos se sigan expandiendo, pero no tengo la esperanza de cultivar veinte especies de algas.  Con suerte, estaremos cultivando cuatro o cinco de alto valor”.

-          Y, finalmente, ¿el futuro de Chile y el mundo está en las múltiples aplicaciones posibles de las algas y otros organismos marinos?

“Está en varias cosas.  Depende de qué futuro estamos hablando. Pueden ser cinco, diez años más.  Ayer (inauguración IV Congreso Nacional de Acuicultura) un empresario hablaba que hay que cuadruplicar el número de proteína que hoy se consume.  Se supone que a través de pescado, pero esas proyecciones se han hecho muchas veces y va a haber una cantidad de gente que no puede crecer.  Yo creo que el uso del mar, de forma coherente, coordinada, adecuada, sí puede permitir el desarrollo, no solamente cultivando algas, sino también otros organismos.  Las algas, sin duda, son absolutamente necesarias, no sólo por su capacidad de captar rayos, luz, hacer fotosíntesis y ser la base de todas las cadenas tróficas.  Además, porque hay una diversidad de sustancias donde cada día estamos aprendiendo a usarlas.  Pero el futuro no está sólo en las algas, aunque sin duda, van a ser parte importante”.

Aporte científico

Nacido el 1 de diciembre de 1945, Bernabé Santelices es biólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile de 1966; doctorado en botánica marina de la Universidad de Hawái, en 1975. Desde 1982 se desempeña como profesor titular de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UC. Su obra científica consta de 155 artículos, 114 de ellos publicados en revistas internacionales (ISI) con comité editorial, 19 publicadas como ponencias en congresos internacionales, también con comité editorial, 9 capítulos de libro y 13 artículos originales publicados en revistas científicas locales o sin comité editorial.  También ha sido autor de 4 libros y editor de otros 4.



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